‘Apuntes para una película de atracos’ de León Siminiani

Tras el éxito de Mapa en 2012, León Siminiani presenta Apuntes para una película de atracos, su segunda película, en la sección Nuev@s Director@s, dedicada a óperas primas o segundas películas de sus directores.

Como en Mapa, Siminiani vuelve a montar un artefacto que mezcla el género documental y la ficción, lo ajeno y lo personal, lo íntimo y el contexto social. Con la excusa de documentar un estudio para realizar una película de atracos, nos presenta al ‘Robin Hood de Vallecas’, líder de una banda de butroneros. Nuevamente el metacine. Nuevamente el hilo conductor de la película es el propio intento de documentarla, concebirla y rodarla.

En Apuntes para una película de atracos, a medida que vamos conociendo al personaje, Siminiani establece un juego de espejos entre las vidas de sus dos protagonistas (incluso hay un momento en el que hay un obligado ‘intercambio’ de esposas) y se acaba convirtiendo en una película a dos voces (muchas veces en off), que se cruzan, se referencian y se complementan. Con un retrato honesto y respetuoso del exatracador, evitando caer en la mitificación o la condescendencia. Una película que nos convierte en testigos de la evolución de la relación de sus dos protagonistas, por un lado el personaje y por otro el narrador, con un mecanismo que si bien pierde el efecto sorpresa de Mapa, consigue que un film personal, divertido y original.

‘Midnight Runner’ de Hannes Baumgartner

El suizo Hannes Baumgartner debuta en la dirección de largometrajes con Midnight Runner, el retrato inspirado en hechos reales, de un atleta de élite, cuyo objetivo es participar en los Juegos Olímpicos, también cocinero de éxito, y cuya vida dará un vuelco con la muerte de su hermano.

Baumgartner realiza una interpretación subjetiva del caso real. Midnight Runner no es una reconstrucción de los hechos, sino una representación del desarrollo emocional de su protagonista. Una explicación abierta a la interpretación del espectador de los motivos que llevaron a su protagonista a desdoblar su vida, romper el equilibrio casi perfecto previo y dedicarse a la actividad criminal. De su lucha interna por intentar seguir siendo el que fue y canalizar su furia interna hacia la práctica deportiva, en lugar de hacia la violencia.

Pero toda actividad criminal, conlleva una contrapartida de investigación policial y de búsqueda del criminal. Y éste es un aspecto que Baumgartner descuida demasiado. A pesar de la sucesión de hechos criminales en el ‘paraíso suizo’ y del reguero de pruebas e indicios que el espectador observa que va dejan su protagonista en su práctica delictiva, no parecen ser suficientes para provocar la acción de la policía. Por pereza o por vagancia. Una inacción, o una inutilidad que también puede ser, de la policía suiza que acaba resultando inverosímil, contaminando al mucho mejor planteado desarrollo psicológico del protagonista y afectando de forma negativa al conjunto de la película.

‘Meteorites’ de Romain Laguna

También debuta en la dirección de largometrajes el galo Romain Laguna con Meteorites. Su protagonista es Nina, una chica de 16 años de un pueblo del sur de Francia, que trabaja en verano en un parque temático de dinosaurios y que conoce a Morad, el hermano de origen argelino de su compañera de trabajo.

Laguna mezcla un estilo naturalista y realista apoyado en sus intérpretes no profesionales (toda una revelación su protagonista Zéa Duprez), con algunos elementos de puesta en escena que remiten al cine de género y al fantástico en los que demuestra personalidad y saber hacer. Lástima que la historia de esta adolescente en busca de aventuras resulte demasiado trivial y trillada y que los elementos formales a los que recurre su director (meteoritos, dinosaurio, cráteres, inquietantes imágenes nocturnas…) no tengan material de mayor sustancia al que agarrarse y dar mayor entidad a la película.

‘Julia y el zorro’ de Inés María Barrionuevo

La argentina Inés María Barrionuevo, que presentó su ópera prima Atlántida en el Festival de Berlín de 2014, presenta en la competición de ‘Nuev@s Director@s’ del Zinemaldi, Julia y el zorro, su segunda película.

La Julia del título es un exactriz de 48 años que junto a su hija de 12 años se instala en una casona de un pueblo de Córdoba, para arreglarla, venderla y de esa forma ayudar a romper el duelo en el que viven ambas desde la muerte de su esposo y padre. Cuando Gaspar, un amigo de toda la vida entra en escena, se atisba una solución, pero no tiene por qué ser la que uno se espera.

Y el zorro del título es el protagonista de sendos cuentos, uno referido al personaje de la madre, otro al de la hija, que Barrionuevo utiliza para presentar, complementar y contraponer sus tesis respectivas. Un recurso que resulta insuficiente para dar profundidad y suficiente empaque cinematográfico a la lucha de esta viuda por superar su duelo, a su desesperación, a su búsqueda de alternativas y su necesidad de empezar una nueva vida. A pesar de estos elementos simbólicos, un interesante desarrollo de la relación madre-hija y sus buenas interpretaciones, Julia y el zorro resulta demasiado lineal y huele a oportunidad desaprovechada.

‘Jesús’ de Hiroshi Okuyama

El jovencísimo Hiroshi Okuyama con sólo 22 años estrena mundialmente su ópera prima en el largometraje Jesús en esta edición del Zinemaldi. Su protagonista es Yura, un chaval cuya familia deja Tokio para irse a vivir a una zona rural con su abuela que se acaba de quedar viuda. Allí deberá integrarse en un colegio cristiano, religión de la que lo desconoce casi todo. Cuando un día se le aparece un pequeño Jesús que parece conceder sus deseos, encontrará un colega, un compañero de juegos y a lo mejor hasta la fe.

Jesús
6.7

Con unos ambientes nevados y una sensibilidad que en momentos recuerdan a The Night I Swam de Damien Manivel y Igarashi Kohei que pudimos disfrutar el año pasado en la sección Zabaltegi Tabakalera del Zinemaldi, Okuyama muestra los intentos de Yura por integrarse en su nuevo entorno. Jesús es una película sencilla, sentida, realizada con muy pocos medios, por momentos hasta un poco naïf, pero logra transmitir de forma clara sus propósitos. Con una cámara que se sitúa continuamente al nivel de sus actores (en la clase como si fuera un alumno más o como en la primera aparición divina en la que se cruza la cabeza del que se sienta delante de Yura) convirtiendo al espectador en cómplice y testigo insitu de lo que está ocurriendo.

El Jesús de la película es un cachondo. Un colega de Yura. Todopoderoso, pero siempre dispuesto a hacer alguna gracia o a vacilarle. Y celoso. La mirada de Okuyama es completamente iconoclasta. Pero cuando todo parecía que iba a ser un divertimento ligero en torno a la amistad entre dos niños con el aditamento de las apariciones divinas, surge el drama. Y la película, manteniendo su sencillez formal, se vuelve temáticamente más ambiciosa. Asoman la muerte y la naturaleza de la fe. Y la película se eleva, se vuelve más sugerente y convierte a ‘Jesús’ en la mejor película vista hasta ahora en la sección Nuev@s Realizador@s.