Hay pocas cosas que me satisfagan más que descubrir a un artista nuevo, o que al menos lo sea para mi. Supone encontrarme con un universo nuevo en el que sumergirme: Su obra. Esa sensación de excitación experimenté al ver por primera vez Estiu 1993, que lejos de contener los dejes que posiblemente padezcan la mayoría de operas primas, creo sinceramente que es una de las mejores películas de 2017 – nominada a Mejor Película en los Premios Anuales FLIPESCI de 2017-. Ésta es la primera película de Carla Simón -quitando diferentes cortos en foros académicos- por lo que no puedo repasar una posible filmografía previa, pero sí ponerla automáticamente en mi radar personal de autores a seguir. Es por ello que a colación de su visita a Tabakalera, el Centro de Arte Contemporáneo de San Sebastián, y la charla previa al visionado de la película, aprovechamos luego para conocerla en las distancias cortas y disfrutar de una muy agradable e interesante conversación con Carla en la que sobre todo hubo mucha verdad.

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Verdad, el hilo conductor del universo de Carla Simón

Y es que si tuviera que definir en una palabra el universo de Carla Simón, obra y artista, sería con «verdad». Carla es sencilla, sin ornamentos, pero muy consistente, y así lo es su mensaje lleno de contenido, claro e inequívoco, que es lo que consigue transmitir a su obra. La película está basada en hechos reales que vivió ella misma en su infancia, cómo se enfrentó a la muerte de su madre, y la consigue narrar con esa naturalidad. «Yo he contado mi historia más de mil veces, y lo hago de forma natural, porque lo vivo así, pero sí que es cierto que tiene un efecto sorprendente en la gente por lo que me dio una pista sobre que como historia podía funcionar en una pantalla».

Pero al final hay muy pocas escenas que sucedieran tal cual lo hicieron en realidad y menos aún contextualizadas en el momento exacto de la película en el que acabaron montadas. Por lo tanto, por mucho que se califique esta película de autobiográfica, en realidad está llena de ficción muy bien contada. Y es que como dice Carla, su familia «es un pozo sin fondo de historias», porque aunque todas las familias en general son una perfecta fuente de inspiración si lo que se quieren retratar son relaciones interpersonales, Carla tiene «una familia muy grande, y muchas ramas, la rama de mi madre biológica, la rama de mi padre biológico y la rama de mi madre adoptiva, y todos son como mínimo seis o siete hermanos, entonces ahí hay muchas historias y evidentemente tenía sentido empezar por la propia».

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Cómo hacer cine. Primer paso. 

De acuerdo con ese tono de verdad que lo impregna todo lo relacionado con Carla, en su discurso se dejan ver esas formas que denotan que hasta hace poco ha sido una estudiante con los apuntes de clase recientes, de haber salido hace poco de la escuela -en concreto de la London Film School, en la que estuvo gracias a una beca- y ser capaz tanto de aplicar lo aprendido en su trabajo como de ser capaz de transmitirlo a terceros. Su discurso y su obra todavía no son objeto del caos de los malos hábitos inherentes a la experiencia – entiendo que un buen artista es aquel que es capaz de transformarlos en seña de identidad de su trabajo, en aquello que le da personalidad al mismo-, y en un acto de naturalidad pero sobre todo de generosidad Carla nos cuenta cuál ha sido su método para hacer esta película, es decir, ella cómo hace cine.

«El primer paso con Estiu 1993 fue encontrar el momento. Yo hacía mucho tiempo había escrito y dejado en un cajón la historia de mi madre, desde el momento en que ella decidió ser madre hasta que murió. Fue un proyecto interesante a nivel personal, porque me ayudó a conocer muchas más cosas de ella, hablé con sus amigos, y descubrí aspectos de ella que no sabía. Pero me di cuenta de que me costaba mucho contar eso, no me sentía conectada con la historia porque era una época y una realidad que yo no había vivido y por lo tanto no recordaba y dejé aparcado ese proyecto concreto«.

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«Por lo tanto, creo que el primer paso con Estiu 1993 fue decidir qué momento de la historia contar, y entre el hecho de que había escrito eso y que con Lipstick -gestado en la escuela London Film School, y que narra la forma en la que dos hermanos afrontan la muerte de su abuela- me había dado cuenta de que los niños enfrentándose a la muerte era algo que quería explorar, pensé que tenía sentido contar el primer verano sin mi madre y con mi nueva familia». Por lo que, aunque ahora parece la única opción posible de película, en realidad tomar la decisión de empezar la historia con la muerte de la madre y que la ausencia de ésta sea una constante en la película no es necesariamente la opción más obvia, tal y como comenta Mikel Gurrea, también director de cine y amigo personal de Carla. Una de las razones que le llevaron a Carla a tomar esa decisión, de contar el después de la muerte de su madre -la de Frida- fue que «la enfermedad es un concepto muy difícil de narrar y tengo muchos más recuerdos del momento en el que comencé a vivir con mi nueva familia y como yo tenía que sobrevivir«.

Construir desde lo pequeño, para llegar al todo.

Como decíamos, Carla construye desde lo pequeño, desde el detalle, y engranándolos todos hace el todo que es el guión de la obra. En concreto en esta obra parece que esos detalles ya estaban ahí y que la cámara simplemente ha pasado a filmarlo, pero en realidad es un todo que está muy construido desde el guión.

«Yo trabajo mucho con listas -se ríe cómplice y pudorosa- a partir de las cuales voy construyendo las escenas, y éste fue el primer paso para el guión de Estiu 1993: Recopilar todos los recuerdos que yo tenía, que no eran tantos, porque la memoria es muy selectiva, y cuando eres un niño hay cosas que borras para sobrevivir. No me acordaba de cosas muy específicas, pero sí de sentimientos y de emociones«. Además, nos cuenta que preguntó mucho a sus padres -adoptivos, o «nuevos padres» como los llama ella de manera recurrente y cariñosa, obviando la palabra adopción en la mayoría de la conversación, creo que dentro de esa naturalidad con la que ha conseguido envolverlo todo-, así como también se apoyó en fotos que tenía de aquella época. Nos pone ejemplos de listas, como «Juegos», en la que enumera los juegos de las niñas que entiende que sería interesante que estuvieran plasmados en la película, o «Carla y sus ratos malos con el duelo» -la niña protagonista se empezó llamando Carla, como la autora, pero la acabó llamando Frida al final- y tenía diferentes momentos en los que ella se enfrentó al duelo por la muerte de su madre, o «Cómo sacar la parte más oscura de la niña«, o «momentos en los que ella desconfía de la nueva familia» o «cosas que pueden representar el verano» o «la educación» que era importante representarla en la película para ella.

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Estas listas son «lluvias de ideas y por lo tanto hay cosas que me habían contando, y es que muchas veces grabo las conversaciones con mi familia sin que lo sepan, y cosas que yo me acuerdo o tengo apuntadas en la libreta o en el móvil«. Nos cuenta Carla que no tiene un método concreto, pero considera «importante registrar todas esas ideas, porque cuando te quedas sin imaginación a la hora de escribir una escena vuelves ahí y está lleno de cosas que puedes meter, o que puedes rescatar en un momento en el que necesite meter algo en concreto. Para mi es muy importante tener claro lo que se quiere contar, qué temas y relaciones, y a partir de ahí ir pensando en momentos y en imágenes, porque esas listas de alguna manera también están llenas de imágenes, y a partir de ahí ir construyendo«.

Además, como adelantaba, Carla también hizo una recopilación de fotografías de la época. «Fueron muy importantes, de hecho ¡ojalá tuviera fotos para cada proyecto que haga! -se ríe- porque realmente suponen una inspiración muy directa, y no sólo para el guión, sino para cualquier departamento que va a hacer la película, como para el de arte o el de vestuario. Nos inspiró muchísimo a la hora de pensar el enfoque visual de la película«, a la hora de configurar la época y la atmósfera sobre todo. Al final las fotos son un instrumento para conservar el recuerdo, y en ese sentido confiesa Carla que «aunque yo no tenga recuerdos muy nítidos de esa época, las fotos sí«. Nos muestra diferentes fotografías de momentos de su infancia que están presentes en la película y que reconoce no ser consciente de las similitudes incluso de encuadres entre ellas y fotogramas de la película, y que después del rodaje viendo las fotos reconocía la influencia directa de las mismas, de esos recuerdos hechos fotografía impresa en la propia construcción de la película. «Es fuerte» dice Carla, y es que «hay cosas que al verlas en la foto me despertaban sentimientos que yo tenía en ese momento«.

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Este ejercicio de ver cómo ha construido un proyecto, además de para contárnoslo a nosotros, lo ha rescatado para uso propio, para guiase ella misma en la gestación del próximo proyecto, del cual no nos puede adelanta mucho, sólo que va a transcurrir en un contexto que conoce bien, porque es un lugar donde vive parte de su familia, pero toda la trama va a ser fruto de su imaginación. Lo cual, según nos dice, le parece mucho más divertido, por todo el margen que le da al autor el hecho de crear ficción.

Junto a la verdad hecha ficción, ficción verosímil.

Pero por mucho que la base de la historia sean hechos autobiográficos, «la versión final del guión era muy transformada«. En ese sentido, «hay cuatro o cinco escenas máximo que son casi tal cual sucedieron, el resto se ha ido transformando y terminó siendo otra cosa«.

Nos reconoce Carla que «lo que realmente aprendí rodando es que uno debe aprender a mirar qué pasa enfrente de la cámara, no lo que está escrito en el guión, y eso es muy difícil. A mi me gusta escribir el guión, lo trabajas durante mucho tiempo, es la base de todo, y creo que es importante que sea una guía«. Pero luego los medios con los que se cuenta son los que son. «Tienes unos actores, tienes una localización, y no va a ser exactamente lo que tienes en la cabeza, y creo que como director uno tiene que aprender a gestionar esa frustración«.

Pero en realidad siempre ha estado abierta a esos imprevistos, sobre todo desde que decidió trabajar con niñas. Era importante, dice, que «la cámara se adaptara a las niñas, no que las niñas se adaptaran a la cámara«, para poder plasmar esa verdad de la que hablábamos.

Del encuadre formal, a la cámara en mano. 

Como ella misma nos comenta, aunque empezara haciendo ejercicios cinematográficos mucho más formales y coreografiados, con encuadres muy estudiados, decidió que para Estiu 1993 esa propuesta formal no era la adecuada. «Me di cuenta que hacerlo de una forma tan encuadrada sería hacer una interpretación de mis recuerdos. Me pedía contar la historia desde el presente de la niña, para hacer posible que el público empatizara con la niña y con su viaje emocional«.

Cuando decidió rodarlo de una manera «más fluída, más libre, entró la idea de esa cámara en mano, que a su vez fue evolucionando, porque hay muchas maneras de llevar una cámara en mano, y nosotros al final fuimos hacia la idea de plasmar esas fotos domésticas de cuando éramos pequeños para poder recrear esa sensación de video doméstico, bien rodado, pero intentando recrear esa sensación de estar en la intimidad de una familia.«

De ahí surgió la necesidad de rodar planos muy largos, que se adecuaran de la manera más fiel posible a la realidad de una escena doméstica, pero con la dificultad que supone rodarlas con unas niñas de 7 y 4 años de edad. Esa decisión significó «sufrir», nos confiesa Carla entre risas. «Una mirada a cámara supone volver a empezar de nuevo. Creo que valió la pena el sufrimiento, pero sí que es cierto que era un elemento a gestionar continuamente durante el rodaje. El error estaba constantemente en las tomas. El error en el buen sentido, porque igual había algo ahí que no salía tal y como yo lo tenía previsto pero sin duda estaba más viva«.

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En este sentido, y aunque Carla tuviera las líneas de diálogo escritas desde el guión y los diálogos no se construyeran mediante una consecución de ensayos previos con los propios actores, sí que es cierto que éstos «contaban finalmente con un margen de libertad que permitía que saliera en ocasiones la improvisación». Y eso es algo que tuvieron en cuenta también a la hora de hacer el montaje, de no fragmentar esas escenas para que no perdieran fluidez, por lo tanto, naturalidad«.

Por lo tanto, salir de ese estado de confort le supuso a Carla un esfuerzo extra, descubrir junto a su equipo cuál sería la forma más adecuada de filmar esa historia. En orden a intentar evocar el tono de video doméstico, nos cuenta Carla que intentaron rodar en 16mm por la textura, por la época que estaba narrando, «pero por presupuesto era un problema a la hora de hacer varias tomas, y al final decidimos rodarlo en digital, con una mini Alexa, que siempre es mucho más fácil de manejar. Tenía que estar siempre a la altura de la niña así que tenía que ser ligera. Jugamos más con la luz, el departamento de arte y con el de vestuario. No tratamos mucho la imagen, no nos gustaba la idea de ponerle un filtro o similar«.

Foco narrativo: Frida. Una niña de 7 años. 

Y es que el foco narrativo está en la niña protagonista, Frida. Rodar con niños no era algo ajeno a Carla, puesto que ya lo había hecho anteriormente en el corto Lipstick, pero nos cuenta que adentrarse en cómo afrontan los niños la muerte es algo que le interesa especialmente. En general los niños, porque ella en su vida personal ha trabajado en numerosas ocasiones con niños, están muy presentes en su vida, así como de manera paralela al rodaje de Estiu 1993, Carla participó en el proyecto Cine en curso en Barcelona –Zinema (h)abian aquí-, el cual tiene como objetivo acercar el universo del cine, su creación y su visionado, a los niños. «El objetivo principal de proyecto es educar la sensibilidad de los niños, que creo que es lo más importante. Realmente te das cuenta del poder de la educación«. No me puede parecer más interesante el proyecto.

Lo cierto es que fueron muchos los obstáculos a superar por el hecho de que dos de los personajes protagonistas fueran dos niñas. Nos cuenta Carla que creó, durante los dos meses previos al rodaje – que fue de tan sólo seis semanas, rodando 6 horas al día, como mucho 8 con la mayor alguna vez- escenas recreadas por los actores que representan los personajes adultos en la película con las niñas para que éstas fueran contextualizadas del viaje emocional y personalidad de sus personajes en la película. Muchas veces recreaban escenas que no estaban en la película, de hecho podían ser previas cronológicamente al momento de la trama con el que comienza la película, para por un lado contextualizar a las niñas y por otro crear vínculos entre estas y los actores adultos.

Por ejemplo, «una de las cosas que las niñas no entendían al principio era lo de repetir las tomas, y lo trabajamos de antes, desde los ensayos. Pero luego terminaron el rodaje como verdaderas profesionales, repitiendo las veces que hiciera falta«.

Verano 1993 sonrisa Laia Artigas

La manera de trabajar con las niñas en el rodaje la desarrollaron con una voz en off constante de Carla que guiaba a las pequeñas en cada escena, que posteriormente sacaron en post-producción. Era la manera de que pudieran hacer tomas tan largas. Esta idea de hablar a las actrices pequeñas durante las propias tomas la tomó prestada como herramienta de rodaje del documental que narra el rodaje de Ponette y sobre cómo el director, Jacques Doillon, dirigió a los niños en esta película.  Además, nos recuerda Carla la edad de las niñas «la pequeña -de 4 años- no lee, por lo que las niñas en ningún momento se leyeron el guión. Tienen mucha memoria, pero a veces yo les lanzaba la frase y ellas la repetían dentro mismo de la toma«.

El casting de las niñas fue especialmente complejo. «Sí, puede pasar que tengas un flechazo, pero no siempre es así. Con Estiu 1993 no fue así. Ahora parece obvio que no podía ser nadie más la protagonista de la película, pero realmente la actriz que interpreta a Frida -Laia Artigas- fue al penúltima que vimos«. De hecho, Carla tuvo un flechazo con otra niña, porque físicamente era muy parecida a ella de pequeña, pero no se adecuaba por edad y es que al ser más pequeña hacía que la niña que interpretara a su hermana pequeña fuera casi un bebe y eso lo hacía casi inviable, tal y como le dijo su directora de casting a Carla. Pero en la actriz que finalmente interpretó a Frida vieron muchas cualidades para poder hacer un buen trabajo, porque partieron de la premisa que un niño que sabía mentir y sumergirse un en «papel» que le atribuyeran podría extrapolar eso a cualquier otra situación dentro del  rodaje. Además, buscaron a niñas que se adecuaban a la personalidad de las niñas de la película.

Una de las tomas que más asombran de la interpretación de Laia, Frida en la película, es la final. Nos cuenta Carla que fue muy complicado hacerle llegar al llanto, porque es muy hermética en cuanto a sus emociones, y aunque les costó encontrar la fórmula, lo consiguieron. «Me di cuenta que había una cosa que le frustraba mucho, y era que yo no le diera mi aprobación. Y después de repetirlo varias veces, a modo de ejercicio, acababa llorando«. «Parece un poco cruel -dice en tono de disculpa- pero en realidad la niña acabó siendo perfectamente consciente de ello y era la que le decía «dime que no lo estoy haciendo bien, para que llore«. Esta escena final fue una de las pocas que existieron de verdad, aunque no tuvo lugar en ese momento cronológico. Pero decidieron que ese era el momento adecuado de ponerla, al final, por aquello de que resultaba liberador como final de la película.

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El montaje: El verdadero reto.

En cuanto al montaje, Carla nos lo destaca como una de las partes más difíciles de afrontar del proceso de crear una película. «Es el momento en el que, como director, estas con verdadero terror porque no sabes qué has rodado -se ríe- y en parte te das cuenta de que lo que tu tenías en la cabeza no es lo que hay en el disco duro. Entonces comienza un proceso de entender el material que tienes, y eso es complicado, al menos durante un tiempo, hasta que lo aceptas«.

Nos cuenta que «como yo estaba obsesionada con que era otra cosa diferente a la que yo tenía en mente, empezamos a desmontar el material, intentando encontrar nuevos vínculos, diferentes a los que estaban originariamente escritos en el guión. Este proceso fue un poco caótico, porque de repente teníamos la sensación de que la película se había ido, que no la acabábamos de encontrar, yendo hacia otras direcciones». Entonces entró Ana -la que finalmente fue la montadora-, que «entendió muy bien la película y sabe editar muy bien desde las emociones, y entonces buscamos de nuevo la premisa de la película, que lo había sido en todo momento durante la redacción del guión, del punto de vista de Frida y lo que teníamos que dibujar era su viaje emocional«. Esto hizo que planos que no estuvieran rodados desde le punto de vista de Frida salieran de la película durante el proceso de montaje.

«Con Ana sobre todo lo que hicimos fue reordenar, comprobar que sí funcionaba el orden escrito en guión, y sobre todo limpiar«. Por ejemplo, habían rodado toda una trama de Frida con sus amigos del pueblo, que era  interesante, pero despintaba del tema central que eran las relaciones de ella con la familia. «Limpiando esas cosas comprobamos que efectivamente las conexiones existían desde el guión«.

Directora novel, equipo experto

Hablábamos de Ana Pfaff, la montadora, y es que aunque para Carla sea su primera película, no lo es para la mayoría del equipo. Formó un equipo con experiencia, pero tampoco lo hizo de manera buscada, la gente con la que había trabajado en sus proyectos anteriores estaba en Londres así que reunió el equipo que estaba disponible.

La música

Llama la atención en la película que no hay música, sólo aquella diegética, que ponen los propios personajes dentro de la trama.

«Para mi el tema de la música va muy en el tono de la película, más realista, que fuera un trozo de la realidad de esos personajes, y en la realidad no hay una banda sonora sonando. Pero me di cuenta que en mi vida hay mucha música. Hay canciones que no pudimos conseguir por el tema de derechos, pero sí algunas que ayudaron a retratar la época y el contexto en el que transcurrían los hechos«.

Otras de las composiciones de música jazz que aparecen en la película, que oye el personaje del padre, son creadas por su hermano. «Después de 1993 tuvimos un hermano, que estudió música, y ya que no podía aparecer retratado en la película, así pudo formar parte de la ella».

Influencias 

En otro acto de generosidad y de honestidad, Carla habla con total humildad de sus influencias cinematográficas. Muchas tienen nombres y apellidos, tales como Víctor Erice o Carlos Saura, muchas otras son títulos de películas como El espíritu de la colmena, Cría cuervos o Ponette.

Nos confiesa Carla que muchas veces ve cine de manera interesada, es decir, que selecciona material relacionado con su próximo proyecto. «Quiero escribir sobre algo y me hago mi lista de películas sobre ese algo«, para saber cómo han sabido retratar otros el tema que ella pretende mostrar.

«En concreto para Estiu 1993 vi películas sobre niños o que contaban infancias. Descubrí películas maravillosas, unas fueron inspiradoras, otras no tanto«. Carla hace, además de las listas de ideas que hemos comentado, un video con fragmentos de estas películas que ha seleccionado previamente sobre el tema que va a trabajar, y  reconoce este proceso como muy divertido, porque «no tienes que casarte con nada, y vas creando un archivo en imágenes que te ayuda a concretar cómo vas a rodar luego la película«.

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¿Qué cine le interesa a Carla como espectadora?

Aunque fuera de esos procesos creativos propios, sigue el cine de Lucrecia Martel o Claire Denis, y en general todo aquel cine que «no tiene una narrativa de A-B-C«, un cine que le sorprenda.

Nos confiesa que cada vez se da cuenta que aquellas películas que mejor sabor de boca le han dejado no tienen por qué ser necesariamente aquellas más redondas, sino aquellas que aunque tengan fallos tengan a su vez momentos especialmente brillantes, que son con los que se queda al final. La perfección dice no interesarle especialmente, sí el atrevimiento de intentar provocar y crear cosas diferentes, aunque muchas tengan elementos fallidos.

La industria del cine, vista por Carla. 

Carla es perfectamente consciente de lo afortunada que ha sido, puesto que por mucho esfuerzo y talento que haya habido detrás de este primer proyecto, no deja de ser una recién llegada a la industria del cine, que la ha acogido con los brazos abiertos. «Escribí y levantamos en proyecto en dos años, que es muy poco tiempo, por lo que no me quejo en absoluto, y estoy preparada para que la segunda vez sea un poco más despacio» -ríe.

Pero ya con carácter general, «es muy difícil hacer cine hoy, necesitamos más apoyo al cine independiente, porque son las películas que ruedan a nivel de festivales por el mundo y nos representan a nivel cultural, hay que cuidarlas. Pero el desencuentro entre el público de cine más generalizado y el cine de autor es difícil y quizá debería ser más apoyado desde la distribución«.

No se siente capaz de medir el pulso de la industria, por sentirse una recién llegada, así como de abordar desde dentro temas de candente actualidad como la aparición de nuevos cauces de exhibición de material cinematográfico. Entiende que plataformas como Netflix abren un abanico nuevo de posibilidades de financiación de proyectos, pero como espectadora se considera una romántica y cree firmemente en ver cine en una sala como experiencia, no sólo por las condiciones técnicas de visionado en pantalla grande y sonido, sino entendiendo el acto de ir al cine como una experiencia compartida y enriquecedora.

En relación a la industria, nos comenta que en origen los productores de la película no pusieron ninguna objección para rodarla en catalán -era el idioma en el que transcurrió su infancia, por lo que lo natural era rodarlo en ese idioma-, por lo que su salida natural a la distribución era en V.O.S. Pero llegado un momento tuvieron que hacer un doblaje, para que pudiera ser estrenada en determinadas salas que exigían el doblaje para que pudiera ser exhibida la película en ellas. Reconoce que en general considera un «disparate» el doblaje, pero fue un peaje a pagar en el momento de la distribución que considera asumible.

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Lejos de lo que algunos puedan pensar, el rodaje de esta película no le supuso a Carla ninguna catarsis personal. Todos los miembros de la familia estuvieron involucrados en el proceso de la película directamente. Esgrime Carla como argumento que cree que para poder contar algo tienes que tenerlo muy asumido y digerido ya, además del hecho de que al final hay mucha ficción en la película. Para lo que sí le sirvió es para aproximarse más a cómo pudieron sentirse en cada comento el resto de miembros de su familia. «Mi madre siempre dice que la realidad fue más dura que la ficción -se ríe- En el fondo yo creo que se sienten orgullosos, porque hay parte de homenaje, de mensaje de gratitud hacia ellos, por haber acabado ahí y haber salido bien» -dice sonriente.

Nos cuenta Carla que «lo que saqué principalmente de la escuela (la London Film School) es saber qué historias quiero contar, es una escuela muy internacional, te encuentras con gente de todo el mundo y te hace reflexionar sobre qué te hace particular a ti, y viéndome rodeada de tantas culturas llegué a la conclusión de que lo que a mi me hacía particular era mi sitio, mi contexto y de alguna manera mi familia que, como decía, hay muchas historias ahí«. Lo curioso es que aun siendo perfectamente consciente sin complejos de sus particularidades, todo lo que transmite Estiu 1993 son sensaciones, sentimientos y actitudes universales, y precisamente es lo que, aunque le haya sorprendido a la propia Carla, ha propiciado el gran éxito de crítica, público e industria que ha cosechado. Carla ha conseguido plasmar verdad en su obra, así como hacer verosímil aquello que no lo es. Ha conseguido hacer posible el equilibrio entre la verdad como arte y el arte de la verdad, y sólo es su primera obra. Nos vemos en la segunda y sucesivas, Carla.