Reseña de The Basics of Philosophy de Paul Schrader.
En su faceta como director, Schrader atravesó una larga etapa irregular desde Aflicción, de 1997, hasta que El reverendo (First Reformed) supuso en 2017 el comienzo, cumplidos ya los 70 años, de una inesperada segunda plenitud creativa. En ella depuró radicalmente su universo. La austeridad formal, heredera de Bresson, convertía la crisis espiritual de su protagonista en una reflexión sobre la culpa individual y colectiva. El contador de cartas y El maestro jardinero prolongaron esa senda mediante otros hombres aislados que intentaban convivir con un pasado imperdonable. En Oh, Canada, la proximidad de la muerte transformaba finalmente la expiación en confesión: memoria, verdad y mentira se confundían en un cine cada vez más desnudo, testamentario y libre.
Paul Schrader lleva medio siglo filmando, con diferentes variaciones, al mismo hombre: solitario, encerrado en sí mismo, prisionero de la culpa y enfrentado a la posibilidad de redención. Una figura que nació en el guion de Taxi Driver, inicio de su fundamental relación con Martin Scorsese, prolongada posteriormente en Toro salvaje, La última tentación de Cristo y Al límite. No deja de resultar significativo que Scorsese reaparezca ahora como productor ejecutivo de The Basics of Philosophy, la película que Schrader ha presentado fuera de concurso en el Festival de Venecia.
En The Basics of Philosophy, Schrader recupera una vez más a ese hombre solitario, encerrado en sí mismo y prisionero de la culpa. John Jorissen (Jack Huston) es un reprimido profesor de Filosofía en Ridgemont College, una pequeña universidad del Medio Oeste estadounidense. Imparte un curso introductorio que da título a la película mientras escribe un libro sobre Baruch Spinoza. Bajo la aparente monotonía de su existencia esconde una antigua transgresión que creía enterrada y cuyas consecuencias regresarán inesperadamente para enfrentarlo a su pasado.
Un par de preguntas formuladas por una alumna, la muerte de su padre y la reaparición de una persona a la que creía definitivamente fuera de su vida funcionan como detonantes del conflicto. La desaparición del progenitor supone para John una paradójica liberación: se desprende de la figura bajo cuya sombra ha vivido siempre, pero pierde al mismo tiempo la red de seguridad que lo ha protegido durante toda su existencia. Porque su padre no solo le dio una vida, sino que prácticamente le «compró» otra cuando las acciones de su hijo complicaron demasiado la primera.

A partir de ahí reaparecen todas las grandes cuestiones del cine de Schrader. El destino frente al libre albedrío, la razón frente a la religión, la culpabilidad, la responsabilidad por nuestros actos, la posibilidad de cambiar, de dejar de ser aquello que fuimos y naturalmente, la redención. Todo ello en un entorno donde resulta fundamental la distancia entre la vida pública y la privada, entre la imagen que proyectamos hacia los demás y aquello que realmente somos y hacemos cuando nadie nos observa.
El problema es que esta vez todo resulta, haciendo inevitable el juego de palabras, demasiado básico. Y no porque Schrader haya alcanzado una nueva depuración estilística que reduzca su cine a sus elementos esenciales, sino por una sensación mucho menos estimulante de simplificación. Están sus temas, sus obsesiones y su personaje arquetípico, pero parecen expuestos de manera demasiado elemental, sin la complejidad moral ni la densidad que habían alcanzado en sus mejores trabajos recientes.
También el contexto en el que se desarrolla la historia parece insuficientemente trabajado. Los detonantes que ponen en marcha el conflicto poseen algo de mecanismo de guion demasiado evidente y determinadas decisiones buscan una contundencia que no siempre consiguen. Especialmente discutible resulta el plano final con el que Schrader decide rematar la película, tan elocuente en su intención como sensacionalista en su ejecución, como si necesitara subrayar visualmente aquello que el relato ya había dejado suficientemente claro.
Tampoco ayudan Jack Huston y Sofia Boutella, que no parecen estar a la altura del complicado reto que se les plantea. En una película construida alrededor de la culpa, la represión, el deseo y aquello que los personajes ocultan, sus interpretaciones necesitarían hacer visible todo lo que permanece sin decir. Pero rara vez consiguen proporcionar a sus personajes esa segunda capa que el guion tampoco termina de desarrollar.
Sorprende igualmente la pobreza visual de The Basics of Philosophy y la falta de fuerza de unas imágenes que pocas veces consiguen traducir cinematográficamente el conflicto interior de su protagonista. Y resulta especialmente llamativo teniendo en cuenta que detrás de la cámara se encuentra Sean Price Williams, responsable de la fotografía de Good Time de los hermanos Safdie, y director y fotógrafo de The Sweet East, trabajos en los que había demostrado una capacidad mucho mayor para crear imágenes estimulantes, sugerentes y visualmente poderosas.
Quizá ahí se encuentre la principal diferencia respecto a El reverendo. En aquella película la austeridad nunca equivalía a pobreza: cada encuadre, cada espacio y cada silencio parecían prolongar el estado espiritual del protagonista. En The Basics of Philosophy, en cambio, la sencillez formal parece demasiadas veces simplemente falta de elaboración. Lo que antes era concentración ahora amenaza con convertirse en reiteración.
Resulta curioso porque la gran pregunta que recorre la película es precisamente si el ser humano puede cambiar. Si podemos escapar de aquello que fuimos, asumir nuestros actos y convertirnos verdaderamente en otra persona o si estamos condenados a repetir una y otra vez los mismos comportamientos. Schrader lleva cincuenta años regresando a esa cuestión mediante personajes diferentes que, en el fondo, siempre han sido variaciones de un mismo hombre.
The Basics of Philosophy demuestra que el cineasta continúa obsesionado por la culpa, el pecado, el libre albedrío y la posibilidad de redención. El problema no es que vuelva a esos temas, sino que esta vez tiene poco nuevo que decir sobre ellos y todavía menos nuevas formas de hacerlo. La pregunta clave que plantea la película es si el ser humano puede cambiar. Da la impresión de que Paul Schrader, no.
The Basics of Philosophy
- Título original:
- Director:
- Paul Schrader
- Actores:
- Dana Delany, Bill Pullman, Sofia Boutella, Jack Huston, Karl Glusman



