Guillermo Galoe, cineasta madrileño galardonado con el Premio Goya al Mejor Largometraje Documental en 2017 por Frágil equilibrio —una obra que ofrece una visión original sobre la situación global contemporánea en diálogo con la figura del recientemente fallecido Pepe Mujica—, y con el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en 2024 por Aunque es de noche, debuta en el largometraje de ficción con Ciudad sin sueño. Esta película ha sido distinguida con el Premio SACD al Mejor Guion en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, otorgado por la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos de Francia.
Siguiendo la línea temática de su anterior cortometraje, Galoe regresa a la Cañada Real, el mayor asentamiento chabolista de Europa occidental, situado en las afueras de Madrid. En este enclave, miles de personas —principalmente de etnia gitana e inmigrantes africanos— residen en condiciones de extrema precariedad, sin acceso a servicios básicos como electricidad, agua corriente o gas. Algunas zonas del asentamiento presentan además altos índices de criminalidad asociados al tráfico de drogas.
Ciudad sin sueño parte directamente de Aunque es de noche, reelaborando personajes, modificando situaciones y adoptando nuevos puntos de vista para construir un retrato íntimo, honesto y poético de la vida en la Cañada Real. El filme es fruto de una inmersión de más de una década en la que el director desarrolló talleres de cine con los vecinos y convivió con distintas familias del lugar.

La narrativa sigue a Toni, un adolescente gitano de quince años, interpretado por Antonio Fernández Gabarre, que vive con su familia de chatarreros. La estabilidad de su mundo se ve amenazada cuando reciben una orden de desalojo, se ven obligados a desprenderse de su galga para saldar deudas y, especialmente, cuando descubre que su mejor amigo, Bilal, planea trasladarse con su familia al sur de Francia.
Tradicionalmente, los medios de comunicación han abordado la realidad de la Cañada Real desde una perspectiva centrada en la precariedad, subrayando la falta de electricidad, las extremas temperaturas invernales y estivales, y las barreras en el acceso a la educación o a condiciones mínimas de salubridad. Frente a esta visión, muchas veces miserabilista y condescendiente, Galoe ofrece en Ciudad sin sueño una aproximación distinta: aunque las carencias están presentes, no son el eje narrativo. Las excavadoras derriban construcciones y el fuego proporciona luz y calor durante la noche, pero el drama principal reside en la partida del amigo de Toni, en la pérdida de su perra o en la amenaza de ser desplazado a un piso precario ofrecido por las autoridades. Se trata, en definitiva, de una historia sobre la pérdida de lo que se tiene, más que sobre la ausencia de lo que nunca se ha poseído.

La mirada de Galoe es sensible y humanista. Se sitúa al mismo nivel que sus personajes, evitando actitudes paternalistas o moralizantes. Con autenticidad y respeto, el director retrata la vida cotidiana de la comunidad, sus valores, su identidad, su sentido de pertenencia y su solidaridad, sin emitir juicios ni comparaciones.
El film combina elementos de ficción con un enfoque documental, utilizando un reparto compuesto por actores no profesionales residentes en la propia Cañada Real. La dirección de fotografía, a cargo de Rui Poças, contribuye de manera decisiva al carácter estético de la obra, captando imágenes de gran belleza en un entorno marcadamente adverso, sin caer en el esteticismo. Poças alterna hábilmente el tono naturalista con momentos de lirismo, como en las secuencias en las que se emplean los filtros supuestamente aplicados por la cámara del teléfono móvil de Bilal, alterando los colores del entorno y aportando un matiz onírico a la realidad.
