Reseña de Six jours ce printemps-là, de Joachim Lafosse
Joachim Lafosse vuelve a San Sebastián, un festival donde ya ganó la Concha de Plata por Les chevaliers blancs y presentó Un silence hace dos años. Y lo hace con Six jours ce printemps-là, una película que sigue a Sana, una madre en proceso de separación que, tras una serie de imprevistos, decide pasar unas vacaciones que no se puede permitir con sus hijos y su nuevo (y secreto) novio en una casa de lujo en la Riviera Francesa, propiedad de sus todavía suegros y que se encuentra vacía.
La historia es muy pequeña, sin un gran conflicto definido, pero cargada de todos los conflictos que se adivinan fuera de foco: de la separación al abismo económico, de las grietas familiares a las sociales. Un retrato sutil de lo que flota en los márgenes de la vida: la precariedad, el orgullo, las fracturas íntimas, las tensiones de clase, las deudas (y no solo económicas) adquiridas y un racismo estructural que no necesita verbalizarse para que siempre se sienta presente.
Lafosse no juzga a Sana, deja un espacio vacío que cada espectador rellena no solo con lo que pasa en pantalla, sino también con sus propios prejuicios y principios.

La dirección es brillante en su cercanía con los actores; es una película con una gran fisicidad. El guion, escrito junto a Chloé Duponchelle (colaboradora habitual), se apoya en unos desenfoques muy fuertes y poca profundidad de campo -gran trabajo del director de fotografía Jean-François Hensgens-, que marcan desde el principio un enfrentamiento entre los cuerpos y el paisaje físico y social en el que nunca terminan de encajar. El ritmo se mantiene sin necesidad de grandes golpes de efecto, y sobre todo sin alargar la película una vez que ya está todo dicho. Puede dar la impresión de que no llega a arrancar, pero justamente ahí, en esa imposibilidad de arrancar cuando la vida te desborda, en el lastre de las decisiones pasadas que te impide avanzar, está el alma de la película.
El reparto sostiene la película con mucha solidez. Eye Haïdara, en el papel de la madre, aporta vulnerabilidad y fuerza en la misma medida; los hijos están magníficos en su naturalidad; reforzando con presencia y matices un drama que nunca se siente artificial.
Lafosse se dio a conocer con Perder la razón, sin duda su obra más redonda hasta la fecha, aunque después haya tenido una cierta tendencia al efectismo que aquí, por suerte, no aparece. Six jours ce printemps-là es más contenida y más sutil. No es un drama que busque epatar, sino dejar una incomodidad sorda que se queda flotando en el espectador.
