Reseña de Primetime de Lance Oppenheim
Después de hacerse un nombre en el documental con Some Kind of Heaven, Spermworld y Ren Faire, Lance Oppenheim debuta en la dirección de largometrajes de ficción con Primetime, una película inspirada en hechos reales que reconstruye la llegada en 2006 de To Catch a Predator al horario de máxima audiencia de la NBC. La cadena buscaba competir con el éxito de Perdidos y encontrar nuevos fenómenos televisivos capaces de ocupar el enorme vacío que habían dejado anteriormente Seinfeld y Friends. Era también un momento de transformación de la televisión estadounidense, en el que las tradicionales series guionizadas comenzaban a compartir cada vez más protagonismo con una telerrealidad que había descubierto que la realidad podía proporcionar un espectáculo más barato, imprevisible y morboso que la ficción.
Adaptada por el guionista Ajon Singh a partir de una serie de artículos publicados en Esquire, Primetime se centra en el momento de mayor popularidad de un formato basado en una premisa tan sencilla como controvertida. Tras una investigación previa, miembros del grupo Perverted-Justice se hacían pasar por menores en internet para provocar encuentros con adultos que pretendían mantener relaciones sexuales con ellos. Cuando estos acudían a una vivienda preparada para la ocasión, descubrían que el supuesto menor era en realidad un cebo y que las cámaras ocultas estaban registrando sus movimientos. Entonces aparecía Chris Hansen para enfrentarlos a sus propias conversaciones y obligarlos a dar explicaciones ante millones de espectadores.
A partir del tercer programa, además, el espectáculo incorporó un elemento adicional: las fuerzas de seguridad esperaban fuera de la vivienda para detener a los sospechosos. Información, entretenimiento y justicia quedaban así integrados dentro de un mismo dispositivo televisivo. Hansen pasó de periodista a estrella y posteriormente a carne de meme, mientras el programa convertía la humillación pública en espectáculo de máxima audiencia.

Robert Pattinson interpreta a Hansen en una película que, pese a avanzar con ritmo de thriller, adopta visualmente muchas de las características del terror arty. Imagen granulada, juegos constantes con las texturas, predominio de la noche, primeros planos y un montaje agobiante contribuyen a generar una sensación de amenaza que nunca abandona el relato. Para conseguir ese aspecto, Oppenheim utilizó el mismo tipo de cámaras digitales con las que se grababa el programa original y posteriormente escaneó las imágenes en 16 mm. El resultado, más que reconstruir de manera realista la televisión de mediados de los 2000, convierte aquel universo en una pesadilla intensa, sucia e incómoda de la que parece imposible escapar.
Hay algo especialmente pertinente en esa elección. To Catch a Predator construía una realidad para poder después presentarla como espontánea. Había una casa falsa, actores interpretando a menores y situaciones provocadas deliberadamente para obtener una determinada reacción, pero las consecuencias para quienes caían en la trampa eran absolutamente reales. Oppenheim recoge esa contradicción y lleva todavía más lejos una historia que ya era suficientemente sórdida por sí misma.
Sin embargo, Primetime decide no detenerse demasiado en el contexto moral de aquellas prácticas. Apenas cuestiona los métodos utilizados por Perverted-Justice ni se interesa por analizar hasta qué punto un medio de comunicación puede provocar una situación para después presentarse como mero testigo de la misma. Tampoco profundiza demasiado en las razones que explican el extraordinario éxito del programa: qué buscaban los millones de espectadores que consumían aquellas humillaciones, cuánto había de preocupación genuina por los abusos sexuales y cuánto de simple fascinación morbosa por contemplar en directo la destrucción pública de otra persona.

Oppenheim prefiere reducir progresivamente el foco y observar cómo la fama, el poder y el éxito afectan a tres personajes implicados directamente en la fabricación del programa. El propio Hansen, la productora Andie Bender (Merritt Wever) y Dan Plumb (Skyler Gisondo), el actor encargado de interpretar al menor utilizado como cebo, reaccionan de maneras diferentes ante un fenómeno que empieza a superarles. Los tres intentan obtener algún beneficio de aquello que están construyendo mientras comprueban también sus consecuencias.
Especialmente Hansen va dejando de ser únicamente el periodista que presenta el programa para convertirse en personaje de su propia creación. El hombre que soñaba con pertenecer a la tradición de los grandes presentadores de informativos estadounidenses descubre que su éxito procede de algo muy distinto: una especie de picota televisiva moderna construida para proporcionar cada semana nuevas víctimas y mantener a millones de personas delante del televisor. La frontera entre periodista y performer, entre información y espectáculo, comienza inevitablemente a desdibujarse.
Ahí se encuentra seguramente la idea más estimulante de Primetime: la justicia convertida en representación. Ya no basta con descubrir al culpable o conseguir que responda ante la ley. Es necesario verlo caer, contemplar su humillación y repetir el ritual la semana siguiente con un nuevo protagonista. La televisión sustituye a la plaza pública y la audiencia ocupa el lugar de la multitud.
Pero precisamente por eso se echa de menos que Oppenheim amplíe su mirada. La película apenas se interesa por las consecuencias que el éxito de To Catch a Predator tuvo en la industria televisiva o en la sociedad estadounidense, ni por aquello que anticipaba de una cultura digital que estaba a punto de transformarse con la llegada del iPhone y las redes sociales. El programa contenía ya buena parte de los mecanismos de la posterior cultura del gotcha: provocar, grabar, exponer, juzgar y convertir la indignación en entretenimiento.
Cuando una de las operaciones termina trágicamente, las certezas sobre las que Hansen había construido tanto el programa como su personaje público comienzan a resquebrajarse. La división confortable entre buenos y malos, inocentes y monstruos, resulta mucho más difícil de mantener cuando las consecuencias dejan de poder controlarse.
Oppenheim consigue que sintamos esa incomodidad con mucha mayor intensidad de la que consigue explicarla. Primetime es formalmente poderosa, turbia y por momentos asfixiante, pero también resulta limitada en su análisis de un fenómeno que daba para mucho más. Prefiere observar la pesadilla desde dentro antes que preguntarse por qué millones de espectadores estaban tan deseosos de contemplarla. Quizá por eso resulta más convincente como thriller y película de terror que como reflexión sobre la televisión que retrata. Y con un tema tan delicado la omisión no debería ser inocente.
Primetime
- Título original:
- Director:
- Lance Oppenheim
- Actores:
- Robert Pattinson, Merritt Wever, Anna Faris, Skyler Gisondo, Bokeem Woodbine



