Los Top 10 de quienes hacemos El Contraplano
No vamos a ser muy originales. 31 de diciembre y en El Contraplano echamos la vista atrás para recapitular y seleccionar nuestras películas favoritas. Cuatro Top 10 muy variados pero con una cosa en común: la debilidad que sentimos por Paul Thomas Anderson. De las 27 películas mencionadas en total, solo 11 títulos aparecen en más de una lista y, menos Paul Thomas Anderson, ninguna de las aparece en más de dos.
Esperamos que las listas os descubran algo, os animen a ver alguna que se os escapó o a revisionar alguna que no os gustó tanto.
Top 10 de Iñaki Ortiz
- Una batalla tras otra – Paul Thomas Anderson
- Babygirl – Halina Reijn
- 28 años después – Danny Boyle
- Weapons – Zach Cregger
- La trama fenicia – Wes Anderson
- Sirat – Oliver Laxe
- Maspalomas – Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi
- Urchin – Harris Dickinson
- Flow – Gints Zilbalodis
- The Last Showgirl – Gia Coppola
Top 10 de Carlos Elorza
- Una batalla tras otra – Paul Thomas Anderson
- April – Dea Kulumbegashvili
- Vermiglio – Maura Delpero
- The Brutalist – Brady Corbet
- Grand Tour – Miguel Gomes
- Los malditos – Roberto Minervini
- Un simple accidente – Jafar Panahi
- La luz que imaginamos – Payal Kapadia
- Tardes de soledad – Albert Serra
- Black Dog – Guan Hu
Top 10 de Sandra Rozas
- April – Dea Kulumbegashvili
- Una batalla tras otra – Paul Thomas Anderson
- Alpha – Julia Ducournau
- Die, my love – Lynne Ramsay
- On falling – Laura Carreira
- Los malditos – Roberto Minervini
- Grand tour – Miguel Gomes
- Babygirl – Halina Reijn
- Banda sonora para un golpe de estado – Johan Grimonprez
- Kontinental 25 – Radu Jude
Top 10 de Ricardo Fernández
1. Una batalla tras otra – Paul Thomas Anderson
Paul Thomas Anderson lo vuelve a hacer. Con las expectativas por los cielos tras una campaña de declaraciones previas de quienes la habían visto diciendo que era una obra maestra, el mejor director de su generación superó el listón sin problemas con una película que tiene de todo: acción, humor, discurso, grandes interpretaciones, una música espectacular, un estilo visual impecable y una persecución que se ha convertido, desde ya, en historia del cine. La gran favorita para los Premios Flipesci. Muy lejos en mi ranking de cualquier otra cosa que haya visto este año.
2. The Brutalist – Brady Corbet
La ganadora del Flipesci Vaporetto en 2024 es una película compleja y, sobre todo, ambiciosa. The Brutalist es una película excesiva y cargada hasta el límite. En lo que cuenta y en cómo lo cuenta. A lo largo de tres horas y media de una fuerza visual impresionante hay tiempo para hablar de la experiencia del inmigrante, de la explotación, del racismo y el clasismo que sostienen la sociedad americana, de la turbia relación entre cultura y poder, del impulso creador y de la ambición profesional entendida como condena. Quizá le sobra la coda final y más en estos tiempos de atrocidades por parte del estado de Israel.
3. La luz que imaginamos – Payal Kapadia
Aunque yo la vi en Cannes 2024, es España se estrenó a principios de 2025, así que toca meterla en este top. Una de las sorpresas más agradables que me traje de aquella edición del Festival de Cannes. Payal Kapadia, su directora, no busca respuestas claras, sino reflejar estados de ánimo y sensaciones. La pelicula sigue a tres mujeres que trabajan como enfermeras en Mumbai y cuyas vidas se sostienen en equilibrios frágiles: la fidelidad a un marido ausente, un amor interreligioso vivido casi a escondidas, la amenaza muy concreta de un desahucio. La película avanza sin subrayados, dejándose llevar por lo cotidiano, por los gestos, por los silencios. Es un cine poético y sensorial que habla de clase, religión y feminidad en la India contemporánea, pero también del peso de la ciudad, de Mumbai como organismo vivo que lo envuelve todo. Una joya.
4. Black Dog – Guan Hu
Guan Hu firma una película que funciona tanto como parábola como radiografía social. Mientras algunos creen que el progreso se mide en estadios nuevos y grandes eventos, el director prefiere poner la cámara en los que estorban, en los que son expulsados: los perros y los hombres sin voz. Con una estética visual imponente que recuerda al western, su protagonista se mueve por el desierto de Gobi como un llanero solitario (en moto), enfrentándose al orden establecido. Es una historia sobre China, sí, pero habla de cualquier lugar donde se margina al que no produce. Una obra sobre la dignidad de los apartados.
5. Caza de brujas – Luca Guadagnino
Luca Guadagnino ha rodado una película incómoda, llena de personajes poco simpáticos, incluso mezquinos en muchas ocasiones. Una película que cuestiona casi todo excepto una cosa, al poder se le puede zarandear pero es muy difícil tumbar. Apoyado en un reparto en estado de gracia, el director italiano ha rodado una película que es fácil que te acompañe mucho después de haberla visto. Ambientada en el universo académico, la cinta se lanza de lleno al debate de la cultura de la cancelación, pero sin dar respuestas fáciles. Funciona como una fábula moral de múltiples capas que explora el miedo, la traición y las zonas grises, negándose a reducir lo humano a etiquetas simples. Una película que no busca resolver el conflicto, sino exponer su complejidad.
6. Alpha – Julia Ducornau
Este año en el Festival de Cannes hubo tres películas con el SIDA como telón de fondo y la mirada de una chica de la siguiente generación como foco: Romería (Carla Simón), La misteriosa mirada del Flamenco (Diego Céspedes) y Alpha (Julia Ducornau). La de la directora de Crudo y Titane quizá fue la peor recibida por la crítica, sin embargo a mi fue la que más me gustó. Otra película excesiva, con imágenes poderosas cargadas de simbolismo, un gran reparto y una fuerza que por momentos abruma. Ducournau plantea una epidemia que transforma los cuerpos en estatuas de mármol blanco; una metáfora terrible y bella para hablar del estigma y del miedo a la enfermedad. Más que del virus, habla del pavor y del amor como resistencia, convirtiendo la muerte en un monumento visualmente sobrecogedor.
7. Banda sonora para un golpe de estado – Johan Grimonprez
Johan Grimonprez construye una pieza de jazz en forma de documental geopolítico. A través de un montaje prodigioso de imágenes de archivo y prescindiendo casi totalmenente de la voz en off, la película teje los hilos entre el jazz, la lucha por los derechos civiles y la descolonización del Congo. Vemos a Max Roach y Abbey Lincoln, vemos la ONU convertida en escenario de protesta y vemos las maniobras que acabaron con Patrice Lumumba. Es un alegato vibrante contra el colonialismo donde el ritmo sincopado de la música marca el pulso de la historia. Fascinante, creativa y política en el mejor sentido.
8. Un simple accidente – Jafar Panahi
Se ha celebrado mucho esta película. Y no solo porque sea una gran película, que lo es, sino porque (casi) todos sentimos una simpatía inmediata por Jafar Panahi y por todo lo que representa. Eso sí, sus últimos trabajos, aunque bienintencionados, cinematográficamente resultaban más bien justitos, constreñidos por la clandestinidad, por el encierro, por las propias condiciones de rodaje. Era el precio a pagar; en esta ocasión no. El punto de partida es sencillo y demoledor: un hombre reconoce a quien fue su torturador y lo retiene en una furgoneta junto a otras víctimas, obligándolos -obligándonos- a enfrentarse a una decisión imposible: justicia, venganza o perdón. El relato es contenido en el espacio, pero expansivo en rabia, en tensión, en implicaciones morales. Sin parapetos ni juegos metacinematográficos, sin la necesidad de camuflar el discurso, Panahi muestra una voluntad clara de hablar directo, de no rodear lo que duele. Un thriller moral seco, tenso, sin concesiones. Un regreso poderoso, político en el sentido más amplio, dentro y fuera de la pantalla.
9. Materialistas – Celine Song
Lo nuevo de Celine Song toma el esqueleto de la comedia romántica para dinamitar el género desde dentro. Dakota Johnson se debate entre un exnovio con mucho corazón y poca liquidez (Chris Evans) y un millonario que es el «unicornio» del mercado de citas (Pedro Pascal). Pero lejos de idealizar, la película usa un tono cínico para radiografiar cómo el estatus, las apariencias y el dinero contaminan las relaciones del siglo XXI. Es una película sobre el «valor de mercado» de las personas y la ansiedad por demostrar lo que se tiene. Mordaz y muy lúcida sobre nuestras miserias modernas.
10. Better Man – Michael Gracey
Podría haber puesto varias películas para cerrar el top del año, pero me apetecía poner esta que, creo, pasó mucho más desapercibida de lo que se merecía. Un biopic musical sobre Robbie Williams interpretado por un mono en CGI no pinta demasiado bien y, sin embargo, es una película divertida, frenética, con grandes números de baile y, sí, emocionante. Michael Gracey logra que ese simio digital nos importe de verdad y resignifica himnos como ‘Angels‘ o ‘My Way‘ para darnos una redención final tan potente que es difícil no soltar una lágrima. Mucho más que un mono de feria: una genialidad inesperada.