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Reseña de Notre Salut, de Emmanuel Marre

Los franceses han construido muy bien el relato de La Resistencia, pero conviene no olvidar que el régimen de Vichy también fue Francia. No una anomalía caída del cielo, ni cuatro señores despistados con bigote colaborando de mala gana, sino un Estado perfectamente organizado para ponerle la alfombra roja a los nazis. Ahí se sitúa Notre Salut, conocida internacionalmente con el acertado título de A Man of His Time, la película con la que Emmanuel Marre lleva a la competición de Cannes una historia incómoda por partida doble: habla del colaboracionismo francés y lo hace a través de Henri Marre, su propio abuelo.

La película arranca en 1940, con Henri Marre, interpretado por un muy buen Swann Arlaud, llegando a Vichy con un tratado político autoeditado bajo el brazo y titulado “Nuestra salvación”. Dice que quiere “salvar Francia”. En realidad, la película deja bastante claro que no estamos ante un gran ideólogo fascista, sino ante algo quizá más inquietante: un hombre mediocre, arruinado, arribista, dispuesto a encontrar su sitio en el nuevo régimen porque el nuevo régimen, de pronto, ofrece oportunidades. El mal no aparece aquí como una fuerza demoníaca, sino como una posibilidad laboral. En ese sentido, Notre Salut funciona muy bien como reverso burocrático de La zona de interés, de Jonathan Glazer, siendo películas muy distintas, eso sí. Lo que muestra la película es que para contribuir al horror a veces basta con rellenar papeles, asistir a reuniones, hablar de eficacia y convencerse de que uno solo está haciendo su trabajo. En el caso de Henri, esa jerga de ingeniero, esa obsesión por el método y la utilidad, funcionan como coartada moral. No quiere verse como cómplice de nada. Solo quiere ser necesario.

Lo mejor de la película está en su primera mitad, cuando se apoya en la correspondencia entre Henri y Paulette, su mujer. Ahí Notre Salut encuentra una tensión muy precisa entre lo íntimo y lo político. La relación matrimonial revela mejor que cualquier discurso la naturaleza del personaje: un hombre sumiso en casa, casi encogido, pero dispuesto a crecer dentro de una maquinaria infame en cuanto encuentra un hueco por el que colarse. Es en esas cartas, en esa distancia entre lo que escribe, lo que calla y lo que hace, donde la película resulta más afilada.

También funciona muy bien su apuesta formal. Marre evita la película de época solemne y apuesta por la cámara al hombro, la textura casi de vídeo casero y un aire documental que le dan a la película una cercanía incómoda. Por momentos, además, captura comportamientos absurdos dentro de una lógica todavía más absurda: funcionarios, oportunistas y pequeños hombres importantes intentando mantener la compostura mientras todo alrededor ha dejado de tener sentido.

La apuesta más arriesgada y rompedora de la película es el uso de canciones anacrónicas, en ocasiones acompañadas de absurdas coreografías (el momento Popcorn de Hot Butter). Pueden parecer ridículas, pero precisamente por eso tienen sentido. No solo traen la película al presente, sino que subrayan lo ridículos y fuera de época que resultan -o debería resultar- ciertos discursos y comportamientos fascistas, aunque vuelvan una y otra vez disfrazados de novedad. Ahí encaja muy bien el título internacional, A Man of His Time. La película no lo utiliza para absolver a Henri, sino para desmontar esa excusa tan cómoda de “era un hombre de su tiempo”. Más bien viene a decir lo contrario: su tiempo no lo exculpa, lo explica. Y explicar no es perdonar.

El problema es que Notre Salut no mantiene siempre esa precisión. Cuando abandona la correspondencia y se instala más claramente en los pasillos de Vichy, la película pierde fuerza. Sus 155 minutos se notan, sobre todo en un tramo final que se atasca más de lo necesario. Llega un momento en el que la película deja de avanzar y empieza a girar alrededor de ideas que ya habían quedado perfectamente expuestas. La tesis es potente, pero no hacía falta repetirla tantas veces.

Queda una película inteligente, incómoda y formalmente interesante, aunque más estimulante por lo que plantea que por cómo remata todo lo que abre. Notre Salut acierta cuando mira el colaboracionismo no como una monstruosidad excepcional, sino como una mezcla de cobardía, ambición y trámites. Un mal con sello oficial. Un fascismo de oficina. Lo pero es que eso, visto desde el presente, no tranquiliza demasiado.

Notre salut

Media Flipesci:
7
Título original:
Director:
Emmanuel Marre
Actores:
Sandrine Blancke, Mathieu Perotto, Harpo Guit, Mathilde Abd El Kader, Jean-Baptiste Marre