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Reseña de Belén, de Dolores Fonzi

Belén es el pseudónimo de una mujer que en 2014 fue detenida en Tucumán, Argentina, tras sufrir un aborto espontáneo y condenada a ocho años de prisión por aborto ilegal y homicidio. Estuvo más de dos años en la cárcel provocando la presión del movimiento feminista, para liberarla. Su caso se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos reproductivos en Argentina. La película de Dolores Fonzi reconstruye esa historia desde la perspectiva de la protagonista y de las abogadas que la defendieron, entre la crudeza carcelaria y la batalla judicial.

Que sí, que todos apoyamos y admiramos a las mujeres que formaron parte de la Marea Verde argentina, que estamos de acuerdo en que las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos. También estamos horrorizados por lo que está haciendo Milei desmontando instituciones y fomentando la desigualdad. Y por supuesto, creemos que el mundo de la cultura debe apoyar la producción cultural argentina y que desde el Zinemaldia —que presume de ser la puerta de entrada del cine sudamericano a Europa— hay que dar espacio a una cinematografía que ha dado tan buenas películas en las últimas décadas y que hoy vive tiempos inciertos. Del mismo modo, nadie pone en duda que Dolores Fonzi es uno de los nombres más reconocibles del cine argentino desde su aparición en La Patota y Truman, y que su incipiente carrera como directora arrancó con buenas críticas (aunque no en esta página) con Blondie. Todo eso lo entendemos. Pero Belén no tiene nivel para estar a concurso en una Sección Oficial que debería ser el corazón del Zinemaldia.

La película lo fía todo a su mensaje y a unas actuaciones intensas. El mensaje es rotundo, loable y necesario hoy más que nunca. Y como ésa es su apuesta, no duda en subrayarlo una y otra vez de la manera más obvia posible. ¿Matices? ¿Grises? Ni rastro. Que la abogada es cristiana y necesita el apoyo de Jesucristo: hagamos una escena en la que el propio Jesucristo la acoja entre sus brazos. Que hay que retratar la dejadez de otras abogadas: volvamos caricaturesca a una de ellas. Lo mismo con la maldad de los jueces o la burocracia kafkiana. Nada importa demasiado mientras quede claro que es “basado en hechos reales” y lo que cuenta es el mensaje. De hecho, ni siquiera importa Belén, lo que importa es la lucha y vamos a centrarnos en ella aún a riesgo de olvidarnos que por quien luchamos.

La dirección gusta del plano de seguimiento sin cortes para crear tensión, y eso funciona en algunos momentos, pero poco más hay que destacar en una puesta en escena sin verdadera visión cinematográfica. Hay espacios que son símbolos como la cárcel, la corte de justicia, o el hogar y que por eso son el objetivo de las marchas o de las agresiones; pero en esta película se quedan en meras localizaciones porque Fonzi no está para sutilezas o mensajes con la cámara: lo importante es remarcar, una y otra vez, que esta es una historia real y que el mensaje debe llegar. Y si hay que subrayarlo, que sea doble subrayado y con rotulador gordo.El Festival de Cannes premió este año Un simple accidente de Panahi. Una película con un mensaje poderoso, valiente y, además, cine en estado puro. Y eso es lo esencial en un Festival de Cine: que haya cine. Si lo que se quiere es apoyar a la directora, al mensaje o a la industria argentina, hay secciones y pases no competitivos para ello. La Sección Oficial a concurso debería ser otra cosa. No solo un alegato final poderoso con el que, por supuesto, estamos de acuerdo.

Belén

Media Flipesci:
5
Título original:
Director:
Dolores Fonzi
Actores:
Dolores Fonzi, Camila Plaate, Laura Paredes, Julieta Cardinali, Luis Machín