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Reseña (o algo parecido) de La Tour de Glace, de Lucile Hadzihalilovic

Érase una vez una mujer con un nombre de difícil pronunciación. Se cuenta que muchos hombres casi se ahogaban al intentar decirlo correctamente, sin darse cuenta de que, en realidad, solo había que pronunciarlo despacio, dejando que las sílabas se deslicen entre la lengua y los dientes: Lucile Hadzihalilovic. Lucile, dejémoslo así para que nadie se atragante, nació en un extraño país conocido como La France, en el que además de ricos quesos, carreras de bicicletas y altas torres de metal, se hacían muchas películas. Todo tipo de películas: comedias sobre familias, dramas muy intensos de gente llorando con muchas lágrimas y, también, otro tipo de cine difícil de encontrar en otros lugares del mundo. Mucha gente lo llamaba “películas raras”, “películas de Festival”, porque en La France había un Festival de Cine enorme, el más grande del mundo, en una ciduad llamada Cannes, donde miles y miles de personas acudían ansiosas a ver esas películas que otros llamaban “raras”.

A Lucile le fascinaban esas películas raras, así que aprendió a hacerlas. Primero rodó una sobre un misterioso internado para niñas, que se llamó Innocence, y gustó tanto en uno de esos Festivales de Cine —no tan grande como el de La France, este estaba en una pequeña ciudad en la que llovía mucho y se llamaba Donostia— que ganó un premio llamado Nuevos Directores. Después hizo otra película rara titulada Evolution, también con niños atrapados en un lugar inexplicable y angustioso. Lo repetiría con Earwig, una historia sobre una niña con dientes de hielo que vivía encerrada. Estas películas solo gustaban a unos pocos, pero en Donostia esos pocos siempre le daban algún premio. Qué suerte tuvo de nacer en La France, porque en otro sitio no le hubieran dejado hacer películas tan raras para tan poca gente.

Un día rodó otra película, La Tour de Glace, que se parecía a un cuento antiguo, mucho más antiguo, titulado La reina de las nieves y escrito por un tal Hans Christian Andersen, del que hablaremos otro día, en otro cuento. La película fue a un Festival más grande que el de Donostia, en una ciudad llamada Berlín, y ¡también ganó un premio! Era algo casi mñagico. Como era habitual en Lucile, la protagonista de esta nueva película era una niña, Jeanne, que huía de un orfanato en las montañas para encontrar refugio en un mundo igualmente extraño: el de un estudio de cine. Ese estudio, como todos los lugares en las películas de Lucile, era mágico y lleno de reglas que trataban de controlar a la protagonista. También, como siempre en su cine, un adulto era a la vez alguien a quien admirar y alguien a quien temer. Esa persona, la Reina de las nieves, estaba interpretada por una actriz maravillosa y magnética, también de La France, llamada Marion Cotillard, que cuando aparecía en pantalla provocaba admiración y miedo, justo lo que sentía Jeanne. En realidad, las películas de Lucile siempre contaban cosas parecidas, pero tan bajito, tan tan en secreto, que a veces la gente no se daba cuenta.

¿Cómo podía ser eso? Porque Lucile había aprendido a hacer películas raras en las que las imágenes eran más importantes que las palabras. Si quería contar lo peligroso que es adorar a alguien y pensar que todo lo que hace es maravilloso, no te lo iba a decir. Prefería mostrar imágenes bellísimas, tan poderosas que casi te hipnotizaban, que te hacían creer que estabas soñando para que luego tú, si querías, investigaras qué significaba ese sueño. Lo hacía sin prisa, sin correr, tomándose su tiempo para ellos. Lucile era de las mejores haciendo eso, que no era nada fácil… aunque a mucha gente no le gustaba y otros sí parecían hipnotizados. O, por lo menos, se dormían viendo sus películas sin entender nada. La Tour de Glace era una de esas películas raras que casi solo se hacían en La France y se veían en Festivales. No a todo el mundo le gustaban, pero quienes sabíamos navegar entre sueños disfrutábamos del ritmo lento, hipnótico y sugerente, de sus imágenes difíciles de olvidar.

Y colorín colorado, este cuento… ¿se ha acabado? Esperemos que no, que en La France se sigan haciendo películas raras y sigan existiendo Festivales que las programen.

The Ice Tower

Media Flipesci:
7.2
Título original:
Director:
Lucile Hadžihalilović
Actores:
Marion Cotillard, Clara Pacini, August Diehl, Gaspar Noé, Marine Gesbert