Reseña de BUNKER de Florian Zeller
Hace seis años, el dramaturgo y director francés Florian Zeller sorprendió con El padre, adaptación de su propia obra teatral que consiguió dos Oscar, al mejor actor para Anthony Hopkins y al mejor guion adaptado para el propio Zeller y Christopher Hampton. Su siguiente película, El hijo, protagonizada en 2022 por Hugh Jackman, Laura Dern y Vanessa Kirby, intentó prolongar la fórmula con resultados bastante menos satisfactorios. Ahora regresa acompañado por Javier Bardem y Penélope Cruz con Búnker, un drama psicológico sobre los miedos de las clases acomodadas y los nuevos ultrarricos en una época dominada por una creciente sensación de incertidumbre.
Miguel (Javier Bardem) es un exitoso arquitecto español instalado en Londres junto a su mujer, Sofía (Penélope Cruz) y sus dos hijas. Allí recibe el encargo que podría suponer la culminación de su carrera: un multimillonario tecnológico interpretado por Paul Dano quiere que construya para él un sofisticado búnker capaz de garantizar su supervivencia y la de su entorno más cercano ante una posible catástrofe. Lo que inicialmente parece una extraordinaria oportunidad profesional termina contagiando a Miguel con una sensación de paranoia y miedo que progresivamente comienza a contaminar también su vida privada.
A esa amenaza se suma muy pronto otra mucho más cercana y cotidiana. Su vecino, interpretado por Stephen Graham, decide abrir una ventana en la pared que da directamente al jardín de Miguel y Sofía, punto de partida claramente prestado de El hombre de al lado, la película argentina de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Allí también una simple abertura entre dos propiedades terminaba desencadenando un conflicto sobre la intimidad, los límites y la convivencia. Zeller utiliza aquí un mecanismo semejante para empezar a resquebrajar un matrimonio que ya arrastraba sus propias fisuras.
Porque Búnker es fundamentalmente una película sobre el miedo. El miedo a perder aquello que tenemos, a que alguien invada nuestra intimidad, a que entren a robarnos en casa, a que no aparezca nuestro gato perdido o, por qué no, a que llegue el fin del mundo. Cada personaje tiene el suyo y Zeller juega inicialmente con las diferentes dimensiones que puede adquirir una misma emoción.

La película proporciona muy pronto una de las ideas que mejor resumen su propuesta. Conservamos aquello que sabemos que es frágil porque somos conscientes de que debemos cuidarlo. Lo que consideramos sólido, en cambio, corre paradójicamente mayor peligro porque dejamos de prestarle atención. Es exactamente lo que sucede con el matrimonio de Miguel y Sofía después de 17 años de convivencia. Ambos han dado por sentada la solidez de una relación que lleva mucho tiempo acumulando pequeñas grietas.
Sofía abandonó parte de sus aspiraciones para acompañar a Miguel a Londres y permitirle perseguir su sueño de convertirse en un arquitecto de prestigio. Ahora comienza a preguntarse si continúa reconociendo al hombre con el que decidió compartir su vida y, sobre todo, si sigue queriendo aquello que ambos creían querer. La aparición de un joven escritor estadounidense, interpretado por Patrick Schwarzenegger, sirve para verbalizar algunas de las inquietudes que ella no había conseguido expresar y para devolverle la conciencia de las ambiciones que fue dejando atrás.
Mientras tanto, Miguel se obsesiona progresivamente con el proyecto del búnker. La paradoja resulta evidente: cuanto más posee una persona, más cosas tiene que perder y, por tanto, mayores son las medidas que considera necesarias para protegerlas. La riqueza extrema no elimina el miedo, sino que puede multiplicarlo. Quien dispone de suficiente dinero ya no necesita limitarse a contratar una alarma o reforzar una puerta. Puede construirse una fortaleza para sobrevivir al apocalipsis.
Durante su primera parte, Búnker utiliza el humor en la mirada a sus personajes, sus mundos y sus miedos. Existe algo ligeramente absurdo en los temores de unos personajes privilegiados que intentan controlar cada posible amenaza. Pero el humor va desapareciendo conforme avanza el relato y el miedo empieza a ocupar todo el espacio.
El propio búnker funciona como la materialización más evidente de esa deriva. Una construcción diseñada para garantizar la seguridad absoluta que termina representando exactamente lo contrario: la imposibilidad de sentirse seguro. Porque siempre puede existir una amenaza nueva contra la que protegerse. Zeller encuentra aquí una metáfora bastante transparente de unas élites económicas capaces de aislarse progresivamente del mundo mientras se convencen de que el mundo exterior constituye un peligro.
Bardem y Cruz sostienen buena parte de la película sobre la creciente distancia entre sus personajes. Más que mediante grandes enfrentamientos, la crisis matrimonial se va haciendo visible a través de sus diferentes maneras de reaccionar ante aquello que ocurre a su alrededor. Lo que para uno representa prudencia puede ser paranoia para el otro; aquello que uno interpreta como defensa de la intimidad puede parecer al otro una reacción desproporcionada. Ya no se trata únicamente de que quieran cosas distintas, sino de que han comenzado a mirar el mundo de maneras incompatibles y Sofía se plantea si su sacrificio merece ya la pena.
Durante buena parte del metraje, Zeller mantiene Búnker al borde del abismo. Su forma de sugerir algunos aspectos puede ser a veces torpe y hasta burdo en algunos casos, pero la película conserva suficiente ambigüedad para que sus ideas funcionen. El problema llega cuando decide que sugerir ya no es suficiente.
En su tramo final, aquello que hasta entonces se había expresado mediante comportamientos, espacios y situaciones pasa a hacerse explícito. Zeller parece dejar de confiar en que el espectador haya comprendido lo que estaba contando y comienza a subrayarlo y a explicarlo. Lo que había funcionado, incluso con cierta torpeza, como un progresivo descenso hacia la paranoia termina convirtiéndose en una demostración demasiado evidente de sus propias tesis. Y es entonces cuando Búnker descarrila definitivamente.
Resulta una lástima porque su punto de partida contiene ideas suficientemente interesantes sin necesidad de explicarlas demasiado. El búnker, la ventana, la familia, la carrera profesional y hasta el gato desaparecido son distintas manifestaciones de una misma obsesión: el temor a perder el control sobre aquello que consideramos nuestro.
Búnker habla de una sociedad que intenta protegerse construyendo muros cada vez más altos y adoptando medidas de seguridad cada vez más extremas sin advertir que quizá aquello que verdaderamente debería cuidar se encuentra dentro. Cuanto más tenemos, más miedo sentimos a perderlo. Y Zeller acierta mientras permite que esa idea vaya infiltrándose poco a poco en la película. El problema es que, llegado un momento, también él parece tener miedo: miedo a que no hayamos entendido su película y necesidad, por tanto, de explicárnosla.
Bunker
- Título original:
- Director:
- Florian Zeller
- Actores:
- Penélope Cruz, Javier Bardem, Patrick Schwarzenegger, Paul Dano, Stephen Graham



