5.5

Visto lo visto, el mundo probablemente no necesitaba una nueva adaptación de Frankenstein o el moderno Prometeo, la inmortal novela de Mary Shelley. O al menos no esta. Porque si algo ha demostrado Guillermo del Toro a lo largo de su carrera es su capacidad para dotar de alma y emoción a criaturas marginadas, monstruos incomprendidos y seres hechos de dolor. Por eso sorprende tanto que esta versión, realizada bajo el amparo de Netflix con un despliegue de medios colosal y un equipo técnico y artístico de primer nivel, resulte tan fría, ruidosa y emocionalmente vacía. La suma de nombres impresiona: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz y Charles Dance en el reparto; Alexandre Desplat en la música; Dan Laustsen en la fotografía; Tamara Deverell en la dirección de arte y Kate Hawley en el diseño de vestuario. Todos ellos han ofrecido trabajos memorables en anteriores colaboraciones con del Toro, pero aquí parecen operar en piloto automático, como si el engranaje visual funcionara por inercia más que por inspiración. Incluso el equipo de efectos especiales parece haber tenido un día gris en la incorporación digital de los animales salvajes en la imagen.

Del Toro, uno de los autores más reconocibles del cine contemporáneo, ha sido celebrado por su habilidad para fusionar lo fantástico con lo profundamente humano. Desde Cronos (1993) y El espinazo del diablo (2001) hasta El laberinto del fauno (2006) o La forma del agua (2017), con la que ganó el León de Oro en Venecia y el Oscar a mejor película y mejor dirección, su cine ha tejido relatos melancólicos y visualmente deslumbrantes donde conviven la guerra, la muerte, la infancia y el deseo de redención. Su Pinocho para Netflix (2022) fue un regreso brillante al cuento clásico, en el que supo imprimir una mirada personal, delicada y dolorosa. Pero en este Frankenstein, lo que debería ser una historia íntima y trágica sobre la creación y el rechazo, sobre la soledad y la búsqueda de identidad, queda diluido en una puesta en escena grandilocuente que privilegia la estética sobre la emoción.

La historia es, esencialmente, la de siempre. Victor Frankenstein, un joven científico brillante pero atormentado, logra crear vida a partir de la muerte, ensamblando un cuerpo humano con restos de cadáveres. Pero al contemplar a su criatura, la rechaza con horror, condenándola a una existencia marcada por el abandono, el dolor y la sed de venganza. La novela de Shelley no es una obra de terror en sentido estricto, sino una profunda reflexión sobre la ética científica, la ambición desmedida y el rechazo de lo diferente. Del Toro, sin embargo, parece más interesado en recubrir el relato con capas de barroquismo visual que en indagar en su dimensión filosófica o afectiva. La criatura —interpretada por un convincente Jacob Elordi— remite visualmente a los ingenieros de Prometheus, con una fisicidad imponente, casi alienígena, que de primeras genera más distancia que empatía y que solo en su parte final consigue transmitir su vulnerabilidad y su humanidad.

El guion estructura la película en tres actos claramente diferenciados: un prólogo ártico con una expedición polar danesa que se topa con el doctor Frankenstein (un Oscar Isaac desdibujado); un largo flashback sobre la vida del científico, desde su infancia hasta la creación del monstruo; y una tercera parte centrada en la evolución de la criatura, su despertar emocional y su búsqueda de sentido en un mundo que lo repudia. Es en este último tramo donde la película empieza, por fin, a encontrar la emoción. Elordi aporta una vulnerabilidad creíble, y algunas secuencias logran transmitir la tragedia de un ser nacido para ser odiado. Pero el despertar de la película llega demasiado tarde, cuando el espectador ya ha cruzado una hora y media de frialdad y exceso vacuo.

En definitiva, Frankenstein de Guillermo del Toro es una superproducción ambiciosa, visualmente cuidada pero emocionalmente hueca. Una adaptación que tenía todos los ingredientes para ser una gran película —historia universal, talento creativo, presupuesto generoso— pero que carece del alma que ha definido habitualmente el cine del mexicano. Donde antes había sensibilidad, lirismo y monstruos con corazón, aquí hay una maquinaria bien engrasada, pero sin vida.

Frankenstein

Media Flipesci:
5.9
Título original:
Director:
Guillermo del Toro
Actores:
Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Felix Kammerer
Fecha de estreno:
24/10/2025