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Venecia 2022: Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades, de Alejandro G. Iñárritu

Con Bardo, Alejandro González Iñárritu vuelve a México tras más de veinte años trabajando en el cine estadounidense. Tras el éxito de Amores perros en el año 2000, el director mexicano dio el salto a Hollywood. Primero con 21 gramos, a la que siguió Babel. Con Biutiful se fue a España y después llegaron Birdman, El renacido y sus Oscars. Bardo supone el regreso a su país, un film en el que cuenta, precisamente, la vuelta a México de un prestigioso periodista y director de documentales, interpretado de forma soberbia por Daniel Giménez Cacho, y la forma en la que este regreso le remueve el pasado, afecta a sus relaciones familiares y debe reubicarse en su país desde su nueva posición.

Es inevitable pensar que Bardo tiene mucho de autobiográfico. Pasado por los espejos deformantes de la memoria y de la subjetividad, pero es difícil no suponer que muchas de las experiencias y las sensaciones que experimenta el Silverio Gama de Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades están inspiradas en las del propio Iñárritu. Un viaje a su mente, a sus ideas y a su vida. Pero en Bardo no se imponen la emoción o la nostalgia, sino el egocentrismo y la grandilocuencia de su director durante las casi tres horas de duración de la película que a pesar de todo parecen insuficientes para contener su ego.

Rodada en 65mm y recurriendo continuamente al gran angular, Bardo se convierte en un festín visual gracias a la fotografía de Darius Khondji, en una sucesión ininterrumpida de planos perfectos, de composiciones que quedan marcadas en el espectador, aunque no siempre funcionen ni dramática, ni narrativamente. Una acumulación de ideas visuales, de metáforas, de símbolos y de alegorías, basadas más en el surrealismo que en el realismo mágico, que en sus mejores momentos recuerdan al barroquismo de Fellini, pero que no siempre funcionan y que a veces caen en lo kitsch o directamente en lo fallido. Un soberbio trabajo de planificación y composición a nivel técnico al servicio de una sensibilidad y una mirada al mundo más que cuestionables.

A esta ambición formal, se le une una pretenciosidad argumental y temática desbocadas. Y una mirada más que cuestionable. Egocéntrica y, por momentos, insensible hacia el sentimiento del prójimo. Bardo nos habla de la vida de su protagonista como director y periodista, como padre, como hermano, como hijo, como antiguo compañero, como ciudadano (no) estadounidense. De cómo su ausencia de más de veinte años y su éxito profesional han cambiado su forma de ser y la forma de percibir los hechos del pasado. Una mirada íntima más exhibicionista que honesta y sentida. El reflejo del sufrimiento de los privilegiados que abandonaron México con la vida más o menos resuelta en busca de nuevas oportunidades profesionales al que de forma bastante obscena opone el sufrimiento de los que se juegan la vida para atravesar la frontera con los Estados Unidos en busca de alternativas de una vida mejor. Su egocentrismo llega incluso a mostrar sin ningún pudor el sufrimiento y la culpabilidad que su protagonista siente por los que no tuvieron tanta suerte como él. 

A falta de nadie que le haga un homenaje a la altura de su ego, ni siquiera sus cinco Oscar parecen ser suficientes, Iñárritu en colaboración con Netflix decide hacerse este megalómano y grandilocuente autohomenaje a mayor gloria de su persona y de su talento en el que participa como director, coproductor, coguionista y cocompositor de la música original. Lo que se anunciaba como la Roma de Iñárritu acaba siendo la versión fallida del 8 ½ de Fellini. Tanto talento y tan poca sensibilidad.

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades

Media Flipesci:
5.9
Título original:
Director:
Alejandro G. Iñárritu
Actores:
Ximena Lamadrid, Daniel Giménez Cacho, Andrés Almeida, Meteora Fontana, Griselda Siciliani, Omar Leyva, Fabiola Guajardo
Fecha de estreno:
04/11/2022