Cuando se anunció un documental titulado Marc by Sofia, muchos pensaron que Sofia Coppola se había propuesto retratar en profundidad la vida y la carrera del diseñador Marc Jacobs. Y no se equivocaban, aunque sí conviene matizar lo que significa “en profundidad” en el universo estilístico y narrativo de Coppola. Lejos de plantear un recorrido exhaustivo por la trayectoria profesional de Jacobs, o un análisis minucioso de su proceso creativo, la directora opta por algo mucho más íntimo, casual y evocador: una conversación entre amigos que se conocen desde hace más de 30 años, tejida con recuerdos, referencias y confidencias en voz baja.
En Marc by Sofia, no hay grandes revelaciones ni datos biográficos que no se puedan encontrar en una búsqueda rápida por internet. Su relación con su abuela, que le introdujo en el mundo del lujo y las boutiques neoyorquinas, sirve como punto de partida sentimental, pero no se profundiza. Su carrera profesional —desde sus inicios como estudiante ganador de un concurso de diseño con sus famosos megasuéteres, hasta su paso por firmas como Perry Ellis o Louis Vuitton— aparece representada mediante imágenes de archivo breves y algo dispersas, sin vocación didáctica ni cronológica. Del proceso creativo para su colección primavera-verano 2024 apenas vemos algunos apuntes en los talleres, decisiones sobre telas y complementos, y una frase reveladora: “el problema no es si llegaremos a tiempo para el desfile, sino cómo lo haremos”.

El documental tampoco se detiene demasiado en la reflexión estética o en la relación entre moda y arte. Se mencionan figuras que marcaron a Jacobs —Barbra Streisand, Diana Ross, Liza Minnelli, Bob Fosse o Fassbinder— y títulos clave como Cabaret, Sweet Charity o Las amargas lágrimas de Petra von Kant, pero todo queda en un mapa de referencias más intuitivo que analítico, lanzado al espectador sin explicaciones, como si estuviera ya familiarizado con ese universo.
Y, sin embargo, Marc by Sofia no transmite en ningún momento sensación de desorden o de superficialidad. Lo que a primera vista puede parecer una dispersión temática, se revela pronto como una elección consciente. Coppola no busca documentar, sino acompañar. El tono del film es relajado, cómplice, afectuoso, como una tarde compartida entre dos personas que se entienden sin necesidad de explicarse demasiado. Las conversaciones entre ambos se desarrollan en el taller o en la casa de Jacobs, en planos tranquilos, con luz natural y una puesta en escena doméstica que evita la pose y la espectacularidad. El documental fluye como una charla privada que, por algún motivo, nos han dejado escuchar.
Ese tono también permite momentos inesperadamente divertidos, como cuando recuerdan qué celebridades llevaron modelos de Jacobs para asistir a juicios donde eran los acusados. O los comentarios despreocupados sobre el estilo, el juicio público o la capacidad de la moda para crear identidades efímeras. No hay juicio, no hay distancia. Solo la voluntad de retratar a un amigo, sin grandes preguntas ni respuestas.
En última instancia, Marc by Sofia es exactamente lo que promete su título: no es un retrato objetivo de Marc Jacobs, sino el Marc visto por Sofia. Su Marc. El que conoce desde hace décadas, el que le hace reír, el que le habla con franqueza sin necesidad de hablar de todo. Y es en esa falta de pretensiones donde reside su encanto: el de una mirada cálida, elegante y sin estridencias, fiel a la estética y sensibilidad que Coppola ha cultivado en toda su obra.
Esta reseña está dedicada a mi compañera y amiga Sandra Rozas.
