Ya sabíamos que La odisea no era un material extraño para Christopher Nolan. La historia de un héroe perdido en batallas fantásticas que bajará hasta el mismo infierno para poder regresar a casa con su hijo a quien no ha visto crecer, es la estructura central de Origen o Interstellar. El estudio del héroe, además, es el tema principal de su trilogía de Batman. Así que a cualquiera que haya seguido con interés la filmografía de Nolan, no le habrá sorprendido demasiado la decisión de abordar el clásico de Homero. Lo que sí me ha resultado más sorprendente es que una película aparentemente menos relacionada como Oppenheimer haya servido de núcleo del conflicto emocional de la historia.
Podríamos intentar dirimir hasta qué punto La odisea ha estado siempre presente en el cine de Nolan, o en qué medida ha querido con este viaje a lo esencial hablar de su propio cine y de su forma de transmitir un mensaje. Seguramente hay algo de ambas, porque algunas similitudes son demasiado específicas. En el año en el que Spielberg ha hecho lo mismo de manera más clara con su Disclosure Day, una película sobre los atributos del propio cineasta que le han permitido llevar un mensaje de paz a la audiencia. Nolan parece aplicar la misma idea y se interesa por la relevancia de los cantos y las figuras de los narradores, volviendo una vez más a señalar el horror de la guerra, haciendo una lectura de la obra con ojos de hoy. Odiseo no puede ya recordar bien la cara de su pequeño Telémaco, a quien dejó atrás siendo un niño. Así nos lo hace saber el hecho de que siempre que se nos muestran los recuerdos del niño, no mira a cámara. Solo podemos ver su pelo. Exactamente la misma idea que Nolan utilizó en Origen, cuando Cobb recordaba a sus hijos siempre de espaldas. Esta autorreferencia tan precisa no me parece que pueda ser casualidad. Nolan, no sé si voluntariamente o no, está hablando de su cine.

Hoy no voy a hablar de la épica de gran producción de Hollywood clásico y de cómo luce hasta el último dólar invertido en escenarios reales y extras. Es un lujo. Ni tampoco voy a hablar de esa decisión, en mi opinión completamente equivocada de rodar en IMAX 1:43, de manera que la inmensa mayoría de los espectadores verán la imagen ampliamente mutilada. No es ya una cuestión de más o menos calidad, es perder algo tan importante como la composición y creo que se resiente con respecto a lo que nos tiene acostumbrado el director de foto Hoyte van Hoytema. No voy a hablar del repartazo y de lo bien que están todos. Ni del ritmo al que nos tiene acostumbrados Nolan que hace pasar volando casi tres horas de una historia que ya conocemos. Tampoco hablaré de la banda sonora, menos destacable que las dos anteriores de Ludwig Göransson y, desde luego, menos brillante que las de Zimmer. Y eso que esto último creo que es una de las razones por las que no he llegado al placer que me han provocado otras películas del director. Pero no, no voy a hablar de nada de eso. Tampoco voy a hablar de los papeles femeninos que, quizá por primera vez en la carrera de Nolan, tienen verdadera personalidad propia. No, me voy a centrar en cómo las anteriores películas de Nolan están presentes en La odisea.
La incertidumbre del relato: Memento y El truco final
Una de las particularidades de La odisea de Homero es su sofisticada estructura con varios narradores. Está la narración en tercera persona pero también hay narraciones de los propios personajes. Las aventuras fantásticas de Odiseo están narradas por él mismo, lo que nos permite dudar de ellas. Quizá es el relato fantástico de quien tiene un pasado complicado que quiere suavizar con monstruos metafóricos.
Esta idea de narración descentralizada y de relato no necesariamente fiable la hemos visto antes en el cine de Nolan. Ya desde Memento, en donde el personaje se construía su propio relato que debido a su condición terminaba creyéndose. Insomnio basa su conflicto en que el protagonista sea capaz de mantener en pie su relato falso. Pero donde más ampliamente se aplica esta estructura de narración compartida y, en ocasiones, falsa, es en El truco final. Lo que vamos viendo parte de las lecturas de los diarios de los magos, a sabiendas de que van a ser leídos. Como Odiseo, son narradores interesados y subjetivos, por lo tanto, no fiables. En este artículo sobre la ilusión del tiempo en el cine de Nolan podéis ver un esquema de las narraciones de El truco final, alternando los diarios de los magos.
El rótulo que abre la película lo dice claramente: un tiempo de aparente magia. La odisea es una película de mitología fantástica pero vista desde los ojos actuales y por lo tanto no podemos dar por cierta la magia. Que Odiseo se haya enfrentado a gigantes y sirenas es una interpretación tan válida como la de que esa sea su manera subjetiva y adornada de contar su experiencia cruda y realista, para quien quiera entenderla. En varias ocasiones se ponen en duda las noticias, los rumores, los cantos. Justo después del rótulo lo primero que escuchamos es la voz de Travis Scott, comenzando a contar la historia al público. Sin duda elegido por su condición de rapero, que nos remite a un bardo de nuestros días. El primer aviso de que esta será una historia de narración no fiable y, además, desde los ojos actuales.
La propia narración y la manera de transmitirla es una de las constantes del cine de Nolan, como forma pero también como tema. Tenet comienza con un auditorio a punto de iniciar el espectáculo. El truco final te pide que estés atento, con la sugerente narración de Michael Caine, porque es un truco en sí mismo. Origen es una metáfora de la creación cinematográfica. Así que La odisea comienza con los golpes de bastón de un rapero, un bardo que será uno de los varios narradores. La idea misma de la forma de narración es tratada expresamente por Odiseo cuando decreta que la historia se recuerde a través de cantos, contribuyendo así a la idea de que la fantasía que perdurará está calculada. Un relato épico al servicio del orden, como lo era el de Harvey Dent en El caballero oscuro, para evitar que el pueblo conociera los detalles más sórdidos y desesperanzadores.
La culpa de Prometeo: Oppenheimer
Curiosamente la adaptación está articulada en torno a la culpa por el ingenio al servicio de la guerra. La famosa argucia del caballo de Troya, que se cuenta siempre como una idea gloriosa tiene aquí una contrapartida oscura. La muerte, el saqueo, las violaciones. Como la bomba de Oppenheimer, el caballo permite destruir una ciudad. Y también como en aquella, Nolan pretende sugerir que es un punto de inflexión, una nueva manera de guerra que no es respetuosa con los dioses, que se basa en la mentira. Odiseo es presentado como un guerrero recto que incluso cuando caza hace sonar su arco para ser justo con su presa y no pillarle por la espalda. La trampa del caballo, incluso mintiendo y sacrificando a uno de los suyos, es el inicio de una decadencia que convierte su viaje de regreso en una alegoría de un viaje interior.
En una de sus discusiones con Atenea, que bien podría representar su propia conciencia, esta le pregunta por qué se lamenta de los hechos cuando estos vienen de los dioses. Aquí está una de las claves de la película. Odiseo se responsabiliza como humano de sus propias decisiones y de sus actos. Aquí llega una madurez que va dejando atrás el enfoque mitológico. “Se acaba la era del bronce” afirma Odiseo con una licencia que le lleva a usar terminología moderna. Nada de lo que sucede en la película está motivado por acciones divinas. Aunque se amenaza con una venganza de Poseidón, no queda claro que sea real. Nolan vuelve a responsabilizar, para bien o para mal, a las personas. Como dejaba claro en Tenet: el futuro lo hacemos nosotros. Los humanos desprecian a los dioses (la ley de Zeus) y le cortan el cuello a la estatua de Atenea. La ley del más fuerte o del más ingenioso es la que prevalecerá. Como en Oppenheimer, el problema no está solo en las víctimas directas en la ciudad sino en el artefacto que se ha desencadenado. La guerra personificada por un imponente Agamemnon, que para mí tiene las imágenes más impactantes. Bajo el aparatoso casco, curiosamente, está Benny Safdie, que en Oppenheimer interpretaba al repelente Edward Teller, el padre de la bomba H tan temida por Oppenheimer. Otra elección claramente autorreferencial.

Quizá el mayor problema es que la considerable fidelidad al relato a veces hace que la mirada sea difícil de sostener. Por ejemplo, que después de un viaje de redención y de entender el horror de la guerra, el final sea el que es, implacable por la imposición del original. Como si Oppenheimer acabara la película cogiendo una metralleta. Por otra parte, se le da muchísima importancia al ingenio bélico del caballo, pero sobre todo como reflexión posterior, que está bien hilada pero falta una importancia previa. Vemos la acción a mitad de película, como veíamos en Oppenheimer la prueba Trinity, pero en aquella, toda la primera parte había estado dirigida a ese punto mientras aquí estamos viendo intrigas palaciegas en Ítaca. La historia es la que es y Nolan quiere ser respetuoso, pero el caso es que así la relevancia de la operación del caballo, solo sostenida como recuerdo, no se mantiene tanto. Ni siquiera con los elementos de la Eneida de Virgilio que añade para darle más cuerpo, como el personaje de Sinon.
Origen e Interstellar
Un cuerpo aparece en la orilla, arrastrado por el mar después de un viaje que fue demasiado largo. Años a la deriva sin encontrar el camino de regreso a su familia y a la cordura.

Como decía al principio, son las referencias más obvias. Cobb, el protagonista de Origen, se dedica toda la película a intentar volver a ver a sus hijos. Está perdido en un plano onírico, muy similar al de Odiseo en la playa con Calypso. A Cooper, el protagonista de Interstellar, le ralentizan los efectos gravitatorios, versión físicamente realista de esa desubicación psicológica de Odiseo. La droga, esa flor del loto, es como la droga que se inyectan los soñadores de Origen. Ambas, Origen y La odisea, bien podrían ser entendidas como una alegoría del refugio narcótico. Como le ocurre a Odiseo, Cooper se pierde la infancia de sus hijos y llega cuando ya son mayores. Finalmente -y contrariamente al final del orignal de Homero- Odiseo coge su nave después de ver a su hijo y se vuelve a ir, calcando el final de Interstellar. de En Tenet, por cierto, también tenemos un Telémaco, el que quiere recuperar Kat.
Los años pasan en esos espacios que muchas veces Nolan simboliza con la orilla, el umbral entre la tierra firme y el océano como abismo de la razón. También ahí se daba la tensa espera de Dunkerque, la guerra en un extraño paréntesis desesperante, como la tripulación de Odiseo esperando en la playa a que cambie el viento. Es habitual que Nolan relacione el mar con la locura, con la falta de orden. El mar que te lleva a la deriva de los caprichos de Poseidón hasta que, con suerte, te escupe de vuelta. Un mar donde no puedes hacer pie, en el que la mente está confundida, como la de Leonard en Memento. Precisamente nombra la barbarie, el comportamiento salvaje de saqueo, como “los hombres del mar”. Una manera de señalar aquello que está fuera de la civilización. Esto no está en la obra pero probablemente está inspirado en los pueblos del mar, documentado en restos arqueológicos egipcios que por la época en la que se desarrolla la historia, al final de la edad del bronce, navegaban atacando las costas del meditarráneo.
Como todo buen viaje del héroe, debe haber un descenso a los infiernos. Odiseo viaja al Hades. Cobb viajaba al nivel más bajo de los sueños donde le esperaba su furibunda mujer difunta. Cooper viaja a lo más parecido que hay al infierno en el campo de la astrofísica: un agujero negro. Tanto el paréntesis como el infierno forman parte del arco del personaje afrontando su dolor. Tanto es así en Origen que una interpretación es que todo (o a partir de cierto momento) sucede en la mente de Cobb, en una lucha interna por superar el duelo y volver a la vida real. El dolor de la pérdida y el dolor de afrontar las propias decisiones. Volvemos a Oppenheimer.
Cooper, como Odiseo, rompe a llorar desconsolado. Cooper lo hace al ver el tiempo que ha perdido con sus hijos. Odiseo al escuchar el canto de la batalla. Aquí Nolan aprovecha una interpretación moderna de esas lágrimas, y las achaca al arrepentimiento de quien ha propiciado la matanza, aunque en el texto no sabemos la razón, se puede deber a que recuerda a los compañeros caídos.

Tal fue lo que cantó el eximio aedo, y en tanto se consumía Odiseo, y las lágrimas manaban de sus párpados y le regaban las mejillas. De la suerte que una mujer llora, abrazada a su marido, que cayó delante de su población y de su gente para que se libraran del día cruel la ciudad y los hijos —al verlo moribundo y palpitante se le echa encima y profiere agudos gritos, los contrarios la golpean con las picas en el dorso y en las espaldas trayéndole la esclavitud a fin de que padezca penurias e infortunios, y el dolor miserando deshace sus mejillas—, de semejante manera Odiseo derramaba de sus ojos tantas lágrimas que movía a compasión.
Canto VIII de La odisea
¿Está haciendo Homero simplemente una comparación con un dolor extremo? ¿O está insinuando que el llanto de Odiseo está relacionado con los recuerdos del sufrimiento del enemigo derrotado? Está claro cuál es la lectura que aprovecha Nolan. La idea es sugerente, resignificar el mito del caballo hacia una especie de caja de Pandora bélica que se desencadena por el ingenio humano. Un mito prometeico que se apoya lejanamente en el contexto histórico de la transición de la edad del bronce al hierro. Una época oscura y caótica tras la caída de los grandes imperios y el terror de los pueblos del mar.
En mi opinión, el problema de este viaje de un alma perdida y alejada de su hogar, es que Nolan lo ha hecho ya mejor antes. La sensación de estar absolutamente perdido, atrapado en un universo extraño, es mucho mayor en las otras. Los efectos relativistas de Interstellar y el contraste entre la fotografía del planeta helado y la tierra ardiendo, con el montaje paralelo que evidencia la inexistencia del concepto de simultaneidad es la vez que más lejos he sentido a dos mundos en una sala de cine. La sensación de abismo del subconsciente en Origen, adentrándose en niveles más profundos me provoca una desorientación intensa. Sin embargo, en las aventuras de Odiseo no llego a salir de un asequible crucero por el Meditarraneo. Hay que pensar que para los griegos el mar podría ser tan misterioso como para nosotros el espacio exterior o los lugares más oscuros del subconsciente.
Siento desaprovechada toda la parte de Calypso, no veo que el personaje esté tan desconectado de la realidad de su pasado como en Memento. Me ha faltado aquí que Nolan deconstruya el mundo para llevarme de la mano hacia lo desconocido. No he sentido esa sensación de que me agarre en el primer fotograma y no me suelte hasta el último, no he tenido que aguantar la respiración. No he vivido la habitual “Christopher Nolan experience”.
La trilogía de batman: Aparente magia
En un tiempo de aparente magia. El rótulo inicial es todo un descargo de responsabilidad. Nolan se mueve habitualmente en el terreno de la ciencia ficción colindando con la fantasía, pero es reacio a perder la lógica interna. Así fue como afrontó su particular trilogía de Batman, que después creó escuela, mantener lo esperpéntico dándole una capa de verosimilitud. Su adaptación, que fue rupturista con las anteriores, no partía de la nada. Hizo suyas algunas lecturas del cómic más modernas. Del mismo modo, para casi todo lo que en esta adaptación de La odisea ha tomado una enfoque actual, se ha apoyado en algunos de los muchos análisis del clásico que han querido resignificar o simplemente interpretar subjetivamente la lectura de la obra. El alegato antibelicista, el arco de redención, el maltrato a Helena, que aquí se encuentra claramente contra su voluntad y que está desesperada por transmitir a Penélope que ella no ha tenido la culpa. La referencia al control de las rutas comerciales hacia el mar Negro, como motivación real de la guerra, en lugar de Helena, no está en el original sino que es una interpretación moderna, pero como digo, no de Nolan. Se nota que no solo es una adaptación de la obra (con algún préstamo de la Eneida) sino que hay una trabajo de documentación sobre lo que representa hoy en día, después de innumerables análisis.
Del mismo modo que en Batman Begins mantiene a personajes aparentemente imposibles como el espantapájaros o Ra’s al Ghul, intentando llevarlos a su terreno, en La Odisea tenemos casi todos los pasajes fantásticos del viaje de Odiseo (en algún caso se han fusionado dos). Como ya he comentado antes, con la narración no fiable en primera persona, lo que le da una cierta coartada. Pero además, dentro de la fantasía intenta que la imagen sea menos grotesca y festiva como en las adaptaciones clásicas. Polifemo es un monstruo oscuro, inspirado en Saturno devorando a su hijo de Goya. Como los personajes de su saga del murciélago, es grotesco pero tiene un cierto estilo que transmite verosimilitud.
Nolan es ese tipo de guionista que pretende que cada elemento que incluye en su guión tenga una incidencia directa sobre el tema central de la película, y si no, le sobra. No es costumbrista ni hace retratos, cada cosa que incluye tiene una función. La obra de Homero, por más que tenga lecturas interpretables, es más bien episódica y no necesariamente remando en la misma dirección, nunca mejor dicho. Pasan cosas, y cada episodio tiene su idea pero no necesariamente forma parte de un todo perfectamente diseñado desde el principio, como le gusta a Nolan. Y creo que esto se nota. Intenta llevar las peripecias a su terreno, pero parece mucho más interesado cuando aportan más a su objetivo. El dilema entre el vórtice y el estrecho, sacrificar a algunos para salvar al resto, funciona como el dilema de los barcos de El caballero oscuro. Sin embargo, la misma idea la intenta hacer funcionar en la cueva de Polifemo y está más cogida con pinzas. También está ahí la idea del saqueo ilegítimo a los pueblos más primitivos, pero está muy poco desarrollado. A los lestrigones los despacha rápido porque seguramente no termina de encontrar una razón para darles importancia, más allá de simbolizar enfrentamientos fallidos con otros pueblos. Insisto: Nolan no se contenta con que los hechos hagan avanzar la trama, deben hacer avanzar también la idea de fondo.

La sensación en algunos momentos de la película es que quiere quitarse de encima algunas partes que le interesan menos pero al mismo tiempo no quiere renunciar a la fidelidad argumental a la obra. Se encuentra mucho más cómodo contando la historia de Circe porque ahí puede desarrollar la actitud salvaje de los hombres, violadores y saqueadores, que le encaja con lo que está contando. La secuencia de las sirenas la usa también para adentrarnos en el trauma del héroe, pero a nivel argumental se nota que no quiere tocarla ni con un palo. El resultado son tres horas con mucho ritmo a costa de no profundizar en algunos pasajes, lo que deja cierta sensación de que falta algo -que no solo está mutilada la imagen sino también el relato- o bien que podría haberse ahorrado algunas partes. Quizá con una adaptación más libre. Cuando se estrenó Batman Begins lo más repetido fue “esto no es Batman”. Quizá habría valido la pena haber escuchado ahora de algunos críticos “esto no es La odisea”. Habría perdido el consenso al que se está acostumbrando pero quizá habría sido más creativo.
Uno de los aspectos más distintivos de esta adaptación respecto a las anteriores es su oscuridad, rozando el terror como nunca antes había hecho Nolan. Había jugado con detalles de terror con el Espantapájaros en Batman Begins o con el fantasma de la mujer de Cobb en Origen. La secuencia de la animalización es puro body horror. Ya he comentado que el pasaje de Polifemo es pintura negra, muy alejado de la aventura naif que habíamos visto antes. Y por supuesto, la visita al Hades tiene estética de terror. Nada que objetar a ninguna de estas decisiones de manera aislada, aunque dentro del conjunto creo que se van un poco de tono. Y aquí volvemos a lo mismo, la historia es la que es y Nolan decide respetarla. Es difícil compaginar el body horror desagradable con un cuento de reyes disfrazados de mendigos capaces de tensar un arco mejor que nadie. Chirría un poco. Hay una ingenuidad inevitable en gran parte del relato, lo que no es malo en sí mismo, pero no encaja bien con la oscuridad de otros momentos.
Me cuesta un poco entrar en la película y normalmente Nolan me engancha desde el primer fotograma. El problema está en toda la parte de Ítaca que es la que más se aleja de lo que está contando y donde menos espacio hay para la épica. Sinceramente, creo que ni Nolan tiene demasiadas ganas de contar esa parte. Tiene que citar lo del telar de Penélope, pero lo nombra una vez y ya está porque sabe que eso forma parte de un cuento ingenuo que no encaja con el resto. Los pretendientes, tensar el arco, disfrazarse de mendigo… No puedes pasar del horror de la guerra y el body horror a eso. Creo que es lo que peor funciona y es, principalmente el comienzo y el final, lo que lo hace más grave. Además, la matanza final choca demasiado con el arrepentimiento del destructor de mundos. Al menos, lo salva con una lectura del héroe que ya había hecho en El caballero oscuro. Odiseo ya ha asumido su culpa y sabe que está perdido pero su hijo aún puede ser un rey inocente. Decide por tanto mancharse las manos él, dejando a Telémaco fuera de la espiral de violencia. En definitiva, Odiseo es el héroe que Ítaca merece, pero no el que necesita ahora mismo.
La Odisea
- Título original:
- The Odyssey
- Director:
- Christopher Nolan
- Actores:
- Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong'o
- Fecha de estreno:
- 17/07/2026



