Tal y como ocurrió con en el Festival de Venecia o en el Zinemaldi, el jurado de la Sección Oficial del Festival de Gijón decidió concentrar sus premios en unas pocas películas, dejando fuera del palmarés a otras que tenían tantos o más méritos que algunas de las premiadas para estarlo. Así el Premio al mejor película y el de mejor actor para Ki Joobong fueron para Hotel by the River de Hong Sang-soo (ya comentada en el artículo anterior), el de mejor director ex aequo de forma irreprochable para el rumano Radu Jude por I Do Not Care if We Go Down in History as Barbarians y la chilena Dominga Sotomayor por Tarde para morir joven, que también se llevaron el premio a la mejor dirección artística y a la mejor fotografía respectivamente. La favorita de Yorgos Lanthimos se tuvo que conformar con el premio a la mejor actriz para la soberbia interpretación de Olivia Colman como reina Ana Estuardo y y la notable Cantares de una revolución de Ramón Lluís Bande, que jugaba en casa, se llevó el Premio Especial del Jurado.

En la sección paralela Llendes, donde se pudo ver el cine más innovador y experimental del Festival, se estrenaron mundialmente dos películas rodadas en euskara y dirigidas por dos mujeres vascas: Muga deitzen da pausoa de Maider Oleaga y Lurralde Hotzak de Iratxe Fresneda.

Gijón 2018 (I): Doblete con premio para Hong Sang-soo y cine indie USA

24/11/2018 - Carlos Elorza

Cine de alto voltaje. Es lo que afirma con todo el sentido el eslogan de esta 56 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón. Porque el cine que se ha podido ver en la ciudad asturiana entre el 16 y el 24 de noviembre es un cine actual, vivo, arriesgado y radical. Desde películas […] Leer más

I Do Not Care if We Go Down in History as Barbarians de Radu Jude

Que traducido al español sería algo así como no me importa que pasemos a la historia como unos bárbaros, fueron las palabras que dieron el pistoletazo de salida a la limpieza étnica en el frente del Este de la Segunda Guerra Mundial en el verano de 1941. Y en esta película, el director rumano Radu Jude como ya hiciera el año pasado en The Dead Nation, vuelve a centrarse, si bien esta vez en clave satírica, en el genocidio de los judíos perpetrado por sus compatriotas colaboracionistas con el régimen nazi. Y lo que queda claro en el film es que para Jude la frase se puede aplicar perfectamente a la actualidad.

Su protagonista es una directora de teatro, alter ego del propio Radu Jude, que decide recrear un capítulo del exterminio de los judíos por parte de los rumanos, la masacre de Odessa tras la conquista de la ciudad, que casi todos tenían ‘olvidada’ o que preferirían no tener que recordar. Un hecho histórico, la toma de Odessa, de la que sólo existen imágenes de archivo de propaganda en las que ni aparece, ni se menciona la masacre. Y en la actualidad, en la época de la dictadura de lo audiovisual, si no existen imágenes de algo, ya se sabe que ese algo no existe.

Mientras va montando la actuación en las instalaciones de un museo de la guerra lleno de uniformes, armas y tanques (hay partes de la historia bélica que no hay problema en ensalzar), deberá enfrentarse a las presiones disfrazadas de consejos de las autoridades locales y de sus propios colaboradores y deberá luchar por conseguir contar su historia y en la forma en la que quiere contarla. Deberá enfrentarse al negacionismo histórico, a la incapacidad del ser humano para enfrentarse a algunos aspectos de su propia historia, y luchar por su construcción del relato, sin renunciar a su integridad artística, su visión y su mirada.

Tras ganar el Globo de Cristal en Karlovy Vary el pasado verano, se ha llevado de forma muy merecida el premio al mejor director y el Gil Parrondo a la mejor dirección artística.

Tarde para morir joven de Dominga Sotomayor

Radu Jude ha compartido el premio al mejor director del festival con la chilena Dominga Sotomayor que ya se llevó esta misma distinción en el último festival de Locarno.

Si bien en la película no se explicita en ningún momento, en su segundo largometraje, la directora de De jueves a domingo, nos lleva al Chile de fin de año de 1989. El fin de año en el que ya se sabía que en unos meses Pinochet dejaría de ser Presidente de la República. Y nos traslada a una comunidad de las afueras de Santiago de Chile en la que vive un grupo de familias con sus hijos en medio de la naturaleza  y que entre otros proyectos hacen planes para la fiesta de fin de año o para conseguir llevar agua corriente a sus casas.

Con una puesta en escena naturalista y una excelente fotografía, también premiada en el festival, Sotomayor logra transmitir detalle a detalle, de forma delicada, pero precisa, una atmósfera especial, de libertad, de liberación, de comunión con el entorno, pero sin que en ningún momento deje de existir la sensación de misterio y de tensión latente. En Tarde para morir joven no hay grandes explosiones dramáticas, pero las tensiones entre los adultos, entre sus jóvenes y entre los padres y los hijos están siempre presentes, en un ambiente de cambios a mejor, pero también de inseguridad y de dudas por hacer algo por primera vez. Tanto en los adultos, como en los jóvenes. Tanto en lo personal, como en lo familiar.

Cantares de una revolución de Ramón Lluís Bande

La primera película asturiana en la competición gijonesa en muchos años se llevó el Premio Especial del Jurado, un original musical político con el que su director vuelve a poner el foco en el recuerdo a los vencidos en enfrentamientos violentos, en esta crónica-homenaje a los protagonistas de la revolución de octubre de 1934 en Asturias.

cantares

Con Nacho Vegas, a veces como cantante del legado musical de la revuelta, otras como lector de los libros que dan testimonio de lo ocurrido, Cantares de una revolución es una emocionante e intensa combinación de documentación histórica rigurosa y manifestación cultural, en la que se mezclan lo prosaico y lo poético y evocador en un acto de justicia y reconocimiento para los derrotados.

Como advierte al principio de la película, Bande no busca la reconstrucción de los hechos. Se apoya en la fuerza de la palabra para reivindicar a los revolucionarios y en la elección de los espacios históricos como localizaciones para recuperarlos para la causa.

Muga deitzen da pausoa de Maider Oleaga

El punto de partida de esta película es apasionante. Cuando esta directora nacida en Bilbao y criada en Vitoria alquila una vivienda para vivir en la Parte Vieja donostiarra, descubre que en esa casa había vivido Elvira Zipitria, una pionera de la lucha de las mujeres en el mundo nacionalista, creadora de un nuevo método de enseñanza en euskara y profesora clandestina del idioma en esa misma vivienda. Sin caer en la peligrosa y simplista hagiografía, Muga deitzen da pausoa, proyecto surgido de Ikusmira Berriak 2015 de Tabakalera, es la traslación al cine de lo que podría contar esa casa sobre Elvira Zipitria si sus paredes hablasen.

En su primera parte, en un ejercicio de ‘arqueología’ de lo reciente, Oleaga descubre imágenes de archivo que proyecta en esas paredes, cartas que lee en esas habitaciones y localiza cuadros, cuadernos, canciones o dibujos que eran visibles en la casa cuando eran clandestinos y estaban escondidos ahora que estaban permitidos. A través de ellos y apoyándose en una voz en off por momentos demasiado prosaica y en la que se echa de menos algo más de fuerza evocadora, establece un diálogo entre Elvira, ella misma, la casa y el espectador.

En la segunda, deja que sean sus propios alumnos los que cuenten de forma directa sus experiencias y sus recuerdos y es la elección del espacio y la forma de rodarlas las que consiguen que no sean meros y convencionales bustos parlantes a cámara y surja la emoción.

Lurralde hotzak de Iratxe Fresneda

Lurralde hotzak es un proyecto personalísimo. No sólo porque Iratxe Fresneda, además de como directora, ejerza de guionista, directora de fotografía, protagonista y narradora entre otras tareas. Mientras sus imágenes nos llevan en el espacio de Navarra y Aragón a Berlín, Dinamarca o Islandia y en el tiempo partiendo desde el presente a los pioneros del audiovisual vasco; su voz en off es un recorrido por los mapas mentales de su autora, un viaje por sus referencias, sus ideas y sus reflexiones.

A todo cinéfilo le ocurre que mucho de lo que ve, oye o siente le trae a la memoria películas, directores, secuencias, textos ya conocidos y le inspiran reflexiones y asociaciones de ideas y conceptos. Cuando como en este caso, el recorrido es por los mapas mentales de una estudiosa del cine doctorada en comunicación audiovisual el número de referencias es numeroso, rico y alejado del canon y los lugares comunes.

Un recorrido que simula el pensamiento de su autora, aunque sea a costa de ponérselo difícil al espectador. Desordenado, impredecible, erudito, arbitrario. Que aborda ideas, las abandona y las retoma continuamente. Que da la impresión demasiado a menudo de avanzar sin un rumbo claro, de encadenar ideas y conceptos de forma caprichosa, más al dictado del pensamiento de su autora que al de la claridad narrativa del film.