Reseña de Wild Horse Nine de Martin McDonagh

A estas alturas podemos considerar ya a Martin McDonagh un autor. Un director con un estilo propio y perfectamente reconocible. Para bien y para mal. Y, además, con un éxito poco habitual entre el público, la crítica y los académicos. A la estela del incomparable Quentin Tarantino, su combinación de personajes desorientados, violencia tratada con sorprendente ligereza y diálogos ingeniosos y divertidos se ha convertido en su sello personal. Debutó en el largometraje en 2008 con Escondidos en Brujas, con la que consiguió una nominación al Oscar, numerosos premios y distinciones y un moderado éxito de público. Pero su gran salto llegó en 2017 con Tres anuncios en las afueras, que tras presentarse en el Festival de Venecia consiguió sendos Oscar para Frances McDormand y Sam Rockwell, además de una nominación a mejor película. Cinco años más tarde, Almas en pena en Inisherin acumuló más de 150 premios y nueve nominaciones a los Oscar, incluidas las de mejor película, director y las correspondientes a sus cuatro principales intérpretes.

En Wild Horse Nine, McDonagh lleva ese reconocible universo autoral hasta un territorio en principio inesperado: el Chile de los días inmediatamente anteriores al golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende en septiembre de 1973. Sus protagonistas son Chris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell), dos agentes de la CIA destinados en Santiago a los que su jefe, MJ (Steve Buscemi), envía a la Isla de Pascua. Entre las icónicas estatuas y los espectaculares paisajes de la isla, los dos amigos y compañeros recordarán algunas de sus operaciones pasadas, se enfrentarán a nuevas conspiraciones y entablarán relación con dos jóvenes estudiantes de izquierdas interpretadas por Mariana di Girolamo y Ailín Salas.

Decía el cómico estadounidense Steve Allen que tragedia más tiempo equivale a comedia. Años más tarde el propio Woody Allen utilizó esa misma ecuación en Delitos y faltas. Y no seremos nosotros quienes les llevemos la contraria. En primera instancia puede provocar cierta extrañeza la decisión de hacer humor alrededor de una tragedia como el golpe de Estado chileno, que terminó con el gobierno de Allende y dio paso a una dictadura represiva responsable de miles de muertos, desaparecidos, torturados y exiliados.

Porque McDonagh no se limita a colocar una comedia con aquel episodio histórico como telón de fondo. En Wild Horse Nine algunos de los acontecimientos más trágicos de aquellos días son directamente materia para el chiste. Es un terreno peligroso por el que la película transita permanentemente al borde del precipicio y del que sale airosa. El resultado termina siendo ingenioso y muy divertido, gracias tanto a la brillantez de los diálogos como a unas interpretaciones ajustadísimas de todo el reparto.

Chris ha participado durante los últimos 25 años en buena parte de las principales operaciones encubiertas de la CIA y está ya de vuelta de todo. Se encuentra al final de su carrera y también en el tramo final de su vida, circunstancia que parece haberlo liberado de cualquier prudencia. No siente vergüenza alguna al reconocer su participación en operaciones estadounidenses por todo el mundo e incluso aconseja a sus encuentros ocasionales sobre cómo deben comportarse si alguna vez tienen problemas con las fuerzas de seguridad. Está, además, grabando sus memorias, convencido aparentemente de que ya no tiene demasiado que perder.

McDonagh construye alrededor de ese pasado algunos de los mejores chistes de la película, incluido un running gag sobre la posible participación de Chris en el asesinato de Kennedy. Pero detrás de la ocurrencia se va abriendo paso un personaje mucho más complejo. Chris comienza a rebelarse contra aquello que ha hecho durante toda su vida, mientras Lee se debate entre dejarse llevar por la amistad, intentar minimizar los daños o cumplir con la misión que les han encomendado. Son dos amigos enfrentados a un mismo dilema desde momentos vitales y profesionales muy diferentes.

Porque, a pesar del humor constante, Wild Horse Nine está impregnada de una profunda melancolía. Especialmente a través de Chris, un hombre que siente que la vida se le escapa y que comienza a preguntarse qué sentido ha tenido todo aquello a lo que la ha dedicado. Su cinismo y su mirada descreída funcionan como protección frente a un balance vital que resulta bastante menos divertido que las historias que cuenta.

Seguramente no es casual que la película arranque con imágenes de archivo de aquel Chile acompañadas por Gracias a la vida, de Violeta Parra. Los cantautores adquieren una presencia significativa en el relato, mencionados como uno de los objetivos de las fuerzas represoras, y los personajes llegan a asistir a un concierto de Víctor Jara en el que interpreta Volver a los diecisiete. McDonagh utiliza así canciones asociadas inevitablemente a la memoria del país para introducir una tristeza que discurre por debajo de la ligereza aparente del relato.

Y es que, pese a sus continuas idas y venidas, conspiraciones, bromas y situaciones disparatadas, Wild Horse Nine termina siendo fundamentalmente el retrato de su protagonista. Un hombre cínico y descreído pero, al menos cuando llega el momento de hacer balance, suficientemente honesto como para mirar hacia atrás y preguntarse qué ha hecho con su vida. John Malkovich encuentra en él un personaje escrito prácticamente a su medida y ofrece una magnífica interpretación en la que el cansancio, la ironía y la melancolía terminan resultando inseparables.

Pero Wild Horse Nine es también el retrato de una amistad sometida a una prueba definitiva. La relación entre Chris y Lee proporciona a la película algo que va mucho más allá de la sucesión de réplicas ingeniosas: dos hombres que han compartido durante años un mismo oficio descubren que quizá ya no pueden seguir compartiendo una misma forma de entenderlo. El resultado es una especie de extraño western crepuscular ambientado en la Isla de Pascua.

Como suele ocurrir en el cine de Martin McDonagh, queda finalmente la sensación de que el autor británico se empeña demasiado en demostrar lo ingenioso e inteligente que es. Hay frases demasiado conscientes de su brillantez, situaciones construidas para provocar admiración por su audacia y chistes que parecen reclamar nuestra atención incluso cuando la película no los necesita. Pero quizá esa tendencia a pasarse de listo sea también inseparable de aquello que hace reconocible su cine. Para bien y para mal, naturalmente.

Wild Horse Nine

Media Flipesci:
7
Título original:
Director:
Martin McDonagh
Actores:
John Malkovich, Sam Rockwell, Steve Buscemi, Parker Posey, Tom Waits