El orden mundial visita el Festival Crossover para hablar de series y fascismo
San Sebastián ha vuelto a convertirse en la capital de la ficción televisiva con la celebración de Crossover, un festival boutique que invita a ir más allá del mero consumo audiovisual para entender las series como un fiel reflejo de nuestra sociedad contemporánea. En este marco inmejorable, la sala de Tabakalera acogió la ponencia La conjura del fascismo, a cargo de Blas Moreno, editor jefe y codirector de El Orden Mundial (EOM). Para quienes no estén familiarizados con él, EOM se ha consolidado como el medio de análisis internacional divulgativo más leído en español. Nacido de una generación de jóvenes internacionalistas, este proyecto independiente, de desde El Contraplano recomendamos fervientemente, mezcla el rigor del análisis académico, la claridad del mejor periodismo y el tono cercano y divertido de unos jóvenes divulgadores explicando con un lenguaje sencillo los entresijos de la geopolítica, las relaciones internacionales y los grandes conflictos que mueven nuestro planeta. Y precisamente esa mirada macroscópica es la que Blas Moreno aplicó a la cultura popular en su charla: cómo las ficciones nos ayudan a entender el complejo y convulso mundo actual.

De la utopía noventera al colapso inminente
Moreno arrancó su intervención con un diagnóstico sociológico y generacional algo oscuro: hemos perdido la capacidad de imaginar futuros positivos. Si en los años 90 (una época de optimismo tras el fin de la Guerra Fría) ficciones como El Ala Oeste de la Casa Blanca reflejaban una política bienintencionada y movida por valores morales, las producciones del siglo XXI nos presentan una política conspirativa y descarnada con títulos como House of Cards, Baron Noir o incluso, en tono de comedia, Vota Juan. Fuera del ámbito político Blas Moreno también citó Succession como una serie que mostraba lo que son las luchas sucias y cainitas por el poder y, como no, Juego de Tronos que, más allá del entorno fantástico, hacía de esas luchas el motor de su trama.

Esta visión cínica de las altas esferas se complementa con un aluvión de series sobre colapsos del sistema. Títulos como El Colapso, el gran apagón español, The Last of Us o Fallout no son casualidad; responden a un miedo latente y material ante la crisis climática, las dependencias energéticas o las pandemias. Tememos que, ante la extrema complejidad del mundo actual, si el grifo deja de echar agua o el enchufe pierde su corriente eléctrica, nuestra sociedad caiga irremediablemente en la «ley de la selva» y en los peores instintos violentos del ser humano.
Aún más inquietantes para el analista resultan aquellas ficciones que no hablan de zombies, sino de conflictos bélicos inminentes. Destacó el caso de Zero Day, una serie taiwanesa —coproducida con apoyo del gobierno del país— que simula una invasión china comenzando de forma sutil: desinformación, colapso bancario y ciberataques. No es solo ocio, advierte Moreno, es una herramienta estatal para preparar pedagógicamente a su población ante un escenario a corto plazo.
El fantasma del totalitarismo en la pequeña pantalla
El cuerpo central de la charla estuvo dedicado al surgimiento de regímenes totalitarios y al ascenso de la extrema derecha analizado a través de cinco series:
M. El hijo del siglo
Magnífica serie, de lo mejor de los últimos años -eso lo decimos en El Contraplano, no lo dijo Blas Moreno-, a cargo de Joe Wright. La serie está basada en el libro homónimo de Antonio Scurati y narra el histórico ascenso de Mussolini en la Italia de los años 20. A pesar de su carácter histórico, la serie es un espejo aterrador del presente. En un momento de la trama, Il Duce rompe la cuarta pared y promete que hará a Italia «grande de nuevo», en una nada velada alusión a Donald Trump. El mensaje de la serie no radica solo en la figura del dictador y su uso estratégico de la violencia y el populismo, sino en señalar a las élites, partidos y sociedad que blanquearon y permitieron su llegada al poder.
Salvador
Este drama de intriga actual relata cómo un padre de familia (Luis Tosar), conductor de ambulancias, descubre trágicamente que su hija pertenecía a un grupo neonazi que linchaba inmigrantes. Moreno destaca cómo ilustra la peligrosa incomunicación e incomprensión de la radicalización que puede gestarse en nuestra propia casa o en nuestro entorno más inmediato.

El cuento de la criada
Lejos de ser un mero producto de ciencia ficción postapocalíptica, la historia ideada por Margaret Atwood utiliza un futuro inventado (la república fascista de Gilead) para advertirnos sobre realidades feministas del presente: el peligro latente y el retroceso de los derechos reproductivos y el control de los cuerpos de las mujeres.
The Walk-In
Basada en hechos reales vinculados al contexto del Brexit en 2016. Esta serie, presentada por Blas Morenos como el apunte esperanzador en una charla más bien pesimista, muestra cómo jóvenes con precariedad laboral, desarraigo y escasa red social son víctimas fáciles para las sectas de extrema derecha que les ofrecen respuestas simples buscando un chivo expiatorio (el inmigrante). Pero, y aquí está el punto optimista, también muestra con casos reales que es posible desactivar este odio desde el activismo y la reeducación si nos esforzamos por entender y no ignorar a estos jóvenes.
Years and Years
Como cierre de oro, Moreno aconsejó el visionado de esta serie -para él la mejor del bloque- un drama impecable que muestra cómo una familia británica corriente sigue celebrando navidades y cumpleaños mientras su país resbala gradualmente hacia un populismo autoritario. Mostrando, de manera inteligente, que los sistemas no se caen de un día para otro, sino que se pudren poco a poco mientras miramos hacia otro lado.
La democracia no nos ha caído del cielo
La ponencia concluyó con una cita de Antonio Scurati, autor como decíamos de la novela de M. El hijo del siglo, que resumía bastante bien el espíritu de la charla:
“La democracia no es resultado del azar ni tampoco de la necesidad; no es un regalo del cielo, sino una conquista; la historia de la democracia es, sin que quepa duda alguna, la historia de la lucha por alcanzarla”.
Tras ese recorrido por colapsos, guerras, populismos y fantasmas autoritarios, la frase funcionó como un recordatorio de que la democracia no se mantiene sola, que puede erosionarse lentamente y que la ficción, cuando está atenta a su tiempo, a veces detecta antes que nadie el olor de esa podredumbre. Por eso, como sociedad, tenemos que ser capaces de imaginar, escribir y luchar por un futuro positivo tanto en la ficción como, sobre todo, en la vida real.
Puedes ver la charla completa aquí