7.5

Reseña de Minotaur, de Andréi Zviáguintsev

Andréi Zviáguintsev vuelve a Cannes nueve años después de Sin amor y lo hace con una película que parece arrastrar todo lo que le ha pasado en este tiempo: la enfermedad, el exilio, la imposibilidad de rodar en Rusia y la guerra como telón fondo. Minotaur, rodada en Riga para recrear una ciudad rusa de provincias, es su primera película fuera de Rusia y también una forma de seguir mirando hacia allí sin poder volver del todo.

La película es una adaptación libre de La mujer infiel, de Claude Chabrol, pero donde Chabrol jugaba con la burguesía francesa, la sospecha y la elegancia algo venenosa del thriller conyugal, Zviáguintsev lo lleva todo a un lugar más frío, más seco y más político. El protagonista es Gleb, un empresario naviero interpretado por Dmitriy Mazurov, que vive con su mujer Galina, interpretada por Iris Lebedeva, en una casa enorme, elegante, grisácea y asfixiante. Una de esas casas de cristal y diseño donde todo parece carísimo y, al mismo tiempo, muerto.

Gleb tiene dos problemas. Uno íntimo: sospecha que su mujer le engaña. Otro político: las autoridades locales le exigen que entregue trabajadores para enviarlos a la guerra de Ucrania. Para resolver lo segundo sin perder a sus empleados de confianza, decide contratar nuevos camioneros con sueldos inflados para mandarlos al frente como carne de cañón. Lo que en cualquier persona medio normal provocaría un conflicto moral, en él se convierte en una gestión de recursos humanos.Zviáguintsev convierte el drama doméstico en una prolongación de la maquinaria política. El marido que quiere controlar a su mujer, el empresario que quiere conservar sus privilegios y el Estado que exige sacrificios humanos forman parte del mismo monstruo.

Ese monstruo es el minotauro no es solo, como Leviatán, una referencia mitológica más o menos vistosa. Es esa bestia que necesita ser alimentada con cuerpos. Gleb no es exactamente el monstruo, sino uno de sus alimentadores. Alguien que abre la puerta del laberinto, empuja a otros hacia dentro y luego vuelve a casa a cenar. La película funciona muy bien cuando entiende que la violencia no siempre llega con gritos, golpes o discursos encendidos. A veces llega con una llamada, una reunión, una orden administrativa o una decisión aparentemente práctica. El horror también puede tener forma de Excel.

Formalmente, Minotaur es puro Zviáguintsev. La fotografía de Mikhail Krichman trabaja esa paleta fría, de grises, azules y luces mortecinas, con composiciones tan precisas que casi congelan a los personajes dentro del plano. La casa es importante. No solo como símbolo de privilegio, sino como prisión. Hay algo en sus líneas rectas, en sus cristales y en sus habitaciones demasiado limpias que hace que todo parezca una escena del crimen antes incluso de que ocurra el crimen.

Zviáguintsev no busca el suspense estilizado ni el morbo. De hecho, aplana bastante el erotismo y la tensión propias del género, como si quisiera quitarle al thriller cualquier posibilidad de disfrute culpable. Incluso, tras una escena violenta y criminal, la secuencia se alarga con una torpeza casi física, muy mundana, que roza la comedia muda más negra. No es humor para reírse, claro. Es ver a un hombre incapaz de asumir el peso moral de sus actos, pero muy preocupado por que no quede una mancha donde no debe. Otra vez lo mismo: la muerte como problema logístico.

También muestra Zviáguintsev la brutalidad como herencia. Cultural y doméstica. La guerra no empieza en el frente, empieza mucho antes, en casa, en la educación, en la masculinidad entendida como dominio, en esa idea de que cualquier humillación se repara devolviendo más miedo.No todo encaja con la misma fluidez. La subtrama del reclutamiento es potente y cumple la función de que la película no se quede solo en un thriller de infidelidad con envoltorio ruso, pero no siempre empasta bien con la parte doméstica. A ratos Zviáguintsev parece demasiado empeñado en subrayar el paralelismo entre el Estado, la empresa y la familia. Es un paralelismo interesante, sí, pero la película lo encaja con tanta insistencia que a veces corta el ritmo de la historia principal y eso, en el cine de Zviáguintsev, que requiere paciencia por su ritmo pausado y cocción lenta, a veces juega en su contra.

Minotaur

Media Flipesci:
8
Título original:
Director:
Andrey Zvyagintsev
Actores:
Dmitriy Mazurov, Iris Lebedeva, Varvara Shmykova, Juris Žagars, Anatoliy Belyy