Festival de cine y derechos humanos 2017 – Primera mitad

Vamos con un repaso de las películas que he podido ver en la primera mitad de la edición de este año del festival de derechos humanos. Echo en falta no haber podido acercarme a La mano invisible, una adaptación de la novela de Isaac Rosa, de la que he escuchado cosas muy buenas. Ojalá caiga por nuestras salas cuando la estrenen el mes que viene.

Algunas de las peores cosas de este festival las tuvimos en la sesión del viernes, tan institucional, tan protocolaria y pomposa. Para empezar, la presentadora se pone intensita con un discurso más propio para una iglesia que de un teatro. Después llega el alcalde a soltarnos otro discurso desde su atril de buenos deseos. Y para terminar la propaganda institucional, un cortometraje con el beneplácito del ayuntamiento, El mundo de embarka, que más que cine parece un anuncio de Nike pero más cursi y barato. Las tres cosas, el discurso intensito, la intervención del alcalde, y la propaganda, están fuera de lugar en un festival de cine, si entendemos el cine como arte y no como vehículo de rentabilidad política. Pero es lo que hay, este es un festival cortado a la medida de nuestras instituciones y de ahí hay que rascar lo que se pueda, ya sea como cinéfilo o como alguien interesado en la temática en concreto.

clash

Después de otro corto olvidable, The Cut, tuvimos un largo resultón. Había inaugurado Un certain regard en Cannes. Clash es una de esas película que usan una limitación de escenario para sacar partido a las relaciones humanas. Los trucos de guión y los diálogos forzados pesan bastante, pero la película consigue ser entretenida con lo mínimo y, de paso, darnos unas buenas trazas de cómo estaba la situación en Egipto después de la primavera árabe. También tiene algunas secuencias de acción bien resueltas. Sin ser una maravilla, salvó el día.

No puedo decir lo mismo de Migas de pan, una película en la que su directora, Manane Rodríguez, de forma muy voluntariosa, nos cuenta las desgracias de una mujer combativa durante la dictadura de Uruguay. El punto a favor, como se señaló en la presentación, es que se ha hecho poco cine sobre la dictadura de Uruguay. Pues bien, os ahorro la intriga: es prácticamente idéntico al cine sobre la dictadura argentina. En concreto esta película no nos regala ni una sola escena que no hayamos visto antes contada exactamente de la misma manera, o mejor. Le falta chispa, y le falta un enfoque nuevo.

Life-Animated

El domingo llegó un caramelito: Life, Animated. Un documental sobre el autismo que estuvo nominado al Oscar. Y no es para menos, tiene todo lo bueno y lo malo de un documental americano que puede llegar a los Oscars. Es muy ameno, es emotivo y está lleno de concesiones al espectador. También es artificial, bastante forzado, exagerado. Lo tomas o lo dejas, pero si te dejas llevar, te puede sacar la lagrimilla. Es un buen acercamiento a la forma de entender el mundo de las personas con autismo. Y es también una gran promoción de Disney. El documental cuenta como el protagonista usa las películas de Disney para comunicarse. Una buena excusa para incluir fragmentos de los títulos más emblemáticos que sin duda han cedido por la imagen tan positiva que se da del estudio -de otra manera, carísimo. La inclusión de estos fragmentos es otro de los puntos fuertes del documental, que, en definitiva tiene lo bueno y lo malo de Disney: es tierno, bonito, tiene valores familiares; le falta señalar algunos aspectos feos del mundo real, peca de buenismo. Un caramelito, con algo de alimento. Interesante coloquio.

Y para terminar, la última película del prestigioso director polaco Andrzej Wajda, Afterimage. La última de verdad, porque se ha muerto. Rodó esta película con casi 90 años, pero a su edad tiene un par de ideas visuales que sintetizan muy bien los temas de la película, y que la alejan del biopic de carrerilla. Es la historia de Wladyslaw Strzeminski, un prestigioso pintor polaco que no se plegó ante la política de realismo social que le imponían las autoridades comunistas. Más que centrarse en su arte, Wajda hace un alegato sobre la libertad artística, y un homenaje al personaje. Aunque también utiliza el colorido del pintor para separarlo de los tonos tristes y poco variados del ambiente represivo y de pensamiento único. Buen final para el director.

after-image-2

Este último trabajo de Wajda nos recuerda lo terrible que puede ser que el arte se convierta en una herramienta de propaganda institucional, incluso aunque sea con la intención de propagar valores sociales. Sin duda, la película más oportuna para este festival, que complementa maravillosamente al corto-anuncio y a los discursos del viernes.