7.5

Un fantasma útil comienza como una comedia con carga política para, cuando el espectador ha bajado la guardia, golpear con un drama manchado con la sangre vertida en protestas reales en Tailandia. Dos tonos distintos para una misma idea: una crítica al pinkwashing y al colaboracionismo de quien ve favorecidos sus derechos y se olvida de las otras luchas. Una película que exige bastante al espectador aunque también ofrece mucho a cambio. Y un nuevo nombre -complicado- en el panorama cinematográfico que los cinéfilos deberemos aprender a recordar: Ratchapoom Boonbunchachoke, que con su primer largo como director ha conseguido ganar el premio de la Semana de la Crítica en Cannes, y el mejor guión en Sitges.

La película tiene claramente dos partes diferenciadas, de la comedia al drama. La primera parte está impregnada de un extraño humor serio, entre el absurdo y el realismo mágico. Un tipo de comedia que recuerda al cine nórdico, a gente como Roy Andersson o incluso a Kaurismaki, con un ritmo pausado, contrario al esquema clásico de comedia que suele implicar un tempo ligero. Muy centrado en la composición, de donde parece surgir la ironía, y en apurar la duración del plano para remarcar la sátira. La forma es esencial en el humor que maneja, más que el de una línea de diálogo o una situación. Un planteamiento muy original, el de los fantasmas en los electrodomésticos, que produce imágenes chocantes y objetos-personaje con una personalidad que soñaría un creativo de Pixar. Todo con un estilo voluntariamente naíf, con puesta en escena sencilla pero muy eficaz, efectos especiales ingenuos y algunas interpretaciones extrañamente cándidas. Colores sencillos, marcados pero no agresivos. El director menciona en algunas entrevistas a Manuel de Oliveira, como referencia de cine sencillo y naturalista. En cualquier caso, sus referentes pasan claramente por la fábula y lo onírico.

La burocracia frente a lo marginal

Toda esta primera parte en tono muy claramente cómico ya contiene muchas críticas. La relación entre la pareja protagonista es una alegoría de una pareja no normativa. Un hombre y una aspiradora, entiéndase una relación entre dos hombres, o alguien trans o cualquier combinación que se salga de la norma. El absurdo de la burocracia que impide a la aspiradora visitar a su marido en el hospital es un reflejo claro de la falta de derechos básicos de las parejas LGTBIQ+. Pero hay también otros temas. El mural inicial que representa a una sociedad variada, obrera, es reemplazado por un centro comercial, en una clara alusión a la gentrificación capitalista en un país donde se están produciendo movimientos de supuesta modernización, con una fuerte inversión inmobiliaria y con las élites poseyendo parte importante del suelo urbano. Esto levanta polvo, literal y metafóricamente, lo que se une a otro problema actual en Tailandia que lleva a protestas, que es la contaminación del aire por polvo. De ahí la importancia de que el fantasma se meta en una aspiradora.

La película va cambiando el tono de la comedia al drama. El punto de inflexión es cómo la familia no acepta a la fantasma, especialmente los mayores y con el beneplácito del estamento religioso. Aquí vemos una metáfora de las terapias que pretenden anular la homosexualidad o cualquier orientación que se considere desviada. Pero en esta marginación por orientación sexual hay una dimensión de clase muy clara, y esto es posiblemente el núcleo de la película. Se nos da a entender que Nat, la fantasma, viene de clase baja, quizá de un entorno rural. Se le margina por no usar el tailandés estándar, que está asociado a la capital y a la clase dominante y educada en colegios finos. El hermano del protagonista es gay y tiene pareja pero es aceptado porque su marido tiene dinero y es australiano y -esto se dice explícitamente- abre el mercado internacional. Tailandia es conocida por ser mucho más permisiva con la sexualidad que otros países de su entorno, incluso tienen un término tradicional, kathoey, para referirse al género fluido. Ha llegado a convertir esto en un atractivo tanto para el turismo como para tener una imagen de progreso a nivel internacional. Y aquí es donde la película gira ya definitivamente al drama y a una denuncia de pinkwashing (el lavado de imagen gracias a las causas LGTBIQ+ y feministas).

Nat deja de ser una aspiradora para volver a ser una persona. Sigue siendo un fantasma pero ahora todos la ven igual que le ve su marido, como una persona y no como una cosa que es aberrante como pareja. Pero para llegar a esa posición se ha aprovechado de su nueva amistad con el ministro que ya en anteriores ocasiones le ha librado de la burocracia absurda e incluso de una denuncia. Se nos presenta así una sociedad marcada por la corrupción y por el amiguismo. La transformación de Nat, de aspiradora a mujer, es física -bueno, es etérea pero visible- aunque también es ideológica. Se acerca al poder y empieza a trabajar para ellos, al tiempo que ve como sus derechos mejoran. Es un fantasma útil para las élites. Es vista por otros personajes como una traidora de clase. El director ha comentado que le interesa lo personal y lo colectivo y este es un caso claro. Mientras vemos esa motivación personal, se está representado a toda una parte de la sociedad progresista que está dispuesta a aceptar injusticias con otros marginados a cambio de que su colectivo tenga más derechos.

Está muy relacionado con lo que está pasando en Tailandia, después de varios golpes de estado de los camisas amarillas -los conservadores- y la llegada al gobierno del sector más progresista que ha aceptado, a cambio de que les dejen gobernar, no tocar algunos temas polémicos. En la película se menciona expresamente la masacre de mayo de 2010, y esto pasa al centro de la segunda parte, que no habla tanto ya de la lucha LGTBIQ+ como de la memoria histórica. Hoy por hoy no se está investigando lo que ocurrió ni se están depurando responsabilidades, a cambio una cierta apertura -supuestamente a un régimen democrático aunque con un control férreo por parte de la monarquía y los militares- y poder avanzar en otros aspectos progresistas. Esto en la película está claramente representado por Nat borrando el pasado, de la misma manera que se había querido borrar su relación. Nat gana más derechos que incluso pasan a ser privilegios, como la referencia al vientre de alquiler, a costa una vez más de las clases bajas, y que se presenta de forma tan grotesca y contundente.

En definitiva, una película sobre la traición a la comunidad, donde los fantasmas son cualquier tipo de marginado, que deberían estar unidos y no segmentados por diferentes intereses. Una crítica al poder usando, como es habitual, la fantasía, en un momento en el que probablemente es más fácil que hacer un documental explícito. Especialmente usando la vaselina que supone ese inicio cómico con esa estética voluntariamente naíf que de nuevo nos puede recordar a cierto tipo de comedia nórdica. Aunque la película también habla del duelo, de diferentes tipos, de la explotación laboral, e incluso se puede entender algo de feminismo de clase (la mujer pobre es una aspiradora). Una mezcla de géneros arriesgada para una ópera prima muy ambiciosa. Vamos a ir aprendiéndonos el nombre, repitamos: Ratchapoom Boonbunchachoke.

Un fantasma útil

Media Flipesci:
7.1
Título original:
A Useful Ghost
Director:
Ratchapoom Boonbunchachoke
Actores:
Davika Hoorne, Witsarut Himmarat, Apasiri Nitibhon, Wanlop Rungkumjad, Wisarut Homhuan