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The Fence, la nueva película de Claire Denis, no esconde su origen teatral. La cineasta francesa adapta, junto a Suzanne Lindon y Andrew Litvack, la obra Combat de nègre et de chiens (Combate de negro y de perros) del dramaturgo francés Bernard-Marie Koltès. La película conserva la unidad de lugar y tiempo, el peso absoluto de la palabra, los monólogos, las tensiones en el diálogo característicos de las obras teatrales. Pero Denis no se limita a filmar teatro: su puesta en escena, su planificación precisa y su uso del montaje reivindican con claridad el lenguaje cinematográfico y conciben imágenes y situaciones sugerentes, como la de los blancos encerrados vigilados por guardianes negros, y de gran potencia simbólica, como la dignidad del hombre negro frente a la inseguridad, irresponsabilidad y falta de principios y valores del hombre blanco conquistador con sus problemas del primer mundo.

La historia se sitúa en África Occidental, en una zona de obras cercada por una doble valla, donde trabajan Horn (Matt Dillon), jefe de obra endurecido por los años, y Cal (Tom Blyth), un joven ingeniero. Son los dos únicos blancos en el lugar. La llegada de Léonie (Mia McKenna-Bruce), esposa de Horn, coincide con la aparición de Alboury (Isaach De Bankolé), un hombre que reclama el cuerpo de su hermano, muerto en la obra ese mismo día. Como una figura fantasmal que se desliza entre los silencios de la noche, varias veces sus coprotagonistas desde el otro lado de la valla dicen que apenas pueden verlo, Alboury presiona a los tres personajes con una presencia que nunca es violenta, pero sí implacable y autoritaria. La tensión se eleva entre ambos lados de la valla que da título a la película en inglés.

Temáticamente, The Fence encaja de forma natural en la filmografía de Denis. El colonialismo –ahora en versión corporativa– reaparece como núcleo de conflicto. Ya no hay plantaciones ni soldados, sino contratos de obra, maquinaria pesada y cadáveres olvidados. Denis desplaza su mirada del pasado histórico al presente extractivista y puramente comercial. Sin embargo, lo que más sorprende en esta película es su renuncia parcial a uno de los pilares de su cine: la fisicidad. A diferencia de obras como Beau Travail o Problema cada día, aquí los cuerpos apenas se tocan; todo se transmite por la palabra, el ritmo de las voces, la elección del silencio. Confirma a una Claire Denis que, como en Un sol interior (2017) o en High Life (2018), busca nuevos caminos para su cine y huye de etiquetas y de las características de su cine que tanto éxito le dieron.

Dillon aporta gravedad al autoritario Horn; Blyth transmite inquietud, deseo latente y vulnerabilidad; McKenna-Bruce evoluciona de una aparente candidez a una desconfianza progresiva. Pero es Isaach De Bankolé quien domina la pantalla: su mirada, su voz, su sola presencia llenan cada plano. Interpreta a Alboury con una dignidad feroz, sin concesiones ni sentimentalismo, convertido en el símbolo de los explotados.

La fotografía de Éric Gautier también aporta tensión: mientras los diálogos están rodados en planos cerrados e intensos, los planos abiertos del paisaje recuerdan constantemente lo que está en juego. Belleza, tierra, recursos. Pero los personajes están atrapados tras vallas, en todos los sentidos posibles.The Fence confirma a una Claire Denis que se atreve a reinventarse sin traicionarse. Vuelve a la África de Chocolat y White Material, pero desde una nueva clave. Es una obra áspera, tensa y profundamente política, que transforma el texto teatral en un producto cinematográfico con personalidad propia. No se lo pone fácil al espectador pero es un cine que observa con lucidez los mecanismos contemporáneos del colonialismo comercial.

The Fence

Media Flipesci:
5.7
Título original:
Director:
Claire Denis
Actores:
Matt Dillon, Tom Blyth, Isaach de Bankolé, Mia McKenna-Bruce, Brian Begnan