‘Ghost Song’: cuarenta noches sin enamorarnos

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Reseña de Ghost Song, de Fatih Akin

Ghost Song, la película con la que Fatih Akin inaugura la Sección Oficial del Zinemaldia, empieza en lo más alto de Hamburgo, en la torre Heinrich Hertz. Allí se celebra una fiesta de graduación y allí conocemos a Farasha, que coincide en la barra con Faris. Los dos acaban de terminar el instituto, comparten raíces de oriente medio y se gustan enseguida. Intercambian sus números con un «beso» entre sus iPhone y poco después vuelven a encontrarse en un ascensor, donde el plano y el contraplano dejan bastante claro que tienen ganas de seguir conociéndose. Hasta ahí, una noche que promete.

Pero la amiga de Farasha ha bebido demasiado y Faris se ofrece a llevarlas en coche. Llueve, es de noche y la carretera tiene un tramo en obras que el guion se preocupa de anunciarnos. Entre la tormenta, esa pistola de Chéjov y el título de la película, no hace falta ser especialmente perspicaz para saber que el viaje va a acabar mal. El accidente mata a Farasha y deja a Faris al borde de la muerte. Por cierto, me niego a considerar un spoiler algo tan anunciado y que, además, cuenta la propia sinopsis oficial.

A partir de ahí, Akin empieza a tener un problema bastante serio con el tiempo. Al día siguiente, Faris está solo en la habitación del hospital, nadie parece tener demasiados inconvenientes en que salga y tampoco arrastra secuelas de un accidente que casi acaba con él. Su amigo no parece especialmente afectado por lo que ha ocurrido. Da la sensación de que deberían haber pasado unos cuantos días, quizá bastantes más, para llegar a ese punto; pero el director tiene prisa por ponerse con otra cosa y despacha las consecuencias del accidente como si fuesen un trámite. Cuesta creer en lo que les ocurre a los personajes cuando ni siquiera quienes los rodean parecen darle demasiada importancia.

La temprada muerte de Farasha también afecta a todo lo que viene después. Apenas hemos tenido tiempo de conocerla, mucho menos de encariñarnos con ella, cuando la película empieza a pedirnos que sintamos su pérdida. El flechazo puede ser inmediato para los personajes; que nosotros nos interesemos por ellos necesita algo más. Entiendo que Akin quiera construir esa relación después de la muerte, pero lo que tendría que justificar la intensidad de ese amor acaba quedándose en una sucesión de encuentros que dan por hecho lo que todavía no nos han hecho sentir.

Porque Farasha encuentra la manera de visitar a Faris en sus sueños. Puede hacerlo durante cuarenta noches, y solo cuarenta, así que el romance tiene fecha de caducidad y la película una cuenta atrás con la que tratar de aumentar la emoción. Ahí empieza una lucha entre Eros y Tánatos, entre las ganas de vivir y la tentación de dejarse llevar por la muerte. Originalísima, claro. Ghost Song tan pronto recuerda a El cielo sobre Berlín como a Ghost, y en ambos casos sale perdiendo. El amor fou que pretende levantar sobre aquel encuentro acaba cayendo en un melodrama cada vez más cursi y, en algunos momentos, bastante ridículo.

La comparación con Ghost, por cierto, tampoco es una ocurrencia demasiado rebuscada. El propio Akin la ha citado entre sus referencias, junto a películas de anime como Your Name y A Silent Voice. Su interés por acercarse al imaginario de un público más joven ayuda a entender algunas de las elecciones de la película. Pero conocer los referentes no resuelve el problema: por mucho que el amor atraviese mundos, sueños y fronteras, seguimos necesitando que haya algo entre esas dos personas que sostenga semejante despliegue. Contar las noches que les quedan tampoco hace que nos importen más.

Akin mantiene algunas de las constantes de su cine. Farasha es una refugiada siria y se intuye, de pasada, la dureza del viaje que la llevó hasta Europa. Faris, como el propio director, es un hijo de turcos nacido en Alemania. Ahí está esa experiencia de pertenecer a dos mundos y, a la vez, no terminar de encontrar sitio en ninguno que tantas veces le ha interesado. El problema es que aquí apenas pasa de ser información sobre los personajes. Podríamos esforzarnos en relacionar el viaje de Farasha hasta Alemania con ese otro viaje entre la vida y la muerte, buscar un paralelismo entre las fronteras que ha tenido que cruzar y la que ahora trata de atravesar para encontrarse con Faris. Pero sería rizar el rizo, y poner bastante más de nuestra parte de lo que pone una película mucho más simple que eso.

También siguen ahí los personajes al límite y las pasiones destructivas. Akin sabe lo que es trabajar con gente impulsiva, que se deja llevar por emociones extremas y toma decisiones que difícilmente pasarían por sensatas. En Contra la pared esa intensidad tenía un peso que permitía entender a sus protagonistas incluso cuando se empeñaban en hacerse daño. Aquí encontramos algo de aquel impulso, pero dentro de la lógica de un amor adolescente que no se ha construido bien desde la base. La película va aumentando la gravedad de lo que sucede mientras nosotros seguimos esperando un motivo para creérnoslo.

Y es que el guion tiene bastante más de telefilme de lo que Akin parece dispuesto a admitir. Para compensarlo, lo rueda de una manera ampulosa, muy pendiente de la belleza de las imágenes y de dar importancia a cada momento trágico. Se recrea, alarga, insiste y vuelve a insistir, como si la emoción tuviese que llegar por acumulación. Hay una voluntad estética evidente, pero cuesta encontrarle sentido cuando las imágenes parecen más preocupadas por resultar hermosas que por ayudarnos a entender lo que les pasa a los personajes.

Conforme se acerca la última noche, da la sensación de que Akin tampoco sabe demasiado bien qué hacer con la historia. Acaba empujándola hacia un final forzadísimo, que busca una emoción que la película no se ha ganado y que, para mi gusto, resulta muy poco efectivo. La Sección Oficial acaba de empezar y todavía quedan muchas películas por delante. Esperemos que no necesiten subir a lo más alto de Hamburgo para levantar el nivel.

Ghost Song

Media Flipesci:
4
Título original:
Director:
Fatih Akin
Actores:
Mariam Dawoud, Eren M. Güvercin, David Schütter, Anna Bederke, Carlotta von Falkenhayn