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Reseña de The Diary of a Chambermaid, de Radu Jude

Radu Jude es uno de los cineastas más incómodos, políticos y estimulantes de los últimos años. Rumano, surgido en los márgenes del Nuevo Cine Rumano, ha construido una filmografía hecha de sátira, archivo, mala leche, humor negrísimo y una saludable alergia a la respetabilidad. Aferim! le dio el Oso de Plata a la mejor dirección en Berlín, I Do Not Care If We Go Down in History as Barbarians ganó Karlovy Vary, Bad Luck Banging or Loony Porn se llevó el Oso de Oro, Do Not Expect Too Much from the End of the World confirmó su lugar como uno de los grandes dinamiteros del cine europeo reciente y Dracula llevó su tendencia al exceso hasta un terreno caótico y divisivo. Con The Diary of a Chambermaid, presentada en la Quinzaine des Cinéastes de Cannes, Radu Jude hace algo aparentemente raro en él: una película más narrativa, más contenida, incluso más emocional. Pero que nadie se asuste. Sigue siendo perverso.

La película no es una adaptación fiel de El diario de una camarera, de Octave Mirbeau, sino una apropiación contemporánea. Radu Jude conoció primero la versión de Luis Buñuel en la televisión rumana después de la Revolución y más tarde leyó la novela, que le pareció “más radical, más anarquista, más experimental y más divertida” que sus adaptaciones cinematográficas. Desde ahí, desplaza el conflicto hacia una herida muy actual: la emigración rumana hacia Occidente. Ya no se trata solo de una criada frente a unos patrones, sino de una trabajadora migrante que limpia, cocina y cuida en una casa burguesa de Burdeos mientras su hija crece en Rumanía con la abuela.

Gianina, interpretada por una magnífica Ana Dumitrașcu, trabaja para Pierre y Marguerite Donnadieu, una familia culta, progresista, amable, educada. Gente que bebe vino, cita autores, tiene conciencia social y probablemente vota “progresista”. Y ahí está lo mejor de la película: Radu Jude no convierte a los patrones en monstruos. No hace falta. La explotación funciona perfectamente sin que nadie se comporte como un villano evidente. Basta con que la comodidad de ellos pese siempre más que la vida emocional de ella. Así funciona el mundo. Así funciona gran parte de la élite cultural que se cree de izquierdas.

La estructura de diario divide la película en viñetas fechadas, desde septiembre hasta Navidad. Algunas son escenas domésticas, otras llamadas a Rumanía, otras ensayos teatrales. Gianina interpreta por las noches a una criada en una adaptación amateur de Mirbeau, mientras durante el día trabaja como criada. El recurso podría ser obvio, pero Radu Jude lo maneja bien: el teatro no la libera, sino que duplica su encierro. La ficción permite nombrar una violencia que en la vida real aparece suavizada por los buenos modales.

La línea emocional está en las videollamadas con su hija. Gianina promete volver en Navidad, una y otra vez, y cada repetición hace que la promesa suene más frágil. La tecnología acerca, sí, pero también subraya la distancia. Están siempre disponibles y siempre lejos. La maternidad partida por la economía europea, por la libertad de circulación entendida como posibilidad de que unos se vayan para que otros puedan seguir viviendo cómodamente.

Formalmente, Jude baja el volumen. Hay plano/contraplano, cámara fija, escenas más limpias de lo habitual, menos acumulación salvaje de materiales. La complejidad reside en el choque entre Francia y Rumanía, literatura y vida cotidiana, teatro y trabajo doméstico, progresismo y explotación. También hay humor, claro. En mi proyección hubo muchas risas. Algunas muy incómodas.

No todas las viñetas tienen la misma fuerza y alguna escena se queda por debajo de las mejores. Es el riesgo de una estructura episódica: no todo resulta igual de fascinante, mordaz o incómodo. Pero incluso en sus momentos menos afilados la película mantiene una idea poderosa: Europa como una casa elegantemente decorada en la que alguien limpia, cuida, calla y maldice en otro idioma.

Quizá The Diary of a Chambermaid no tenga la osadía formal de Bad Luck Banging or Loony Porn ni la ambición desbordante de Do Not Expect Too Much from the End of the World. Tampoco lo necesita. Igual que los jefes de Gianina pueden comportarse mal sin parecer villanos, Radu Jude puede seguir siendo perverso sin hacer aspavientos y, así, hacer una de las mejores películas de esta edición de Cannes.

The Diary of a Chambermaid

Media Flipesci:
8
Título original:
Director:
Radu Jude
Actores:
Ana Dumitrașcu, Marie Rivière, Mélanie Thierry, Vincent Macaigne, Amélie Prévot