7.5

Reseña de Verano del 85

Quién mejor que François Ozon, un habitual del Festival de Cannes y del Zinemaldia, para reflejar lo insólito del calendario cinematográfico del año. Su última película, Verano del 85, entraba en todas las quinielas para ser presentada en el gran festival de La Costa Azul. Hasta que llegó la Covid-19, claro. Después de eso llegó el sainete protagonizado por un Festival de Cannes que se resistía a su cancelación en una lucha quimérica contra la obstinada realidad. Al final las tropas comandadas por Thierry Fremaux tuvieron que hincar la rodilla y el Festival de Cannes se canceló, no sin antes poner su sello en una serie de películas que habían seleccionado y debían haber formado parte de la 73ª edición. Puede parecer una banalité, pero para la industria francesa lucir en el cartel de una película el sello del festival más grande del mundo supone un potente impulso para una película. Así las cosas, otros festivales abrieron sus brazos para acoger a las películas seleccionadas por Cannes que se habían quedado huérfanas de festival. Venecia no, claro, hay demasiado orgullo soterrado como para ser segundo plato; pero el Zinemaldia no tiene esos prejuicios, ¡cómo tenerlo si una de sus secciones es Perlas (de otros Festivales)! Rebordinos siempre defiende que el Festival de San Sebastián tiene que ser una ventana para mostrar el año cinematográfico a su público, reuniendo películas que son novedades y otras que no lo son tanto. Pues este año esa función está más justificada que nunca. Entre las películas con el sello de Cannes había dos que claramente apuntaban a San Sebastián: La de Fernando Trueba (aún por confirmar su presencia, pero es tan evidente que uno sospecha hasta de si realmente el sello de Cannes vino antes o después de asegurar su presencia en San Sebastián) y la de François Ozon, ganador de la Concha de Oro en 2012 con la magnífica En la casa. Eso sí, con estreno previo al otro lado de los Pirineos (algo no tan raro, las películas pueden ser estrenadas en su país de origen antes del Festival. En sentido contrario, por ejemplo, Almodóvar suele estrenar en España antes de ir a Cannes). Es decir, Verano del 85 ha sido seleccionada por dos Festivales y antes de participar en ninguno de ellos ya ha sido estrenada.

Dejando atrás esta crónica pandémica pasemos a hablar de cine y de la película en sí misma. Verano del 85 es la decimonovena película de François Ozon, un director que ha construido una filmografía ecléctica en géneros y temáticas pero, al mismo tiempo, con un estilo y unas señas de identidad muy reconocibles y comunes. Verano del 85 no es una excepción y es fácil enmarcarla dentro del universo Ozon. En este caso incluso se siente como una historia muy personal teñida de experiencias autobiográficas a pesar de que el guion parte de una novela ajena, Dance on My Grave de Aidam Chambers (una novela juvenil que en realidad se titulaba Dance on My Grave: a life and a death in four parts, one hundred and seventeen bits, six running reports and two press clippings, with a few jokes, a puzzle or three, some footnotes and a fiasco now and then to help the story along) publicada cuando François Ozon tenía 15 años y que en su adaptación transcurre en la costa de Normandia en el verano del 85, cuando el director tenía 17 años, más o menos como los protagonistas de la película.

Los protagonistas de Verano del 85 son Alexis -¡llámame Alex!- (Félix Lefebvre) un joven de 16 que no sabe qué hará con su vida después del verano y que tras volcar en un pequeño barco es rescatado por David (Benjamin Voisin) otro joven, este de 18 años y un mes. Los dos son guapos y Ozon los filma cómo suele filmar los bellos cuerpos adolescentes, pensemos en Gotas de agua sobre piedras calientes, Swimming Pool o Joven y bonita: sensuales y sexuales. Ozon se reconoce voyeur y mira con excitación contagiosa los cuerpos convirtiendo en voyeur al espectador cómplice. No será esta la única característica que enmarca la película en el universo del realizador. También hay un crimen -la película comienza con Alex detenido y avisando al espectador que David ha muerto- y a Ozon le encanta jugar con el misterio –En la casa, Swimming Pool o incluso 8 mujeres-, hay travestismo y dudas sobre la oreintación sexual-La mejor amiga, Franz-, juega con la figura de un escritor y creador –Swimming Pool, En la Casa-; pero más allá de desgranar referencias argumentales y obsesiones repetidas de su filmografía, lo más reconocible es el tono. Ese voyeurismo que aunque coquetee con la perversión nunca pasa de ser juguetón -sabe respetar una puerta cerrada- y que contrasta con la sutileza y el respeto con el que Ozon aborda los infiernos personales de sus protagonistas. No estamos en algo tan escabroso como el caso real de los abusos sexuales a menores por parte de un sacerdote que contaba, con gran sensibilidad, en Gracias a Dios, pero en otras manos las relaciones de los jóvenes con los adultos, los celos, el dolor, fácilmente podrían haber estado tratados de una forma más morbosa y exagerada, más sensacionalista que sensible.

Sería fácil caer en ese tono porque Verano del 85 es la historia de un amor adolescente de verano, seis intensas semanas contadas por el adolescente que las vive, con todas las exageraciones, tremendismos y expresiones superlativas que eso conlleva. Ese momento vital lleno de cambios y, al mismo tiempo, de sentimientos que se cree serán eternos: no habrá noches mejores que esa primera vez, amarás para siempre a esa persona, el dolor de esa ausencia será imposible de remontar y no habrá canción mejor que aquella que reflejó tus sentimientos aquel verano. Luego, cuando el tiempo pasa, aprendemos a relativizar y nos volvemos más cínicos, aunque esos días moldearán gran parte de lo que somos y seremos. Si a eso añadimos una declaraciones que el propio director hizo durante la promoción de Una nueva amiga diciendo que “el sexo nos da la identidad, sabes quién eres a través de él” tendremos las ideas sobre las que bascula la película de François Ozon. Ideas quizá demasiado verbalizadas de manera en algún pasaje, también es cierto.

La mirada del director en esta película, además de sensual, es tierna y nostálgica. Rodadas en 16mm, las imágenes presentan una paleta de colores y un granulado que nos transportan a los años 80, igual que la ropa, los peinados, la música e incluso la actitud de los personajes. Ozon es un director que a menudo no busca un estilo realista, hay cierta teatralización de las actuaciones y una excesiva pulcritud y preparación de los decorados que a mí me suele sacar de sus películas -lo mismo me ocurre con Almodóvar, director con quien suele ser a menudo comparado- sin embargo en esta película, al estar narrada por uno de sus protagonistas como un relato novelado, esa característica de Ozon se sitúa en el lado de los pros y no en el de los contras. Sí, las cosas no eran tan pulcras, tan bonitas ni estaban tan bien puestas; pero si lo parecen cuando se pasan por el filtro de la nostalgia o de la idealización propia de la adolescencia. De hecho, la estética y la luz son ligeramente diferentes en las dos líneas temporales. Ese foco narrativo justifica también que los personajes adultos -la madre de David, el padre de Alex, el profesor de literatura- estén apenas esbozados. Alex, que es quien cuenta la historia, está inmerso en una montaña rusa de hormonas y no está muy preocupado por escuchar, apenas conecta con ellos. El egoísmo y el ombliguismo son otras características de la adolescencia y Ozon lo deja bien plasmado en su película.

Luego está la música, por un lado Jean-Benoît Dunckel, el 50% de Air, compone una banda sonora original sutil y delicada, que ambienta sin afán de protagonismo; por otro lado hay selección de canciones de la época que, estas sí, son muy protagonistas y expresas con su tono y sus letras los sentimientos de Alex. La selección abarca desde Bananarama a The Cure pasando por grupos franceses como Taxi Girl o Jeanne Mas. Y por supuesto Rod Stewart, cuya canción Sailing es el centro de dos momentos importantes de la película, uno de ellos seguramente el más hermoso del metraje, cuando disociando música e imagen convierte una danza desenfrenada en algo íntimo y romántico. Porque a veces uno baila lo que quiere bailar, aunque la música sea otra y de eso también trata la película.

 

Verano del 85

Media Flipesci:
7.2
Título original:
Été 85
Director:
François Ozon
Actores:
Félix Lefebvre, Benjamin Voisin, Philippine Velge, Valeria Bruni Tedeschi, Melvil Poupaud, Isabelle Nanty, Laurent Fernandez
Fecha de estreno:
09/10/2020