Entrevista con David RL, director de Lady Off

Hace tan solo unos meses entrevistamos a David RL, director de La noche del ratón, por su libro Tu rostro por partes y ya nos decía que estaba trabajando en su segundo largometraje. Ahora sabemos que ha sido seleccionado por el Festival de San Sebastián dentro de la sección Zinemira y volvemos a quedar con él para charlar de Lady Off, que así se llama la película.

Tu rostro por partes: entrevista a David R. L.

20/11/2017 - Iñaki Ortiz Gascón

David R. L. no para. Rodó su primer largo, La noche del ratón, y tuvo suficiente éxito como para terminar en varios festivales internacionales y que una distribuidora americana, Shoreline, se fijara en él. Ahora, mientras prepara varios nuevos proyectos en cine hace una pausa para presentar su primera novela, una novela corta sobre una […] Leer más

Tu nueva película, Lady Off, está basada en una obra de Shakespeare

La película está basada muy libremente en la tragedia Ricardo III de William Shakespeare, aunque no tanto en la obra entera como tal sino que la película se centra en una escena de dicha obra. Una escena que tendrá alrededor de 10 páginas y sobre la cual nosotros hemos construido un largo. La idea era desmenuzar todos los estadios de trabajo de una compañía teatral off de Madrid con esta escena en concreto. Desde que una actriz está en casa con su compañera de piso empezando a trabajar papel, hasta la primera representación en el estreno, pasando por la lectura del guión, los ensayos e incluso el ensayo general, contando casi en paralelo todas estas fases.

¿Por qué esa escena precisamente?

La escena en concreto es la más clave que tiene Lady Ana en la obra. Una escena muy potente que tiene con Ricardo III. Nos interesaba mucho cómo está escrito el personaje, cómo se escribían y se utilizaban los personajes femeninos en la época y como todavía se está recogiendo ahora esa utilización. Y no sólo como se recogen los personajes y si se les da otro enfoque o no, sino a su vez cómo, desde un punto de vista de la dirección, se utiliza a la actriz para dar vida a este tipo de personajes. Nos interesaba mucho la escena desde ese punto de vista.

Así que se podría decir que Lady Off trata sobre como se representa a la mujer en el cine o el teatro.

Sin entrar demasiado en materia porque sobre este tema hay tantos puntos de vista, e incluso subtemas, que creo que es más interesante que sea la propia película la que lo cuente y no yo; pero es verdad que hay mucho que hablar sobre cómo se condiciona la figura femenina a la hora de enfocar ciertos papeles hoy en día, en general en todas las artes y al final es evidente que este es un tema clave en la película.

Inicialmente, incluso, nos interesaba tratarlo de una manera abstracta, hasta que punto se le da o se le quita espacio a la figura femenina. Sobre todo cuando se están representando textos antiguos que ya arrastran un cierto punto de vista. Nos interesaba mucho, como decía, enfocarlo desde un punto de vista abstracto, aunque luego lo que hemos visto paulatinamente es que al final acabábamos llegando al tema a través de apuntes personales del personaje principal. Es un poco curioso, porque cuando estábamos llegando a los temas que queríamos tratar, sentíamos la necesidad de centrarnos en aspectos personales del personaje. Igual es eso es lo que nos ha llevado a descubrir aspectos del tema principal a los que igual en abstracto no habríamos llegado. Hay muchas cuestiones relacionadas con el tema de la limitación del espacio, del abuso o de la entrada en el espacio propio de la mujer. En este caso en el entorno artístico pero bueno es un tema que en genérico está ahí.

¿Cómo surge la idea de este proyecto?

Empezamos a hablar del proyecto, como idea, a principios del año pasado. Estamos hablando de un año y medio dándole vueltas en la cabeza. Quizá, aunque se ha representado mucho, Ricardo III no sea un Shakespeare estrella como pueden ser McBeth o Hamlet; pero desde siempre es uno de los textos de Shakespeare que más me han interesado. Siempre me ha llamado mucho la atención lo que sucede en esa escena entre Ricardo y Lady Ana porque, incluso entendiendo la perspectiva histórica, me parece que hay un desarrollo muy inverosimil de la situación en lo que plantea Shakespeare. Me intrigaba la idea de ponerlo en escena pensando que esto no puede funcionar así y si yo no me lo creo, ¿cómo se lo puede creer la actriz que tiene que hacer suyo el personaje?. Ahí estaba el conflicto que a mi me interesaba y ahí está la génesis de Lady Off. En no creérmelo y, sobre todo, en pensar en cómo la actriz tiene que darle vida cuando probablemente le resulte totalmente inverosimil.

 

¿La situación actual, movimientos como el #MeToo, ha influido en el proyecto?

El movimiento #MeToo, surge con el detonante de todo lo que sucedió con Harvey Weinstein a mediados de año y nosotros estábamos ya desde enero, febrero dándole vueltas. Así que yo creo que ha sido una coincidencia posterior. Es cierto que luego nosotros hemos seguido desarrollando el proyecto y ahí es por dónde a veces te entra miedo porque ahora esto tiene otra luz pública. De hecho no tiene otra luz, tiene muchas luces y colores muy distintos. Te empiezas a plantear si se va a percibir de forma diferente o si van a decir ahora te estás subiendo a este carro o a este otro… Te preguntas muchas cosas; pero nosotros lo estábamos pensando varios meses antes de que explotase el #MeToo.

A Shakespeare se le ha adaptado de formas muy diferentes en la gran pantalla, ¿cómo crees tú que debe hacerse?

Yo no soy nadie para decir a la gente cómo hay que adaptar nada. Ha habido ejemplos de todo tipo, desde Kenneth Branagh, que te cambia un poco la ambientación histórica y por lo demás respeta hasta la última coma y se va a las cuatro horas de metraje, hasta adaptaciones que lo único que hacen es conectar los personajes en un ambiente festivo de la clase alta de hoy en día. Ha habido adaptaciones de todo tipo. Es complicado, y también creo que se es distinto en función del texto. No es lo mismo adaptar las comedias de Shakespeare, que desde la perspectiva de hoy en día pueden resultar un poco más ridículas y desde el punto de vista de la credibilidad siempre juegan sobre una base que es difícil de aceptar, que irte a según qué dramas de Shakespeare. Seguramente, desde muchos puntos de vista, historias como Hamlet o McBeth y muchísimos temas de los que tratan hoy siguen muy vigentes. Luego está la inquina de cada uno para aguantar el verso o la escritura original.

También, evidentemente, entramos en cuestiones que yo creo que son de responsabilidad. Es peliagudo, porque ¿quién eres tú para corregir a Shakespeare? Y lo digo yo que estoy haciendo esta película que parte de donde parte; pero yo prefería ser honesto. A mi me llamaba este punto la atención, así que decidí «voy a centrarme en esto a ver qué pasa y, sobre todo, voy a estudiarlo mucho con la actriz y explicarle de dónde partimos y a ver dónde lo lleva ella». Esa era la idea nuestro proyecto, que fuera muy honesto y que no se tratase sólo de yo enmendándole la plana a Shakespeare.

Las adaptaciones en si, son un tema muy complicado. Yo creo que hoy en día puedes ponerte el McBeth de Polanski y es disfrutable de principio a fin, tal cual. No le tocaría nada. Y no me parece que sea un tema sólo de Shakespeare. Estas cuestiones de responsabilidad cada cual se las tiene que plantear con cualquier texto. Incluso con los propios que igual desde dentro es difícil ver que estás escribiendo y desde fuera se percibe de otra manera.

¿Cómo fue la manera de rodar esta película?

A los actores casi les pedí funcionar de una manera falsamente documental. La idea era marcarles unas premisas: quiénes sois, en qué situación os encontráis, cómo estáis afrontando esto. Les marqué lo que es la línea base de la historia de principio a fin, tenían el texto sobre el que sus personajes estaban trabajando y a partir de ahí, conociendo el interés y conociendo de dónde partía todo y lo que queríamos explorar, les dejaba improvisar. Se hacían tomas a veces de 20 e incluso 45 minutos y luego se volvía a empezar y se volvía a empezar. Rodábamos de corrido, con varias cámaras, sabiendo que después iba a ser un infierno para el montaje; pero me parecía que desde un punto de vista de pura honestidad era la idea más lógica, o más pura si quieres. Porque estábamos hablando precisamente de cómo reacciona esta mujer al sentir su espacio cada vez más invadido, cada vez más anulada, etc, etc… pues jugamos a un poquito a poner esa situación en un escenario de verdad y dejar que fluyese. Lógicamente entendiendo que todos sabíamos lo que estábamos haciendo, partiendo de que ella sabía a qué estábamos “jugando” y que eso era lo que queríamos explorar.

Esto te lleva a situaciones en cada toma de cierta tensión, o de un cierto límite emocional. A veces con los actores conviene no pasarse de según qué línea si los llevas muy muy al límite. Pero aquí estaba todo muy claro, a lo que queríamos jugar y a lo que no. Yo creo que esta especie de formato de documental falso era lo mejor para explorar qué sucedía.

 

¿Conocías a los actores previamente?

No les conocía personalmente, pero tenía referencias de ellos y fueron elegidos expresamente para la obra. Tanto Marta Fuenar como Mateu Bosch habían representado antes Ricardo III y ese era otro punto que a mi me interesaba, que tuvieran interiorizado el mecanismo de la escena, que lo conocieran y que pudiéramos centrarnos en ahora sois vuestros personajes, también actores, ya conocéis el texto, y vamos a jugar a esto.

Tu anterior película, La noche del ratón, la presentaste en el Festival de Cine de Santa Bárbara, ahora juegas en casa, en el Zinemaldia, ¿qué diferencias hay?

Todavía no lo he vivido, estoy un poco a la expectativa de a ver qué ocurre. Para empezar es diferente desde el punto de vista de la ilusión. Es cierto que Santa Bárbara, lógicamente, nos hizo una ilusión enorme porque además fue una cosa muy loca, un subidón de adrenalina. Pero también al ser tan loco la perspectiva era un poco extraña. No acababas de aterrizar o de entender qué estaba pasando y luego allí todo era una vorágine… Aquí hay un plus de ilusión porque yo creo que cualquier persona que se dedica al audiovisual en Euskadi tiene el primer sueño que tiene es que un trabajo suyo se vea en el Zinemaldi. Sólo eso ya hizo que cuando nos dieron la noticia fuera un subidón absoluto. Luego te entran los miedos y la responsabilidad, porque ya no es sólo el estreno, es el estreno ante gente muy cercana… El miedo es el mismo en el sentido de que la película funcione o no, guste o no guste, pero le añade un plus de responsabilidad porque la vas a presentar a TÚ público. A nivel de ilusión no es comparable con aquello que vivimos allí. Supongo que es como los chavales que juegan aquí al fútbol y sueñan con jugar en la Real algún día.

Tu anterior película era un relato de género, un thriller, y en esta ocasión apuestas por algo más autoral. ¿Con qué faceta te sientes más cómodo?

Cómo director y cómo espectador me interesan tanto una vertiente como la otra. Como espectador me ocurre que en el cine de género me gusta percibir que detrás hay una voz o que me están contando la historia de una manera distinta. Creo que no hay porque hacer una separación, creo que se puede hacer cine de género y que sea autoral. También es cierto que cuando hicimos La noche del ratón no nos estábamos planteando que fuese autoral o no autoral ni nada por el estilo. Estábamos intentando hacer un ejercicio, la película que creíamos que teníamos que hacer en el momento, aunque si que intentásemos que tuviese otro estilo, más centrado en los tiempos de espera que en la acción y probamos cosas, pero lo que me interesa es contar algo y encontrar la manera de contarlo a mi manera.