Reseña de Los Tigres, de Alberto Rodríguez
En su última película Alberto Rodríguez se sumerge —literalmente, no lo he podido evitar— en un oficio tan peligroso como fascinante, tan rudo como cinematográfico: el buceo profesional en el puerto de Huelva. Los Tigres, que así se llama la película, se ha presentado en la Sección Oficial de San Sebastián y, como suele ocurrir con Rodríguez, tiene el empaque de cine popular sólido y de buena factura. También las debilidades de un guion que no está a la altura de las imágenes.
En Los Tigres, Antonio de la Torre y Bárbara Lennie interpretan a Antonio y Estrella, dos hermanos buzos de segunda generación que, arrastrados por la precariedad y las malas decisiones, solo encuentran la salida de involucrarse en un negocio de narcotráfico. Él, un hombre brillante bajo el agua pero perdido en la superficie, incapaz de sostener a los suyos ni de sostenerse a sí mismo; ella, con problemas de audución causados por el bucei y que se ha dedicado a estar ahí, primero a disposición del padre, ahora del hermano. Una relación marcada por ese talento frustrado y el sacrificio silencioso, por la dependencia y el desgaste.

Lo mejor de la película está bajo el agua. Cada descenso es una aventura: la luz filtrada, la angustia, la textura del óxido, la diminuta escala humana frente a la inmensidad del mar y los barcos descomunales. El trabajo de Pau Esteve Birba está a la altura de cualquier superproducción de Hollywood, tanto en las inmersiones como en la superficie, donde captura con la misma precisión el ambiente industrial, los muelles, el contraste con las playas. Un mundo de clase obrera, de gente que sobrevive cada día con las cartas que le han tocado.
Por contra, lo peor de Tigres está en su guion. El punto de partida y los protagonistas apuntan a un thriller obrero con nervio, pero la película se diluye en un drama familiar mucho menos potente, y el esqueleto del thriller tiene agujeros tan grandes que por ellos cabría una ballena. Antonio de la Torre y Bárbara Lennie hacen lo que pueden (que no es poco) con unos personajes a los que el guion pone en situaciones que no tienen ni pies ni cabeza. En un momento Antonio dice que solo sabe desenvolverse debajo del agua, y a la película a veces le pasa lo mismo. Que dejen de hablar y se tiren otra vez al agua, por favor.
