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Con La virgen de Agosto, Jonás Trueba continúa una evolución coherente que viene bastante encaminada desde Los exiliados románticos. Un cine naturalista aunque con personajes que no son demasiado cotidianos. Cine tranquilo, dialogado, con la filosofía y el arte flotando en el ambiente. Cine de jóvenes perdidos, inmaduros. Una evolución que va limando aristas y centrando más el tiro. Un proceso en el que hay mucho de “rohmerización”. Se parece cada vez más a Rohmer, en esta última película ya es más obvio que en ninguna otra. E incluso sus autores aceptan que revisaron El rayo verde, película con la que esta virgen madrileña, también perdida en sus vacaciones, tiene muchas similitudes. Los diálogos, la ausencia de trama, el diario, el costumbrismo, la imagen campestre. El estilo es inconfundible. Un Rohmer verbenero.

En esta ocasión, Trueba ha escrito el guión con Itsaso Arana, también protagonista de la película, y actual pareja del director. Perdón por esta última concesión al rosa, pero creo que no es una cuestión trivial y que la forma en que abordan ciertos temas se entiende mejor desde la intimidad de la pareja de guionistas. La película habla, como las anteriores, de la vida, de las relaciones -tanto amorosas como de amistad- pero esta vez hay una mirada más femenina en temas como el embarazo o la regla. La vida de esta mujer perdida en los treinta. Sus miedos, sus frustraciones, sus bloqueos, su inmadurez.

Trueba y Arana no juzgan a sus personajes. Pintan un retrato suficientemente realista y detallado como para que el espectador sea el que se forme su propia opinión. No todos opinamos igual de las personas ni valoramos de la misma manera sus actos; no tiene por qué ser así con los personajes de ficción. Un buen ejemplo de ello es la secuencia con la amiga que es madre. Ambas se achacan cosas y ofrecen sus razones. Será el espectador el que decida lo que piensa de ellas. La película no muestra directamente el interior de los personajes sino que los descubre por su comportamiento.

Trueba no lleva a sus actores a una interpretación excesivamente dramática. Puede situarlos al borde de un puente de suicidas, o atrapados en la soledad de una casa ajena, pero se mantienen en una actuación contenida, moderada. El clima que se percibe -real o no- es el de un rodaje tranquilo, con unos actores relajados, cómodos. Igual que cuando en Ocean’s Eleven sientes que los actores se lo están pasando bien y por ello la película se vuelve más lúdica; en esta película, la comodidad aparente de los actores nos lleva a un ambiente relajado de agosto, de vacaciones. Incluso con las frustraciones de la protagonista, el tono es agradable. Drama chill. Cuando los dos protagonistas salen del bar ya casi al amanecer, y están borrachos, es difícil saber si la torpeza y los errores son de los actores o de los personajes; si las risas tontas son forzadas o surgen de un tropiezo. Todo esto tiene su parte buena y su parte mala. Por un lado, transmite muy bien el tono; por otro lado, es inevitable recordar que estás viendo una ficción. Creo que es importante que Trueba haya trabajado también con alumnos de una forma natural, generando situaciones, en el proyecto Quién lo impide. No estoy diciendo que este sea el modo de trabajo en esta película sino que esa forma de trabajar ha podido resultar un útil aprendizaje. En cualquier caso, es algo que ya se percibía en trabajos anteriores.

El estilo audiovisual también es naturalista. Aunque hay imágenes sugerentes e incluso estilizadas, como el baño en el río, siempre está dentro de cánones realistas. Aquí también Trueba consigue crear un ritmo sosegado, de vacaciones de agosto. Montaje reposado, colores moderados, movimientos suaves. Pero nunca por encima del retrato real. Por ejemplo, en varias ocasiones los personajes tienen que hablar a gritos y está muy conseguido el ruido de ambiente que aplasta su diálogo. Esto es algo difícil que normalmente se suele falsear. Resulta más desagradable pero el efecto es real. Tampoco le importa ser molesto con el montaje, cuando en la secuencia en la que el dueño de la casa se la enseña, se salta los ejes de forma continuada. Quizá un capricho autoral de un admirador de la nouvelle vague. Quizá un recurso dramático: en ese momento, mientras el dueño de la casa habla de filosofía, la protagonista está completamente desconectada. En otro plano. La disrupción del salto de ejes parece llevarles a dos mundos distintos.

Entrevista a Jonás Trueba: qué es ‘Quién lo impide’

03/10/2018 - Iñaki Ortiz Gascón

¿La última película de Jonás Trueba? ¿Un taller? ¿Un concierto de Rafa Berrio? ¿Qué es eso que va a durar todo el día del sábado en Tabakalera? Que se puede ver del derecho o del revés, que se llama como una canción de Rafa Berrio. Lo mejor es hablar directamente con Jonás Trueba, el creador […] Leer más

La virgen de agosto

Media Flipesci:
7
Título original:
Director:
Jonás Trueba
Actores:
Vito Sanz, Itsaso Arana, Joe Manjón, Isabelle Stoffel, Mikele Urroz, Luis Alberto Heras, María Herrador
Fecha de estreno:
15/08/2019