7

Reseña de Hope, de Na Hong-jin

Había bastante curiosidad por ver qué hacía Na Hong-jin después de casi diez años sin dirigir. No hablamos precisamente de un director discreto. Con The Chaser, The Yellow Sea y, sobre todo, The Wailing, se convirtió en uno de los nombres más potentes del cine surcoreano reciente: violento, atmosférico, desbordante, con esa capacidad tan suya para convertir una investigación o una amenaza sobrenatural en una especie de descenso a los infiernos. Por eso, que volviera a Cannes con Hope, en competición oficial y con una de las producciones coreanas más caras de la historia, generaba muchas expectativas.

También porque Hope no parece, en principio, el tipo de película que uno espera encontrar peleando por la Palma de Oro. O quizá sí, porque Cannes también vive de estas anomalías: una superproducción de monstruos, alienígenas, acción desquiciada, humor físico, destrucción a gran escala y tiroteos a caballo en mitad del bosque. En contraste con propuestas muy autorales y muy de mirar al horizonte con cara de sufrimiento europeo.

La película nos lleva a Hopo Port, un pequeño pueblo portuario de Corea del Sur donde la tranquilidad salta por los aires tras un extraño descubrimiento en el bosque. Al principio no sabemos muy bien qué ocurre, y ahí Hope funciona de maravilla. Na Hong-jin retrasa la aparición de la amenaza y juega con algo mucho más eficaz: el miedo a lo que no vemos. Los personajes corren, se esconden, se desorientan, intentan entender una destrucción que les supera. Hay algo invisible -o casi invisible- arrasando el entorno y convirtiendo aquel pueblo en un campo de batalla absurdo, brutal y muy divertido.

Esa primera hora es lo mejor de la película. Na Hong-jin demuestra que sigue teniendo un pulso extraordinario para la tensión física. Todo pesa, todo golpea, todo duele. Los coches vuelan, los cuerpos caen, los personajes tropiezan, se gritan, disparan mal, reaccionan tarde y sobreviven casi siempre por pura suerte. La acción tiene una energía contagiosa pasada por un filtro de comedia negra coreana, con policías rurales y vecinos absolutamente sobrepasados por una situación que nadie les ha enseñado a gestionar. Bastante tienen con entender qué demonios está pasando.

Ese es uno de los grandes aciertos de Hope: su sentido del humor. La película no se toma demasiado en serio, y eso le sienta muy bien. No porque renuncie al terror o a la violencia, sino porque entiende que el caos también puede ser ridículo. Los personajes no son héroes elegantes ni supervivientes perfectamente preparados. Son gente normal, bastante torpe, empujada a una catástrofe gigantesca. Hwang Jung-min encaja muy bien en ese tono como policía rural bonachón e incompetente, un hombre que pasa del estupor a la acción casi sin saber cómo. Hoyeon aporta una energía más directa, más heroica, intentando poner algo de orden en mitad de la matanza. Y Jo In-sung, como cazador del pueblo, introduce ese componente más físico y de western rural que la película abraza sin complejos cuando la acción se desplaza al bosque.

Porque Hope es, ante todo, una película física. No hay demasiado subtexto, si es que hay algo. En realidad tampoco hay mucho texto. Es cierto que el cine de género que triunfa en festivales que no son de género suele traer debajo una tesis, un trauma, una metáfora social o un discurso político listo para ser subrayado en la rueda de prensa. Parásitos, Déjame salir o La sustancia funcionaban como películas de género, sí, pero también como comentarios bastante claros sobre el capitalismo, el racismo, el cuerpo o la industria. Hope, de momento, no juega exactamente a eso. Su interés está en otra parte: en el golpe, en el grito, en el susto, en la persecución, en la risa histérica, en el placer casi infantil de ver cómo todo se va a la mierda. Y digo de momento porque Hope es, en realidad Hope I. Su secuela ya está en proyecto y esta primera parte no acaba. De hecho, abre nuevos hilos que podrían aportar ese contexto y profundidad que no aparecen en Hope.

Seguramente el lector más avispado se habrá dado cuenta de que no he hablado de Michael Fassbender y Alicia Vikander. Dejemoslo en que es por algo…. quizá en esa segunda parte, donde quizá sí que haya trama, subtexto y mensaje, podremos hablar más de ellos. De momento, Hope es solo acción y humor, a raudales.También hay que decir que ese exceso tiene algo refrescante. Hope tiene imágenes poderosas y una forma de entender el espectáculo que no se avergüenza de ser espectáculo. Hope no es la gran obra maestra de Na Hong-jin, pero sí es una película enorme, salvaje, disparatada, a ratos brillante y a ratos agotadora, que se mueve entre el terror rural, la ciencia ficción, la comedia negra y el blockbuster de destrucción masiva como si todo perteneciera al mismo ecosistema. Quizá Cannes no sea su hábitat natural, pero precisamente por eso su presencia allí resulta tan estimulante.

Hope

Media Flipesci:
7
Título original:
Director:
Na Hong-jin
Actores:
Hwang Jung-min, Zo In-sung, Hoyeon, Michael Fassbender, Alicia Vikander