Recomendaciones para el Zinemaldia 2026

30 películas para el 74 Festival de Cine de San Sebastián

Vuelve septiembre y vuelve ese momento en el que intentamos encajar más películas de las que caben en nueve días. Elegir siempre implica dejar algo fuera, y para ayudaros con ese pequeño drama anual hemos preparado nuestras recomendaciones para el Zinemaldia.

Como otros años, mezclamos películas que ya hemos visto con apuestas basadas en las filmografías de sus responsables y en las referencias que llegan de otros festivales. También hay discrepancias dentro de El Contraplano, claro. No hace falta estar todos de acuerdo para reconocer que una película merece una oportunidad.

Y una recomendación antes de empezar: dejad algún hueco para lo desconocido. Los nombres grandes suelen encontrar su camino hasta la cartelera; otras películas quizá no vuelvan a tener una pantalla tan cerca. Parte de la gracia de un festival está precisamente en descubrirlas.

Sección Oficial

Aquí todavía hay bastante de apuesta y de confianza en quienes están detrás de la cámara. Estos son los títulos que más nos llaman la atención entre las películas a concurso, con una escapada fuera de competición para ver a Brad Pitt.

Glaxo, de Benjamín Naishtat

Rojo nos gustó mucho cuando compitió en San Sebastián, y Puan, codirigida con María Alché, tampoco estaba nada mal. Naishtat sabe encontrar conexiones entre los comportamientos cotidianos y la historia política argentina sin convertir a sus personajes en simples portavoces.

En Glaxo, la llegada de un antiguo comisario y su mujer a una pequeña ciudad argentina altera la amistad de cuatro jóvenes. Décadas después tocará enfrentarse a lo que quedó pendiente. Culpa, violencia y un pasado que se resiste a desaparecer: un terreno que le conocemos bien.

Mis muertos tristes, de Pablo Larraín

Al director de No, El club, Ema o Post mortem hay que seguirle la pista siempre. Es cierto que esta vez presenta un proyecto concebido como serie y remontado para su paso por el festival, pero el cruce entre Larraín y el universo de la escritora Mariana Enriquez tiene suficiente interés por sí solo.

Mercedes Morán interpreta a una médica jubilada que puede ver a los muertos. El asesinato de tres adolescentes rompe el equilibrio de un barrio donde los fantasmas empiezan a hacerse demasiado presentes. Terror, violencia social y cuentas pendientes, con Dolores Fonzi también en el reparto. No parece material para una sobremesa tranquila.

Sants, de Mikel Gurrea

Suro me gustó mucho. Por cómo dejaba aflorar las contradicciones de sus protagonistas y por el trabajo con los actores: Gurrea consiguió allí una de las mejores interpretaciones de Victoria Luengo. Nuestra posterior conversación con él confirmó que había un cineasta al que convenía prestar atención.

Ahora vuelve a trabajar con Luengo en una historia bastante inesperada. Mientras afronta la muerte inminente de su madre, una mujer entra en una banda dedicada a robar figuras religiosas. La acompañan Ariadna Gil y Eulàlia Ramón. Una mezcla de duelo y robos de santos que, de entrada, despierta bastante curiosidad.

Tender Loving Care, de Mike Leigh

Mike Leigh es una de esas recomendaciones que apenas necesitan defensa. Quizá no nos regale otra Secretos y mentiras, pero podemos esperar personajes con sustancia, humor y corazón. Su anterior visita, con Mi única familia, recordaba que sigue sabiendo mirar incluso a las personas que más difícil nos lo ponen.

Aquí sigue a dos amigas que trabajan en los servicios sociales británicos, intentando cuidar de otros mientras lidian con sus propias dificultades y con el envejecimiento de sus padres. Un argumento muy suyo. Los primeros comentarios desde Telluride destacan su delicadeza para tratar la amistad, el envejecimiento y la pérdida.

Heart of the Beast, de David Ayer

También hay sitio para una película de supervivencia con Brad Pitt. Ayer suele manejarse bien con la acción física y los personajes curtidos a golpes, como en Sin tregua, Corazones de acero o Beekeeper. No siempre acierta, pero cuando encuentra el tono resulta bastante eficaz.

Pitt interpreta a un antiguo miembro de las fuerzas especiales que, tras un accidente aéreo, queda atrapado en Alaska junto a su perro de combate. Frío, aislamiento y dificultades para seguir vivos. Se presenta fuera de concurso y vuelve a reunir al actor y al director de Corazones de acero. Para quienes quieran intercalar algo de aventura entre tantos dramas.

Perlak

Aquí contamos con más referencias y con bastantes películas ya vistas. Hay nombres que casi se recomiendan solos, algún regreso muy esperado y un debut al que conviene hacer hueco aunque su director todavía no os suene.

Club Kid, de Jordan Firstman

Entre tantos cineastas consagrados, esta es una de las películas que más nos apetece señalar. Junto a Seis meses en el edificio rosa con azul, uno de los descubrimientos de Cannes. Jordan Firstman es actor, guionista y cómico; quizá algunos lo recordéis de Rotting in the Sun, donde interpretaba una versión bastante desatada de sí mismo o de la serie I Love L.A donde interpeta a un histriónico estilista.

En su debut como director de largometrajes encarna a un promotor de fiestas neoyorquino que descubre que tiene un hijo de diez años y debe hacerse cargo de él. Suena a comedia con moraleja incorporada, pero consigue ser divertida y emocionante sin condenar la vida anterior de su protagonista.

Coward, de Lukas Dhont

Después de Girl y de Close, ganadora del Flipesci, Lukas Dhont tiene nuestra atención asegurada. En Coward cambia de escala y se traslada a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, donde un joven soldado encuentra en una compañía teatral un espacio inesperado para el deseo y la ternura.

Quizá no sea tan redonda como sus anteriores películas, pero sigue siendo emocionante y está llena de humanidad. Dhont vuelve a preguntarse por las exigencias de la masculinidad, esta vez en un lugar donde la obligación de demostrar que eres un hombre puede costarte la vida. Y también por la posibilidad de encontrar belleza en medio de todo aquello.

Fjord, de Cristian Mungiu

Aunque en El Contraplano haya alguna voz discordante, Mungiu siempre merece atención. Una segunda Palma de Oro, después de la de 4 meses, 3 semanas y 2 días, refuerza una trayectoria que incluye premios de guion por Más allá de las colinas y de dirección por Los exámenes.

Esta vez traslada sus dilemas morales a Noruega. Sebastian Stan y Renate Reinsve interpretan a unos padres muy religiosos enfrentados a los servicios de protección de menores. Una película incómoda sobre la familia, el Estado y la facilidad con que todos nos convencemos de tener razón. Su recepción ha incluido una discusión sobre sus posibles lecturas conservadoras que también hemos tenido en nuestra web. Conviene verla antes de escoger bando.

Hope, de Na Hong-jin

Si después de varias sesiones estáis cansados de dramas y de películas con más subtexto que argumento, aquí tenéis una buena opción. El director de The Chaser, The Yellow Sea y The Wailing regresa con una amenaza misteriosa que convierte un pequeño pueblo coreano en un caos.

Persecuciones, disparos, destrucción y humor negro, todo rodado con un sentido del espectáculo extraordinario. Especialmente cuando los personajes todavía no entienden qué demonios está pasando. Ojo, no termina, lo deja todo abierto para una segunda entrega, pero tiene una energía contagiosa. A veces también apetece ir al cine para disfrutar viendo cómo todo salta por los aires.

The Man I Love, de Ira Sachs

El presidente del jurado de este año es un cineasta que sabe hacer películas aparentemente pequeñas con muchísimo dentro. Keep the Lights On, El amor es extraño o Passages muestran su habilidad para observar cómo convivimos con el deseo, el amor y el daño que podemos causar a quienes tenemos cerca.

The Man I Love sigue a un artista neoyorquino que intenta continuar creando y amando mientras vive con sida a finales de los ochenta. Rami Malek encabeza el reparto y ha recibido algunos de los mayores elogios de su carrera. Fue de lo mejor que vi en la Sección Oficial de Cannes: una película sobre la enfermedad con muchas ganas de vivir.

Soudain / All of a Sudden, de Ryusuke Hamaguchi

Esta recomendación necesita una pequeña explicación. A mí me pareció demasiado hablada y didáctica, y así lo escribí. Pero mi opinión fue minoritaria dentro de Flipesci y de una crítica interancional que la recibió con mucho entusiasmo. A la gran mayoría les emocionó muchísimo y estamos hablando del director que ganó los Flipesci Anual, Cannois y Vaporetto con La ruleta de la fortuna y la fantasía, Drive My Car y El mal no existe. Desde luego, merece toda vuestra atención.

La película une a la responsable de una residencia francesa y a una directora teatral japonesa enferma de cáncer para hablar de los cuidados, la dignidad y el tiempo que dedicamos a los demás. Con Virginie Efira y Tao Okamoto.

Sucederá esta noche, de Nanni Moretti

El director de Caro diario, La habitación del hijo o Habemus Papam lleva décadas mezclando neurosis, ironía y una mirada muy personal sobre nuestras dificultades para vivir. Carlos acaba de verla en Venecia y nos cuenta que aquí encontramos a un Moretti especialmente romántico.

Louis Garrel y Jasmine Trinca interpretan a dos personas que pasan años encontrándose a destiempo. La película arranca algo dispersa, pero gana cuando se concentra en ellos y en todo lo que podrían haber sido juntos. Hay humor, canciones y una escala en Donostia, con Bruce Springsteen como excusa. No será el Moretti más incisivo, pero parece una compañía muy agradable.

Wild Horse Nine, de Martin McDonagh

Quienes disfrutaron con Escondidos en Brujas, Tres anuncios en las afueras o Almas en pena en Inisherin ya conocen la fórmula de McDonagh: diálogos afilados, violencia, personajes desorientados y bastante tristeza debajo de los chistes.

Esta vez lleva a dos agentes de la CIA a la isla de Pascua en vísperas del golpe de Estado chileno de 1973. John Malkovich y Sam Rockwell son los protagonistas, con Steve Buscemi como su jefe. Desde Venecia, Carlos destaca el reparto y el equilibrio entre comedia y melancolía, aunque también esa tendencia del director a recordarnos lo ingenioso que es. Para bien y para mal, parece que sigue siendo muy suyo.

Minotaur, de Andrey Zvyagintsev

El director de El regreso, Elena, Leviatán o Sin amor nunca ha sido especialmente optimista. Tiene una capacidad extraordinaria para convertir un drama familiar en una mirada sobre la sociedad rusa, su violencia y su degradación moral. Su cine ni siquiera roza la comedia y es una fría autopsia visualmente majestuosa y profundamente pesimista de la sociedad rusa contemporánea y la decadencia moral del alma humana.

En Minotaur, un empresario sospecha que su mujer le engaña mientras recibe presiones para proporcionar trabajadores que puedan ser enviados a la guerra. Los problemas domésticos y la maquinaria del Estado terminan compartiendo una misma lógica. Es fría, áspera y exige paciencia, pero también es una gran película. Ganó el Flipesci Cannois, compartido con Paper Tiger. Si estáis dispuestos a entrar en ese invierno ruso, hay mucho que ver.

Horizontes Latinos

Dos películas que ya podemos recomendar con entusiasmo y otras dos que llegan con muy buenas referencias. Cuatro maneras diferentes de acercarse a la infancia, los vínculos y el paso del tiempo.

Chicas tristes, de Fernanda Tovar

Me gustó mucho esta ópera prima, especialmente por la autenticidad de su mirada y por sus dos protagonistas, Darana Álvarez y Rocío Guzmán. Interpretan a dos amigas adolescentes cuya relación cambia después de que una de ellas sufra una agresión sexual.

Lo interesante está en cómo aborda lo que viene después: una quiere callar y recuperar su vida; la otra quiere actuar. Tovar entiende que acompañar también exige aprender a escuchar y que las buenas intenciones pueden terminar imponiendo decisiones a quien ya ha perdido demasiado control. Tiene algunos subrayados, pero sobre todo tiene sensibilidad y unas actrices estupendas. Un nombre para apuntar.

Seis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo

Uno de los descubrimientos del año. Santamaría parte de su propia infancia, cuando a su padre le diagnosticaron sida, para reconstruir la vida de una familia mexicana a principios de los noventa. Podría haber salido una película tremendista, pero encuentra espacio para el humor, el deseo y las pequeñas estrategias con las que seguimos adelante.

Lo más sorprendente es cómo mezcla ficción, memoria y testimonios reales sin que ninguna pieza parezca añadida para explicar las demás. Sofía Espinosa está magnífica como la madre. Una de las películas más interesantes que vimos en el pasado Cannes y una recomendación muy clara.

Moscas, de Fernando Eimbcke

El director de Lake Tahoe, Club Sandwich y Olmo trabaja con silencios, tiempos muertos y un humor seco que a veces tarda unos segundos en hacer efecto. Su cine parece sencillo, pero sabe muy bien dónde colocar un gesto para que cambie toda una escena.

En Moscas, una mujer solitaria alquila una habitación y acaba compartiendo su espacio con un padre y su hijo, cuya madre está hospitalizada. Rodada en blanco y negro, salió de Berlín con buenas críticas que destacaban la delicadeza del relato y la complicidad entre Teresita Sánchez y el pequeño Bastián Escobar. Para quienes disfrutan viendo cómo una relación se construye sin grandes discursos.

La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti

La fotógrafa Alessandra Sanguinetti lleva más de veinticinco años acompañando a dos primas de la Argentina rural, desde sus juegos infantiles hasta la vida adulta. Pude ver la exposición de fotos en París y era realmente interesante. Además de las fotografías, Sanguinetti también rodó a las dos primas y eso se ha convertido en su primer largometraje, recogiendo ese tiempo compartido. Llega con el Leopardo de Oro de Cineasti del Presente y el premio a la mejor ópera prima de Locarno.

Las críticas destacan la cercanía con las protagonistas y cómo sus sueños, su amistad y sus decisiones van revelando también el mundo en el que viven. También se destaca la mirada afectuosa, sin juicios ni manipulación. De esas películas cuyo mayor acontecimiento puede ser ver pasar una vida.

Zabaltegi-Tabakalera

Aquí hay que venir con curiosidad, la sección menos convencional en estilos y formatos. Conviven películas narrativas con documentales, cortos y propuestas que piden otra manera de mirar. Algunas os entusiasmarán y otras quizá os desesperen, pero pocas se parecerán a lo que encontraréis cualquier viernes en la cartelera.

Pedro en el país, de María Alché y Benjamín Naishtat

Naishtat hace doblete y vuelve a reunirse con María Alché, con quien dirigió Puan. Ella también había dejado una buena impresión con Familia sumergida, ganadora de Horizontes Latinos. Esta vez se acercan al documental para escuchar una vida que parece contener varias películas.

Pedro Catella, hijo de Alicia Eguren e hijo adoptivo de John William Cooke, participó desde niño en la resistencia peronista y pasó después por la Cuba revolucionaria. Su recorrido permite atravesar décadas de historia latinoamericana desde la experiencia personal. Inaugura Zabaltegi con su estreno mundial: todavía estamos ante una apuesta, pero hay motivos para confiar.

Possible Love, de Lee Chang-dong

La íbamos a recomendar antes de que Carlos la viera en Venecia. Después de leer su crítica, todavía más. El director de Oasis, Secret Sunshine, Poesía y, sobre todo, la extraordinaria Burning regresa tras ocho años sin largometraje.

Dos matrimonios de distinta posición social se relacionan durante el rodaje de un documental sobre unos trabajadores despedidos. El deseo empieza a complicar un encuentro que tampoco era inocente desde el principio. Carlos destaca la interpretación de Jeon Do-yeon y la sutileza con la que Lee conecta las diferencias de clase con los movimientos sentimentales de sus personajes. Un director que sigue confiando en que sabemos mirar y sacar conclusiones.

Plan contraplan, de Radu Jude y Adrian Cioflâncă

En El Contraplano somos muy de Radu Jude. Por su humor, su mala leche y su capacidad para encontrar formas nuevas de discutir con la historia y con el presente. Con él conviene entrar en la sala dispuesto a participar en el juego.

Este corto tiene una idea estupenda: enfrentar las fotografías que un periodista estadounidense hizo en la Rumanía comunista con las que la policía secreta le tomó mientras lo vigilaba. El observador observado, convertido en un plano y contraplano tan político como absurdo. Lo firma junto al historiador Adrian Cioflâncă y dura apenas veintidós minutos.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma, de Jane Schoenbrun

Una de mis favoritas de este Cannes. Después de We’re All Going to the World’s Fair e I Saw the TV Glow, Jane Schoenbrun se consolida como une de les cineastes más interesantes de su generación.

Una directora recibe el encargo de resucitar una franquicia de terror y se obsesiona con la actriz que protagonizó la película original. Hannah Einbinder y Gillian Anderson están estupendas en este encuentro entre el deseo, la identidad y las imágenes con las que aprendimos a mirar. Hay sangre, humor y mucho que interpretar. No es para todos los públicos, pero si entráis en su propuesta podéis pasar un muy buen rato.

Weichen / Dust / La deriva, de Tsai Ming-Liang

Tsai Ming-Liang en San Sebastián, esta vez también dentro de la pantalla: su Caminante, interpretado por Lee Kang-Sheng, recorre Donostia y sus alrededores con esa lentitud extrema que obliga a mirar de otra manera un lugar conocido.

El director de Vive l’amour, El agujero y Goodbye, Dragon Inn es uno de los grandes nombres del cine contemplativo. Algunos dirán que su propuesta de minimalismo extremo es como ver crecer la hierba; otros encontrarán una manera de descubrir el tiempo, los cuerpos y los espacios. Su cine requiere disposición, pero la poesía de sus imágenes explica la admiración que despierta entre tantos cineastas.

Lejos de los árboles, de Meritxell Colell Aparicio

Llega de Locarno con el FIPRESCI (no confundir con el Fliepsci) y el Boccalino d’Oro a la mejor película. La directora de Con el viento y Dúo sigue a una artista sonora mexicana que recorre Perú grabando lenguas amenazadas de desaparición. Ese viaje la acerca también a la memoria de su familia y al exilio de su abuelo.

Las reseñas han destacado la belleza de las imágenes y, especialmente, un trabajo sonoro que hace de la escucha el centro de la experiencia. Su narración es fragmentaria y a ratos se acerca a lo fantástico. Una propuesta exigente, pero con argumentos para prestarle mucha atención.

Jaleos, de Isaki Lacuesta

Lacuesta tiene dos Conchas de Oro, por Los pasos dobles y Entre dos aguas, y una filmografía que también incluye La leyenda del tiempo, Un año, una noche o Segundo premio. Le interesa probar caminos distintos, mezclar registros y asumir riesgos. No siempre acierta, pero cuando lo hace da en el clavo.

En Jaleos vuelve al flamenco con una película de archivo que lo relaciona con la modernidad, la cultura popular, la política y las máquinas. Una historia construida mediante asociaciones inesperadas, lejos de la explicación ordenada de un manual. Clausura Zabaltegi y parece una buena ocasión para dejarse sorprender. 

La belle année, de Angelica Ruffier

Vaciar la casa de un familiar puede convertirse en una forma bastante incómoda de revisar la propia vida. Tras la muerte de su padre, con quien mantenía una relación difícil, Angelica Ruffier encuentra los diarios de su adolescencia y recupera el recuerdo de su enamoramiento de una profesora.

Su debut en el largometraje mezcla la exploración autobiográfica con una mirada al deseo que sigue vivo en esos cuadernos. Ganó un Premio Especial del Jurado en Rotterdam, y las primeras reseñas destacan la delicadeza y la libertad con las que se acerca a ese pasado. Una de las propuestas menos conocidas de la selección, pero con buenas razones para descubrirla.

The Loneliest Man in Town, de Tizza Covi y Rainer Frimmel

Los responsables de La pivellina, Mister Universo y Vera llevan años moviéndose entre el documental y la ficción para retratar a personas que suelen quedar fuera de foco. Aquí acompañan al músico de blues Al Cook, cuyo apartamento vienés, lleno de discos y recuerdos, está amenazado por la demolición.

La pérdida de ese refugio abre la posibilidad de recuperar un viejo sueño. Tuvo una buena recepción en Berlín, donde obtuvo el premio Giuseppe Becce, y las críticas han destacado su humor y su ternura. Una película sobre hacerse mayor, resistirse a desaparecer y seguir encontrando motivos para tocar.

Made in Spain

Seize moments de ma vie / Sixteen Moments of My Life, de Albert Serra

Serra vuelve después de ganar la Concha de Oro en 2024 con Tardes de soledad. El director de Honor de cavalleria, La muerte de Luis XIV y Pacifiction nunca ha tenido demasiado interés en facilitarle las cosas al espectador, pero esta vez parte de una propuesta aparentemente más directa: filmar un concierto de Ingrid Caven en París.

La actriz y cantante alemana recorre dieciséis momentos de su vida acompañada por Molforts. Serra cede el protagonismo a su voz, su cuerpo y su presencia, aunque las críticas de Locarno siguen encontrando su capacidad para crear una experiencia hipnótica. Puede parecer su película menos autoral; convencional, por lo que cuentan, tampoco es.

New Directors

Por su naturaleza, la sección más difícil de recomendar. Óperas primas o, como mucho, segundos trabajos, sin estrenos previos. Así que , sin filmografía previa en la que apoyarse aquí todo es intuición… y conocer a gente de la industria que te cuenta cosas. 

Sieben Tage Februar / February, Seven Days (Siete días de febrero), de Tatjana Moutchnik

Es su primer largometraje, pero Moutchnik ya conoce el Zinemaldia: participó en Nest en 2014 con el corto The Last Kiss y el año pasado ganó los dos premios de WIP Europa con esta película entonces todavía en construcción. Ahora regresa para su estreno mundial. Un recorrido que invita a seguirle la pista.

Dos hermanos ucranianos se reencuentran en Alemania para enterrar a su madre, justo antes de la invasión rusa. Las diferencias sobre cómo despedirla hacen aflorar otras sobre la familia, las tradiciones y la relación con el país que dejaron atrás. Memoria e identidad en una reunión familiar a la que la historia acaba entrando sin llamar.

Obuvkite na bashta mi / My Father’s Shoes, de Hristo Simeonov

El primer largometraje del búlgaro Hristo Simeonov parte de una situación tan sencilla de explicar como difícil de afrontar: una joven debe reconocer el cadáver de un padre al que apenas conoció. Su madre se niega a hacerlo y esa ausencia que había marcado sus vidas adquiere, de pronto, una presencia muy concreta.

Esta coproducción entre Bulgaria y Francia cruza juventud, familia y música en un pueblo apartado, con una protagonista obligada a enfrentarse a los silencios de los adultos. Nos interesa esa posibilidad de mirar la herencia familiar desde quien todavía está intentando decidir qué vida quiere llevar. Una apuesta por descubrir.


Antes de que nos preguntéis: No, no nos hemos olvidado de La bola negra. Simplemente, nosotros no somos tan fans (por lo menos los que la hemos visto ya). De todas formas, la película viene con tanta expectación que no necesita ninguna recomendación…