Películas del Festival de San Sebastián que ya hemos visto
En El Contraplano viajamos a más Festivales de Cine o, simplemente, cruzamos la frontera para seguir la cartelera francesa. Por eso, cuando llega el Zinemalida ya hemos visto muchas películas de las que se proyectarán estos días. Aquí os dejamos un pequeño resumen de ellas y los enlaces a las críticas.
Recomendaciones para el Zinemaldia 2025
09/09/2025 - Ricardo FernándezEl Contraplano selecciona 30 películas para ver en el 73 Zinemaldia Leer más
Nouvelle vague de Richard Linklater [Perlak]
La Nouvelle Vague fue una explosión, no solo un movimiento: cientos de cineastas franceses dinamitaron las formas clásicas y enseñaron al mundo que el cine podía ser otra cosa. De esa onda expansiva nacieron el Nuevo Hollywood, Dogma 95 y buena parte del cine contemporáneo. Linklater, que lleva toda su filmografía obsesionado con el tiempo —cómo nos cambia, cómo envejecemos, cómo recordamos—, se acerca aquí a algo que permanece: el legado.
En Nouvelle vague recrea el rodaje de À bout de souffle, la película que convirtió a Godard en mito y al cine en otra cosa. Su propuesta funciona sobre todo como homenaje, con una recreación de época detalladísima y un reparto en estado de gracia, encabezado por Guillaume Marbeck como un Godard magnético tras las gafas oscuras. Linklater filma con afecto, rinde tributo a toda una constelación de nombres que aquí aparecen desfilando ante la cámara como en un álbum de familia.
Aunque poco rompedora para retratar un movimiento que sí lo fue, el resultado es encantador, ágil y accesible, una carta de amor a la generación que marcó para siempre la manera en que Linklater —y muchos de los que vinimos después— miramos el cine.
- Recomendado para quien quiera una aproximación ligera a un momento fascinante y también para quien disfrute de los guiños y homenajes cinéfilos.
Sentimental value de Joachim Trier [Perlak]
En Sentimental value, Joachim Trier regresa a sus obsesiones de siempre —la familia, la culpa, la imposibilidad de conectar del todo— y lo hace con un juego metanarrativo: un director (Stellan Skarsgård) escribe un guion para tender un puente con su hija Nora (Renate Reinsve), aunque lo que logra es reabrir heridas. En Trier las palabras siempre importan menos que los silencios, y aquí los rencores pesan más que cualquier intento de redención.
Renate Reinsve vuelve a estar espléndida, frágil y distante a la vez, mientras Skarsgård evita el cliché de artista egocéntrico con un trabajo lleno de matices. Trier filma con la elegancia habitual, entre la fotografía preciosista de Kasper Tuxen y la música melancólica de Hania Rani, aunque a veces parece más pendiente de la forma que del fondo. Todo es impecable, quizá demasiado calculado. Aun así, la película consigue hablar del perdón y de los límites del arte como vía de sanación con mucha profundidad. No es lo mejor ni lo más sutil de Trier, pero confirma que sigue siendo un cineasta con voz propia, incapaz de filmar sin que duela un poco.
- Recomendado para lo amantes del drama nórdico y fans de Renate Reinsve y/o Stellan Skarsgård.
El agente secreto de Kleber Mendonça Filho [Perlak]
Kleber Mendonça Filho lleva años filmando a Brasil como un país lleno de cicatrices: desde Sonidos de barrio hasta Aquarius o Bacurau, pasando por Retratos fantasmas, siempre entre el archivo, la memoria y las salas de cine como refugio. En El agente secreto retoma esas obsesiones, pero disfrazadas de thriller político con espías, cadáveres abandonados en gasolineras y alias inventados en oficinas de Recife. Una película con conspiraciones, identidades prestadas, comunidades clandestinas que acogen a quienes no encajan, y la sombra de una madre cuyo pasado remueve más que cualquier investigación.
Maria Fernanda Cândido brilla, Wagner Moura se confirma como uno de los grandes actores latinoamericanos y la película se convierte en una espiral de paranoia y memoria histórica. El agente secreto no es solo un thriller elegante: es una película sobre cicatrices, las de un país y las del propio Mendonça Filho, que sigue filmando para entender un pasado que nunca acaba de irse.
- Recomendado para aficionados al thriller político.
Ástin sem eftir er de Hlynur Pálmason [Perlak]
Hlynur Pálmason sigue creciendo: de Winter brothers a A white, white day y la imponente Godland, su cine ha pasado de la épica al susurro. Ástin sem eftir er es una película más íntima, más contenida, pero tan llena de hallazgos que se queda dentro mucho tiempo.
El planteamiento es mínimo: una pareja separada y tres hijos en común, seguidos durante un año. No hay gritos ni reproches, solo la observación paciente de Anna (Saga Garðarsdóttir), artista que trabaja con el tiempo, y Magnus (Sverrir Gudnason), perdido como quien ha olvidado las instrucciones de la vida. Los hijos son los del propio Pálmason, que además firma la fotografía y convierte la costa este de Islandia en un personaje más, entre lo brutal y lo sereno.
Es una película doméstica: un álbum familiar en movimiento donde cada escena es una viñeta cargada de humor, vacío o simbolismo. Una grúa que arranca un tejado dice más que mil discusiones; un pollo de serie B aparece en mitad del drama; el óxido mancha los lienzos como el tiempo mancha las relaciones. Y, mientras tanto, los niños crecen sin hacer ruido, hasta ser otros cuando acaba el invierno. Cine grande que se disfraza de pequeño.
- Recomendado para quienes disfrutan de las películas que parecen sencillas, pero esconden mucho encanto.
It was just an accident de Jafar Panahi [Perlak]
Después de quince años de prohibiciones, arrestos y películas rodadas en casas, taxis o escondidas en un USB dentro de un pastel, Panahi pudo volver en persona, y lo hizo con una película que importa tanto por lo que cuenta como por lo que significa: la persistencia de un cineasta al que su gobierno le dijo que no podía filmar. Pero el valor de esta película no es solo su mensaje, también sus méritos cinematográficos. Las últimas películas de Panahi eran bienintencionadas, pero algo justas en lo formal; esta no.
La premisa es brutal en su sencillez: Vahid reconoce, por el chirrido de una prótesis, a su torturador en prisión. Lo secuestra y lo encierra en una furgoneta con otras víctimas. Ahí, entre discusiones y silencios, se decide qué hacer. No hay persecuciones ni explosiones, pero sí un thriller moral de altísima tensión, sostenido por una puesta en escena más cuidada de lo habitual en Panahi y por la fotografía de Amin Jafari, que devuelve cierta linealidad a su narrativa sin restarle hondura. No hay juegos metacinematográficos ni autorreferenciales. Hay urgencia. Hay un grito. El daño no prescribe, la justicia no siempre llega y la memoria pesa más que cualquier sentencia. En medio de esa rabia, asoma incluso un humor negro, muy negro, que no rebaja la gravedad sino que la afila.
- Recomendada para amantes de cine con denuncia social que va más allá del panfleto.
Orwell: 2+2=5 de Raoul Peck [Perlak]
Raoul Peck siempre ha filmado el presente a través de las cicatrices del pasado. Con I am not your negro o El joven Karl Marx ya mostró cómo las ideas sobreviven a sus autores, y ahora toma a George Orwell como brújula para recordarnos algo incómodo: que llevamos décadas avisados y aun así seguimos cayendo en lo mismo.
El documental combina biografía y reflexión, con archivos, cartas, ensayos y novelas de Orwell narrados por la voz grave de Damian Lewis. Peck repasa los momentos clave de la vida del escritor poniéndolos en paralelo con el presente.
No hay giros ni revelaciones inesperadas. Lo que golpea es constatar que el doblepensamiento, la neolengua o la vigilancia masiva ya no suenan a advertencias distópicas, sino a diagnósticos. Peck lo expone con claridad quirúrgica, y el efecto es demoledor: uno sale con la amarga sensación de derrota, como si la batalla ya estuviera perdida y lo único que quedara fuera preguntarse cuánto más vamos a seguir aceptando la erosión lenta y constante de la verdad.
- Recomendada para la gente preocupada por el devenir del mundo.
A private life de Rebecca Zlotowski [Perlak]
Rebecca Zlotowski convence a Jodie Foster para rodar en francés y la coloca en el centro de una mezcla curiosa: misterio criminal, comedia de costumbres y thriller psicológico con toques de hipnosis y vidas pasadas. La intriga importa menos que el viaje de su protagonista, una psiquiatra que investiga la muerte de una paciente y, de paso, se reencuentra con sus propias heridas.
El guion abusa de giros fáciles, pero la película se sostiene gracias a Foster, intensa y vulnerable, aunque también capaz de reírse de sí misma en escenas que rozan lo absurdo. Su química con Daniel Auteuil y Vincent Lacoste da chispa a un relato que se mueve entre lo elegante y lo camp.
El misterio se resuelve de manera algo menor, pero A private life funciona como lo que es: una película sofisticada, juguetona y con una actriz enorme pasándoselo bien.
- Recomendada para fans de Jodie Foster y amantes de las comedias de enredo con aroma francés.
La misteriosa mirada del flamenco de Diego Céspedes [Horizontes Latinos]
Tras pasar por Ikusmira Berriak, Diego Céspedes debuta con una película que no se parece a casi nada: un western queer en un pueblo polvoriento del norte de Chile en los años 80, donde travestis bailan y se maquillan en un saloon mientras los hombres del pueblo los observan con miedo y deseo. Una niña, Lidia, mira en silencio, tratando de entender si de verdad el amor puede matar.
El contexto es el del SIDA y el estigma que lo rodeó, contado desde la alegoría y la mirada poética: aquí la enfermedad se transmite por la mirada, por el gesto invisible de enamorarse de otro hombre. Lo que para unos es refugio, para otros es amenaza, y la caza comienza. La atmósfera hipnótica convierte polvo y desierto en belleza y miedo a la vez. Una película que no es para todos los públicos y que bien podría haber estado en Zabaltegi. Céspedes ha hecho una película sin miedo a no gustar a todos y se nota la autenticidad.
- Recomendado para cinéfilos y cinéfilas que buscan películas arriesgadas fuera de lo convencional.
Un poeta de Simón Mesa Soto [Horizontes Latinos]
La historia nace de una duda del director Simón Mesa Soto: ¿qué pasaría si fracasara como cineasta? Así nace el personaje de Óscar, un poeta cincuentón que vive con su madre, bebe demasiado y se cree predestinado a la gloria literaria aunque la realidad le pase por encima.
Un día conoce a Yurlady, adolescente con un talento natural para la poesía y ninguna posibilidad de perder el tiempo en vanidades. Óscar ve en ella una tabla de salvación, pero lo que sale de ahí no es un drama edificante, sino una tragicomedia llena de ironía y ternura. Mesa Soto juega con los tonos —absurdo, drama, comedia negra— y logra mantener al espectador descolocado y atento. Rodada con actores en su mayoría no profesionales, la película habla de talento y precariedad, de ego disfrazado de vocación, de clases sociales y de artistas que dicen lo que toca en vez de lo que sienten. Una película modesta pero también lúcida y tierna.
- Recomendado para quienes disfruten del humor desde el patetismo.
Die, my love de Lynne Ramsay [Proyección Premio Donostia]
Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin, En realidad nunca estuviste aquí) nunca ha sido directora de medias tintas y aquí vuelve a demostrarlo. Die my love es una adaptación de la novela homónima de Ariana Harwicz y sigue a Grace (Jennifer Lawrence), una mujer más allá del colapso tras ser madre, atrapada en una espiral de locura y agotamiento que Ramsay convierte en experiencia física, casi animal. Lawrence se entrega a un papel salvaje y doloroso, hasta el punto de devorar la película: la cámara no se separa de ella y ella no se guarda nada.
Robert Pattinson cumple como marido ausente, Sissy Spacek brilla en pocas escenas, pero todo gira en torno a Lawrence, a su cuerpo convertido en campo de batalla. La maternidad, la salud mental y el aislamiento aparecen no desde el análisis, sino desde lo visceral: gruñidos, llantos, desbordamiento. Más que un retrato psicológico, es la vivencia de estar dentro de una mente rota.
El diseño sonoro y el montaje empujan en esa dirección: ruido constante, confusión temporal, espacios que se mezclan. Es agobiante, repetitivo y excesivo… la sensación que deja es la de haber atravesado una tormenta sensorial de la que uno sale sacudido, agotado y, de alguna forma, impresionado.
- Recomendada para fans de Jennifer Lawrence y cinéfilos amantes de las experiencias intensas.
A partir de aquí, el texto es de Carlos Elorza.
Jay Kelly de Noah Baumbach [Perlak]
Con Jay Kelly, Noah Baumbach regresa a la comedia emocional con una obra ágil y luminosa, que combina humor, ironía y sensibilidad humana. Tras películas como Una historia de Brooklyn (2005), Frances Ha (2012) y Mientras seamos jóvenes (2014), Baumbach se consolidó como un cronista de la clase media intelectual estadounidense, con un estilo naturalista y diálogos inteligentes. Su colaboración con Netflix se inició con The Meyerowitz stories (2017), seguida de Historia de un matrimonio (2019) y Ruido de fondo (2022), demostrando su capacidad para equilibrar lo personal con plataformas de gran alcance.
La película sigue a Jay Kelly (George Clooney), una estrella de Hollywood en plena crisis personal, que emprende un viaje por Europa a la caza de su hija adolescente. Lo que por su arranque podría ser un drama introspectivo se transforma en un vodevil emocional, lleno de situaciones absurdas, diálogos brillantes y una serie de personajes secundarios que enriquecen la historia: Jim Broadbent, Billy Crudup, Laura Dern, Adam Sandler y Greta Gerwig, entre otros.
Jay Kelly explora la brecha entre la imagen pública y la verdad personal, el paso del tiempo y la fragilidad de los vínculos, manteniendo el equilibrio característico de Baumbach entre ironía y ternura. Una comedia ágil y vertiginosa que, pese a su ligereza, revela la profundidad emocional de su protagonista.
- Recomendada para fans de George Clooney y curiosos que quieran asomarse a la vida de una megaestrella de Hollywood.
Bugonia de Yorgos Lanthimos [Perlak]
Con Bugonia, Yorgos Lanthimos continúa explorando el absurdo y la sátira que han marcado sus últimos títulos. El director de Canino, La langosta, El sacrificio de un ciervo sagrado, La favorita y Pobres criaturas adapta el film surcoreano Salvar el planeta tierra (2003) de Jang Joon-hwan, trasladando la acción a Estados Unidos. La película narra la historia de dos apicultores incels que secuestran a la directora de una farmacéutica (Emma Stone) convencidos de que planea destruir las abejas durante un eclipse lunar.
La propuesta combina comedia negra, thriller y elementos fantásticos en un relato original y desconcertante, donde la actuación de Stone y Jesse Plemons aporta versatilidad y energía. La fotografía de Robbie Ryan juega con la oposición entre el mundo ordenado de las corporaciones y el caos desquiciado de los protagonistas, reforzando la sensación de tensión y extrañeza.
Bugonia se mantiene fiel al estilo distintivo de Lanthimos: ingeniosa, inquietante y estilísticamente precisa. Aunque aborda un tema absurdo, la película plantea una sátira sobre la paranoia colectiva, , la lucha de clases, los mecanismo del poder y la manipulación, consolidando al director griego como un cineasta que sigue ofreciendo experiencias únicas.
- Recomendada para aficionados al cine conspiranoico delirante y fans de Emma Stone y Jesse Plemons.
Ciudad sin sueño de Guillermo Galoe [Perlak]
Guillermo Galoe, cineasta madrileño galardonado con el Goya al mejor largometraje documental en 2017 por Frágil equilibrio y al mejor cortometraje de ficción en 2024 por Aunque es de noche, debuta en el largometraje de ficción con Ciudad sin sueño. La película, distinguida con el Premio SACD al mejor guion en la Semana de la Crítica de Cannes, continúa la exploración temática de su corto anterior y se adentra en la Cañada Real, el mayor asentamiento chabolista de Europa occidental.
La historia sigue a Toni, un adolescente gitano de quince años interpretado por Antonio Fernández Gabarre, cuya vida cotidiana se ve trastornada por un desalojo, la pérdida de su perra y la partida de su amigo Bilal hacia Francia. Galoe construye un retrato íntimo, honesto y poético de la comunidad, priorizando las emociones y relaciones humanas por encima de la precariedad material.
Con un enfoque humanista, la película combina elementos de ficción con un tono documental, con actores no profesionales residentes en la Cañada Real, y una fotografía de Rui Poças que alterna naturalismo y lirismo. Ciudad sin sueño ofrece una mirada sensible y respetuosa sobre pertenencia, solidaridad y pérdida, sin recurrir al sensacionalismo ni al paternalismo.
- Recomendada para interesados en la vida en la Cañada Real y fans del cine naturalista y humanista con un toque de lirismo.
El extranjero de François Ozon [Perlak]
Dentro de su prolífica y ecléctica filmografía, François Ozon ha destacado por adaptaciones literarias y retratos de jóvenes masculinos, como en En la casa (2012), Una nueva amiga (2014), Frantz (2016) o Verano 85 (2020). Con El extranjero, Ozon se enfrenta a uno de los pilares de la literatura francesa del siglo XX: la novela de Albert Camus, en una versión sobria, reflexiva y estilizada, consciente del trasfondo político del texto original.
La película sigue a Meursault (Benjamin Voisin), un joven francés en la Argelia colonizada de los años 30, cuya fría y desapegada reacción ante la muerte de su madre lo define desde el inicio. Su relación con Marie (Rebecca Marder) y los conflictos de su vecino Raymond (Pierre Lotin) lo conducen a un crimen que, más que por el acto en sí, lo condena por negarse a adaptarse a las normas sociales y emocionales de su entorno.
Rodada en un blanco y negro cuidado y contenido, la película refleja la soledad, el absurdo y la desconexión emocional de Meursault. Ozon respeta el espíritu de Camus, incorporando un contexto colonial más presente y subrayando la violencia estructural de la época, sin concesiones narrativas ni emocionales. De alguna forma, la película se contagia de la personalidad distante y reservada de su protagonista.
- Recomendada para fans de la novela de Albert Camus y de retratos de personajes extraños.
La grazia de Paolo Sorrentino [Perlak]
Después de su paso por Venecia, Paolo Sorrentino presenta La grazia, para muchos su mejor película desde La gran belleza, con un tono más contenido y reflexivo de lo habitual en él, pero manteniendo su inconfundible estilo visual y narrativo.
La película sigue los últimos días en el cargo de Mariano De Santis (Toni Servillo), presidente de la República Italiana, mientras enfrenta decisiones éticas y políticas —una ley sobre la eutanasia, peticiones de indulto— y reflexiona sobre su reciente viudedad y la fidelidad emocional tras toda una vida compartida.
Ambientada en los fastuosos salones del Palazzo del Quirinale, la película humaniza al presidente a través de su entorno cercano —colaboradores, familiares y amigos—, explorando su soledad, vulnerabilidad y legado. Servillo, flamante ganador de la Copa Volpi en Venecia, ofrece una interpretación contenida y majestuosa, acompañado por una sobria Anna Ferzetti y una arrolladora Milvia Marigliano. Sorrentino domina la grandilocuencia habitual, pero aquí opta por pausa e introspección, mientras su puesta en escena, el humor sutil y la música electrónica completan el conjunto.
- Recomendada para fans de Paolo Sorrentino y de los retratos de personajes crepusculares con un toque de originalidad.
El mago del Kremlin de Olivier Assayas [Perlak]
Olivier Assayas regresa al cine político con El mago del Kremlin, adaptación de la novela de Giuliano da Empoli, que confirma su capacidad para abordar la historia reciente con mirada lúcida y formalmente refinada. Tras títulos como Carlos (2010) y La red avispa (2019), Assayas encuentra aquí un equilibrio entre análisis del poder y retrato humano, acompañado en el guion por Emmanuel Carrère y un sólido reparto encabezado por Paul Dano y Jude Law.
La historia sigue a Vadim Baranov (Dano), estratega de imagen y hombre de confianza de Vladimir Putin (Law), narrando la consolidación del régimen ruso desde el colapso soviético hasta la invasión de Crimea. La película sintetiza más de dos décadas de política rusa, desde el auge de los oligarcas hasta la invasión de Crimea, combinando hechos reales con elementos ficcionados para generar verosimilitud. No todo lo que se cuenta ocurrió, pero todo podría haber ocurrido.
Assayas opta por una puesta en escena sobria pero tensa, alternando pasado y presente, y construyendo un ritmo ágil que resalta la opacidad del sistema. Aunque no revela información inédita, El mago del Kremlin ofrece claridad, tensión narrativa y profundidad ética, consolidando a Assayas como un observador atento de la política contemporánea.
- Recomendada para aficionados a la geopolítica e interesados en los equilibrios de poder en Rusia y en la personalidad de Vladimir Putin.
La tarta del presidente de Hasan Hadi [Perlak]
Con La tarta del presidente, ganadora de la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en Cannes, Hasan Hadi, cineasta iraquí formado en Estados Unidos, debuta en el largometraje con una fábula conmovedora y humanista que combina sensibilidad, humor, ternura y crítica social.
La historia se sitúa en Irak durante los años 90, en plena dictadura de Saddam Hussein, y sigue a Lamia, una niña de nueve años de los pantanos del sur del país, que debe hornear un pastel para el cumpleaños del presidente. La búsqueda de ingredientes en un contexto de escasez y represión se convierte en una odisea entre lo absurdo y lo poético, acompañada por su abuela Bibi, su amigo Saeed y su gallo Hindi.
Hadi utiliza la mirada de Lamia para mostrar la opresión del régimen —simbolizada por la continua presencia de retratos del dictador—, la burocracia y las jerarquías sociales, sin caer en el panfleto ni en la denuncia explícita. Visualmente, muestra el contraste entre los paisajes marismeños de la aldea con tonos cálidos y terrosos, y la grisura de la ciudad en la que debe hacerse con los ingredientes para la tarta.
- Recomendada para: aficionados a la denuncia social con forma de relato de aventuras infantiles.
La voz de Hind de Kaouther Ben Hania [Perlak]
La directora tunecina Kaouther Ben Hania, reconocida por El hombre que vendió su piel (2020) y Las cuatro hijas (2023), ambas nominadas al Oscar, ganó el Gran Premio del Jurado en Venecia con La voz de Hind, un filme basado en un caso real: la llamada desesperada de una niña palestina atrapada en un ataque israelí en Gaza.
Toda la acción se sitúa en un centro de emergencias, donde los operadores intentan salvar a Hind mientras escuchamos su voz real. La película transmite con intensidad la rabia y desesperación del equipo, pero también plantea dilemas sobre los límites éticos del cine. Tal y como hacía en obra anterior, Ben Hania mezcla realidad con reconstrucciones ficcionadas, abriendo la pregunta incómoda: ¿hasta qué punto es legítimo combinar elementos extraídos directamente de la realidad con recreaciones dramáticas?
La voz de Hind no deja indiferente. Es intensa y absorbente, su mensaje contra el genocidio en Gaza es claro, pero también invita a reflexionar sobre el papel del arte ante el sufrimiento real y los límites de su representación.
- Recomendada para fans de las películas anteriores de la directora, personas interesadas en el genocidio en Gaza y quienes crean que el fin puede justificar los medios en la creación cinematográfica.
Estrany riu de Jaume Claret Muxart [Zabaltegi-Tabakalera]
Tras una destacada trayectoria en el cortometraje (Ella i jo, Die Donau, La nostra habitació), Jaume Claret Muxart, alumno de la primera promoción de la Elías Querejeta Zine Eskola, debuta en el largometraje con Estrany riu, proyecto desarrollado en Ikusmira Berriak 2022 y seleccionado en la sección Orizzonti de Venecia.
El estrany riu del título es el Danubio, donde Dídac, un joven de 16 años, disfruta de sus vacaciones familiares en un viaje en bicicleta. El verano avanza entre conversaciones íntimas, silencios elocuentes, baños en aguas heladas y juegos entre hermanos. Pero Dídac arrastra un desengaño amoroso reciente que lo aísla y transforma el paisaje en un reflejo de su mundo interior. Un encuentro fugaz con otro chico parece abrir una grieta luminosa, aunque la revelación emocional queda apenas esbozada.
- Recomendada para aficionados al cine sensorial e íntimo y a los coming-of-age sensibles y originales.
Urchin de Harris Dickinson [Zabaltegi-Tabakalera]
Urchin, ópera prima del actor británico Harris Dickinson —conocido por sus papeles en El triángulo de la tristeza y Babygirl—, es un debut sólido, solvente y lleno de humanidad que confirma su talento también detrás de la cámara. Presentada en la sección Un Certain Regard, la película obtuvo el premio FIPRESCI y el de mejor interpretación masculina para Frank Dillane (Harry Potter y el misterio del príncipe, Fear the walking dead), en un trabajo sensible que transmite la vulnerabilidad, la rabia y la desesperanza de su personaje.
La historia sigue a Mike (Frank Dillane), un joven londinense sin hogar que acaba de salir de prisión tras un delito menor. Marcado por sus adicciones, Mike trata de reconstruir su vida mientras lidia con sus propios impulsos autodestructivos. Dickinson, que se reserva un papel secundario, dirige con contención y empatía, evitando el melodrama y logrando que el espectador se identifique con un personaje que, aun siendo víctima del sistema, también carga con los efectos y la responsabilidad de sus actos.
- Recomendada para quienes disfrutan de los retratos de personajes al margen con trasfondo de cine social.
Nuestra tierra de Lucrecia Martel [Horizontes Latinos]
Con Nuestra tierra, la argentina Lucrecia Martel (La ciénaga, La niña santa, Zama) firma su primer largometraje documental y una de las obras más urgentes y contundentes de su filmografía. Fiel a su estilo —preciso, sensorial, elíptico—, traslada su mirada crítica de la ficción a lo real para abordar el asesinato de Javier Chocobar, líder indígena de la comunidad diaguita de Chuschagasta en 2009. Pero el film va más allá del crimen: revela un sistema de exclusión sostenido por estructuras jurídicas, económicas y coloniales aún vigentes.
La película alterna el seguimiento del proceso judicial con los testimonios de los miembros de la comunidad, entrecruzando la lógica del documental político con una reflexión profunda sobre la tierra, la memoria y la identidad. Las imágenes aéreas del territorio contrastan con retratos familiares y relatos íntimos, mostrando que lo que está en disputa no es solo un terreno, sino una forma de vida.
Nuestra tierra continúa la indagación de Martel sobre el poder, la violencia y la herencia colonial. Una obra tan poética como política, que escucha, interpela y resiste al olvido.
- Recomendada para fans del cine de Lucrecia Martel y para personas interesadas en las consecuencias actuales del colonialismo y el racismo en Argentina.



















