Películas del Festival de San Sebastián que ya hemos visto
Como ya es tradición en el equipo de El Contraplano, nuestro recorrido por diversos festivales internacionales a lo largo del año y nuestras escapadas al otro lado de la muga para seguir la cartelera francesa nos permiten llegar a septiembre con parte de los deberes hechos. Una vez más, el Zinemaldia ya está aquí y hemos tenido la suerte de disfrutar de un buen puñado de las películas que se proyectarán estos días. Aquí os dejamos un pequeño resumen con nuestras impresiones de cada una y los enlaces a las críticas completas. Esperamos que os sirvan de brújula para que podáis configurar vuestra siempre difícil agenda en esta 74ª edición.

Perlak
Minotaur, de Andréi Zviáguintsev
Nueve años después de Sin amor, Zviáguintsev regresó a Cannes con su primera película rodada fuera de Rusia. Minotaur es una adaptación libre de La mujer infiel, de Claude Chabrol, trasladada a una ciudad rusa de provincias marcada por la guerra de Ucrania.
Su protagonista, un poderoso empresario naviero, sospecha que su mujer le engaña mientras las autoridades le exigen trabajadores para enviarlos al frente. Zviáguintsev conecta el control dentro de la pareja, la explotación empresarial y la maquinaria del Estado: tres formas de poder que necesitan cuerpos para seguir funcionando. El horror puede tener forma de reunión, llamada telefónica o decisión aparentemente práctica.
Estamos ante una película fría, asfixiante y muy poderosa. Visualmente poderosa y anímicamente pesimista. No por casualidad fue una de las dos ganadoras ex aequo del Flipesci Cannois.
- Recomendada para seguidores de Zviáguintsev y amantes de los dramas morales de cocción lenta.
Coward, de Lukas Dhont
Tras Girl y Close, Lukas Dhont cambia de escala; pero no tanto de preocupaciones. Sus personajes siguen siendo jóvenes obligados a definirse en un mundo que ya ha decidido por ellos. La diferencia es que ahora los sitúa en el lugar más hipermasculinizado y destructivo posible: las trincheras de la Primera Guerra Mundial.
La película nace de unas fotografías reales de soldados que montaban obras de teatro y se vestían de mujer para entretener a sus compañeros. En ese escenario, protegido momentáneamente de la violencia exterior, surge el romance entre Pierre, un joven granjero, y Francis, el sastre encargado de organizar la compañía teatral.
Dhont utiliza el teatro como refugio y resistencia y convierte el título en una pregunta: ¿es cobarde quien se niega a matar, quien no quiere morir por una causa ajena o quien necesita destruir cualquier forma de ternura para sentirse hombre? Una película bellísima, sincera y emocionante.
- Recomendada para espectadores interesados en otra forma de acercarse al cine bélico.
Fatherland, de Paweł Pawlikowski
Fatherland se sitúa en 1949 y sigue a Thomas Mann en su regreso a Alemania después de dieciséis años de exilio. Le acompaña su hija Erika, interpretada por una extraordinaria (com siempre) Sandra Hüller, en un viaje entre Frankfurt y Weimar, entre las zonas occidental y oriental de un país que todavía no ha levantado el Muro, pero ya ha empezado a dividirse.
La película tiene algo de road movie existencial. Padre e hija atraviesan una Alemania destruida en un Buick negro, descubriendo que la patria a la que intentan regresar ya no existe. Pawlikowski vuelve al blanco y negro, al formato cerrado, a los silencios y a los personajes empequeñecidos frente a la Historia. Una fórmula reconocible que por momentos amenaza con convertirse en cine de prestigio demasiado consciente de su propia belleza. Más intelectual que Ida o Cold War, pero igualmente preciosista.
- Recomendada para aficionados al cine histórico, la literatura y los dramas sobre el desarraigo y la memoria europea.
Fjord, de Cristian Mungiu
La Palma de Oro de Cannes traslada la mirada de Cristian Mungiu desde Rumanía hasta Noruega. Allí vive una familia rumano-noruega de educación cristiana muy rígida. Cuando aparecen unas marcas en el cuerpo de una de las hijas, los servicios sociales separan a los cinco niños de sus padres y ponen en marcha una maquinaria legal y burocrática difícil de detener.
Mungiu no absuelve a la familia, autoritaria, patriarcal y partidaria del castigo físico, pero tampoco acepta que el Estado sea automáticamente justo porque sus intenciones sean buenas. Fjord pregunta hasta dónde puede llegar una sociedad para proteger a unos menores, cuándo la prevención se convierte en prejuicio y qué debe hacer una cultura tolerante con quienes rechazan sus valores.
Una película incómoda, seca y muy sólida, donde nadie tiene toda la razón y todos parecen dispuestos a utilizar el sufrimiento ajeno para imponer su relato. La ultraderecha encontró motivos para apropiársela y parte de la crítica progresista para acusarla de reaccionaria. Yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos lecturas.
- Recomendada para quienes disfruten de los dramas morales sin respuestas sencillas y del los conflictos morales del cine de Mungiu.
Hope, de Na Hong-jin
Casi diez años después de The Wailing, Na Hong-jin regresó a Cannes con una superproducción de monstruos, alienígenas, acción desquiciada, humor físico y destrucción a gran escala. Algo no demasiado habitual en la competición por la Palma de Oro y precisamente por eso muy estimulante.
La película se desarrolla en un pequeño pueblo portuario de Corea del Sur en el que una amenaza apenas visible lo arrasa todo. Su primera hora es extraordinaria: coches volando, personajes que disparan mal, policías desorientados y gente normal intentando sobrevivir a una situación para la que nadie está preparado.
Hope no parece tener demasiado subtexto. Tampoco mucho texto. Su interés está en el golpe, el susto, la persecución y el placer infantil de ver cómo todo se va al garete. El problema es que Hope es, en realidad, Hope I: no termina, abre nuevas tramas y deja para su futura continuación cualquier posible explicación. Salvaje, refrescante, disparatada y también algo agotadora.
- Recomendada para amantes del cine de género, la acción coreana y las películas que no tienen miedo a pasarse de vueltas.
La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi
Los Javis dieron en Cannes su salto definitivo al cine autoral de gran formato con una película queer, lorquiana, histórica, melodramática y tremendamente ambiciosa. Parte de las cuatro páginas y los esquemas que Federico García Lorca dejó escritos antes de ser asesinado para construir un fresco sobre el deseo homosexual, la represión y la memoria.
La película tiene imágenes de enorme fuerza, momentos de gran lirismo y un reparto magnífico, con Carlos González y Guitarricadelafuente especialmente inspirados. También confirma que Javier Calvo y Javier Ambrossi son directores cada vez más sólidos y que siguen sin miedo a arriesgar de verdad.
El problema es que La bola negra quiere abarcarlo, explicarlo y subrayarlo todo. Acumula personajes, líneas temporales, símbolos, discursos y subntextos hasta perder buena parte de su fuerza emocional. Su tramo final se alarga demasiado y confía muy poco en el espectador. No es una película redonda, pero a pesar de sus errores hay que reconocer la ambición.
- Recomendada para seguidores de Los Javis y amantes del melodrama queer, el artificio y las películas que se equivocan por exceso.
Soudain / All of a Sudden, de Ryusuke Hamaguchi
Hamaguchi nos lleva a una residencia de mayores en las afueras de París. Allí trabaja Marie-Lou, interpretada por Virginie Efira, una directora empeñada en aplicar una filosofía de cuidados basada en la escucha, el contacto y la dignidad. La llegada de una directora teatral japonesa enferma de cáncer devuelve al cineasta a uno de sus territorios habituales: el teatro como espacio de revelación y herramienta para afrontar el trauma.
Lo más interesante está en cómo convierte los cuidados en un asunto político. Qué hacemos con los cuerpos que ya no producen, con los ancianos, los enfermos y quienes necesitan un tiempo que el capitalismo considera poco rentable.
El problema es que Hamaguchi parece decidido a explicar todas sus ideas. La película habla muchísimo y durante buena parte de sus 196 minutos se parece más a un podcast conversacional que a una obra cinematográfica. El tramo final recupera algo de emoción y belleza, pero también encadena demasiados falsos finales. Tengo que puntualizar que la mayor parte de mis compañeros Flipesci y de la crítica internacional consideraron que era una de las mejores películas del año.
- Recomendada para espectadores muy pacientes, seguidores de Hamaguchi y personas interesadas en la política de los cuidados.
The Man I Love, de Ira Sachs
Ira Sachs, presidente del jurado de esta edición del Zinemaldia, regresa a Nueva York, al final de los años ochenta y a la escena teatral queer del Downtown. Jimmy George, interpretado por Rami Malek, es un artista enfermo de sida, carismático, egocéntrico, seductor y agotador. Su pareja se ocupa de los medicamentos y de sostener una relación que hace tiempo que dejó de ser únicamente amorosa para convertirse también en una rutina médica y emocional.
La enfermedad está presente, pero Sachs evita convertir la película en uno de esos dramas solemnes que saben constantemente que están hablando de algo importante. The Man I Love trata sobre la muerte, pero sobre todo sobre cómo seguir deseando, creando, cantando y fastidiando a quienes te quieren cuando sabes que el tiempo se termina.
Malek está deliberadamente pasado de vueltas, mientras Tom Sturridge aporta el contrapeso desde la soledad del cuidador. Una película delicada, auténtica y mucho menos lánguida de lo que suele ser habitual en el director.
- Recomendada para amantes de los dramas íntimos, el teatro y el cine de Ira Sachs.
Club Kid de Jordan Firstman
La sinopsis de Club Kid puede hacer temer una comedia convencional sobre la necesidad
de madurar de un personaje hedonista y despreocupado cuando debe hacerse cargo de
un niño, pero una de las virtudes del debut en el largometraje de Jordan Firstman consiste
precisamente en esquivar las moralejas previsibles y conseguir que un material
reconocible resulte fresco, actual y genuino. Su protagonista, Peter, prolonga además el
personaje homosexual, sarcástico, narcisista, descarado y provocador que Firstman ha
ido construyendo en sus cortometrajes anteriores, que llevó hasta la caricatura en Rotting
in the Sun y domesticó posteriormente en la serie I Love L.A. en la que interpreta al amigo
estilista de la protagonista.
Club Kid, dirigida, escrita y protagonizada por el propio Firstman, introduce una dimensión
inesperadamente emotiva en ese universo sin renunciar a la ironía. Firstman evita
presentar el hedonismo, las drogas o la cultura de los clubs gays como síntomas de una
adolescencia de la que necesariamente haya que escapar. Su película habla más bien de
responsabilidades, afectos y modelos familiares alejados de las convenciones,
defendiendo la posibilidad de crecer sin renegar de la propia identidad. Incluso cuando se
aproxima al melodrama, consigue mantenerse lejos del sentimentalismo fácil. [Carlos Elorza]
- Recomendada para los convencidos de que una comedia sobre las relaciones familiares no tiene por qué ser una comedia familiar o para los que buscan una comedia con momentos dramáticos sobre la relación entre un padre y un hijo en un ambiente queer fresca, original y descarada.
Le Corset / Iron Boy, de Louis Clichy
Un trazo sencillo en 2D y unos delicados colores de acuarela le bastan al francés Louis Clichy para dotar de vida y personalidad a Iron Boy. Tras su experiencia como animador en Pixar y la dirección de dos entregas animadas de Astérix, Clichy se adentra en un cine más adulto sin perder la calidez y transparencia de la animación destinada al público joven. La historia de Christophe, un niño obligado a llevar un corsé metálico debido a sus problemas de columna, rehúye además los lugares comunes del relato de superación.
Porque Iron Boy habla tanto de las limitaciones físicas como del descubrimiento de nuevas vocaciones, de la amistad o de las dificultades de la vida rural. La necesidad de ayudar a su padre ante la crisis de la granja familiar entra así en conflicto con otros horizontes que comienzan a abrirse ante Christophe. Clichy narra esta pequeña epopeya con una admirable normalidad cotidiana, sin subrayados sentimentales. El encanto visual, la sinceridad y la calidad humana convierten la película en una delicada delicia capaz de interesar a niños y adultos que ganó el Premio Especial del Jurado de Un Certain Regard en el último Festival de Cannes. [Carlos Elorza]
- Recomendada para los que busquen un cine de animación alejado visualmente de las propuestas del cine de Hollywood. Cine lleno de encanto y originalidad que podrán ver juntos padres e hijos.
La invitación, de Olivia Wilde
Tercer largometraje como directora de Olivia Wilde tras Súper empollonas y No te preocupes, querida, La invitación adapta Sentimental, la película con la que Cesc Gay llevó al cine su propia obra teatral Los vecinos de arriba. Wilde conserva el dispositivo esencial: dos parejas, una cena y un espacio cerrado en el que confidencias, provocaciones y consejos van dejando al descubierto complejos, inseguridades y frustraciones.
Con ecos de ¿Quién teme a Virginia Woolf? y Un dios salvaje, la película encuentra su principal fortaleza en un reparto formado por Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton, que sabe aprovechar los diálogos y el progresivo enfrentamiento entre los personajes. Salvo por el prólogo, Wilde mantiene prácticamente la unidad de espacio y tiempo y utiliza encuadres y música para introducir cierta incomodidad en el espectador, aunque nunca consigue desprenderse por completo del origen teatral del material. El guion resulta certero al explorar cómo nos vemos, cómo contemplamos a nuestra pareja y qué imagen queremos proyectar ante los demás y aunque su evolución fuerza ocasionalmente demasiado algunos mecanismos dramáticos, esta nueva versión mejora el original de Cesc Gay. [Carlos Elorza]
- Recomendada si te gustó Sentimental de Cesc Gay, eres aficionado a los dramas adultos sobre parejas o quieres empezar a ver las películas que suenan para la próxima edición de los Oscar.
Sucederá esta noche, de Nanni Moretti
Nanni Moretti (Caro Diario, La habitación del hijo, El sol del futuro) acaba de presentar en el Festival de Venecia una de sus películas más abiertamente románticas y con menos carga política. Inspirada en la colección de relatos Corazón hambriento, de Eshkol Nevo, Sucederá esta noche sigue durante más de veinte años las vidas de Matteo (Louis Garrel) y Greta (Jasmine Trinca), dos personas que se conocen de manera fortuita y que, pese a la atracción que surge entre ellas, parecen condenadas a encontrarse siempre en el momento equivocado. Sus caminos se cruzan y separan mientras el azar y las circunstancias deciden por ellos.
Con el humor surrealista, la ironía y la ternura característicos de su cine, Moretti construye una comedia romántica sobre las oportunidades perdidas, las segundas oportunidades y la dificultad de hacer coincidir el amor con el momento adecuado. La química entre Garrel y Trinca sostiene una película de tono ligero y melancólico en la que también tienen un papel destacado la música -con Bruce Springsteen y los Rolling Stones– y sus diferentes escenarios. Entre ellos sobresale Donostia, donde Moretti rueda en la Parte Vieja, los jardines de Miramar y el Estadio de Anoeta, convertido en escenario de uno de los momentos centrales de la historia. [Carlos Elorza]
- Recomendada para fans del cine de Nanni Moretti y curiosos de ver cómo sale Donostia en una producción internacional
Wild Horse Nine, de Martin McDonagh
Martin McDonagh traslada su reconocible mezcla de humor negro, violencia y diálogos afilados al Chile de los días inmediatamente anteriores al golpe de Estado de 1973. Wild Horse Nine sigue a Chris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell), dos veteranos agentes de la CIA destinados en Santiago que son enviados por su superior (Steve Buscemi) a la Isla de Pascua. Allí, mientras se relacionan con dos jóvenes estudiantes de izquierdas y recuerdan algunas de las operaciones encubiertas en las que han participado, su amistad comienza a ponerse a prueba. Chris, al final de su carrera y de su vida, empieza a cuestionar todo aquello que ha hecho al servicio de Estados Unidos, mientras Lee debe decidir entre mantenerse fiel a su amigo o cumplir la misión que les han encomendado.
McDonagh se mueve por un terreno deliberadamente peligroso al convertir incluso algunos de los acontecimientos más trágicos de aquellos días en materia para la comedia. El humor irreverente convive, sin embargo, con una creciente melancolía que convierte la película en el retrato de un hombre obligado a hacer balance de su existencia y de una amistad enfrentada a una prueba definitiva. John Malkovich encuentra un personaje especialmente adecuado para su mezcla de cinismo y desencanto, en una especie de western crepuscular en el que también tienen una presencia importante la música y la memoria chilenas. Como es habitual en McDonagh, la brillantez de los diálogos constituye uno de sus principales atractivos, aunque en ocasiones el director vuelve a pecar de un exceso de ingenio, con frases y situaciones demasiado empeñadas en demostrar su propia inteligencia. [Carlos Elorza]
- Recomendada para… si te gustaron Tres anuncios en las afueras y Almas en pena en Inisherin, ésta es tu película.
Horizontes Latinos

Siempre soy tu animal materno, de Valentina Maurel
Cuatro años después de ganar el Premio Horizontes con Tengo sueños eléctricos, Valentina Maurel regresa a la sección tras presentar su segundo largometraje en Un Certain Regard, donde sus tres protagonistas femeninas recibieron conjuntamente el premio a la mejor interpretación.
La película funciona casi como una continuación apócrifa de aquella. Daniela Marín Navarro y Reinaldo Amién vuelven a interpretar a una hija y a su padre, aunque no sean formalmente los mismos personajes. Si Tengo sueños eléctricos giraba alrededor de la figura paterna, esta desplaza su centro hacia la madre, la maternidad y los cuidados.
Maurel plantea preguntas interesantes y mantiene una estimulante ambigüedad alrededor de Amalia, una joven encerrada en sus creencias esotéricas. Sin embargo, la estructura fragmentaria, unos símbolos demasiado evidentes y una puesta en escena más cercana a una gramática reconocible del cine de festivales provocan que la directora parezca haber perdido parte de la personalidad de su debut. Todo funciona razonablemente bien, aunque pocas cosas sorprenden o permanecen.
- Recomendada para quienes vieron Tengo sueños eléctricos y disfrutan de los dramas familiares sensibles y contenidos.
Chicas tristes, de Fernanda Tovar
El debut de Fernanda Tovar sigue a Paula y La Maestra, dos adolescentes que ríen, bailan, compiten en un club de natación y comienzan a descubrir el sexo. Después de que Paula sufra una agresión sexual por parte de un compañero, su amistad se desincroniza: ella quiere callar y decidir cuándo y cómo hablar; su amiga quiere actuar y conseguir alguna forma de justicia.
La película nunca cuestiona el relato de Paula. Sus dudas están en qué hacer después y en el momento en que la voluntad de ayudar puede convertirse en otra decisión impuesta sobre la víctima. Tovar muestra la dureza de una agresión cotidiana, cometida por un chico corriente que ni siquiera parece consciente de haber hecho algo malo.
Hay ecos de Sofia Coppola, Céline Sciamma, Andrea Arnold y Lucrecia Martel, pero las principales virtudes están en la autenticidad de la mirada y en la química entre Darana Álvarez y Rocío Guzmán. Un debut lleno de ideas y algún subrayado excesivo que deja ganas de seguir de cerca a su directora.
- Recomendada para amantes de los relatos adolescentes y de un cine capaz de hablar de la violencia sin convertirla en espectáculo.
La perra, de Dominga Sotomayor
Dominga Sotomayor adapta la novela de Pilar Quintana trasladando la historia desde el Pacífico colombiano hasta la ventosa Isla Santa María, en el sur de Chile. Allí vive Silvia, una mujer marcada por una maternidad frustrada que trabaja recolectando algas y repite unas rutinas que parecen contener, con dificultad, un dolor antiguo.
La aparición de Yuri, una cachorra callejera, abre la parte más interesante de la película. La perra no llega para curar heridas ni dar lecciones de fidelidad. Yuri corre, se escapa, vuelve cuando quiere y obedece lo justo. En definitiva, se comporta como un animal y no como un mecanismo escrito para sanar emocionalmente a la protagonista.
La película pierde algo de extrañeza cuando la desaparición de Yuri devuelve el relato a un terreno psicológico más previsible, pero sigue siendo una obra madura, seca y muy bien filmada. Por cierto, Yuri no se fue de Cannes con las patas vacías: ganó el Palm Dog.
- Recomendada para espectadores pacientes, amantes del cine sensorial y personas cansadas de los animales convertidos en simples metáforas.
Seis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo
El primer largometraje de ficción de Bruno Santamaría Razo nace de un recuerdo familiar: cuando tenía once años, a su padre le diagnosticaron sida y la familia empezó a afrontar la posibilidad de que todo se viniera abajo.
Santamaría procede del documental y construye una película híbrida, situada en el México de principios de los noventa, donde el recuerdo, la ficción y el testimonio se mezclan sin intentar reconstruir el pasado de manera cerrada. El rodaje en 16 mm aporta la textura imperfecta de la memoria: colores, habitaciones, canciones y momentos sueltos antes que una imagen completamente nítida.
El sida aparece como amenaza médica, pero también como estigma social, mientras el niño empieza a descubrir su deseo en un mundo que asocia la homosexualidad con la enfermedad y el castigo. Una película pequeña, doméstica y nada solemne, pero llena de instantes verdaderos.
- Recomendada para quienes disfruten del cine situado entre la ficción, el documental y la memoria familiar.
Zabaltegi

Rocas rojas, de Bruno Dumont
Bruno Dumont abandona el norte sombrío de sus primeras películas y el humor absurdo de obras como El pequeño Quinquin o La alta sociedad para instalarse en la luminosa costa mediterránea francesa y acercarse, con una mirada casi observacional, por momentos casi documental, a un grupo de niños durante sus vacaciones estivales. Entre ellos destaca su protagonista, Géo, un chaval de pelo blanquecino, de personalidad, gestos, miradas y actuaciones desafiantes y fascinantes.
Entre juegos, paseos en quads, rivalidades con una banda rival, peligrosos ascensos por los acantilados desde los que saltar al mar y el descubrimiento a algo parecido al primer amor, Dumont construye una película entrañable y luminosa, pero también inquietante y turbadora, gracias a su mirada insólita hacia la cotidianeidad del verano de esos chavales. Aunque también por momentos, se hace repetitiva, las secuencias se prolongan más de la cuenta y alguna de sus escapadas resulta superflua. Alguien la definió como un Verano azul para gafapastas. No le llevaremos la contraria. [Carlos Elorza]
- Recomendada para cinéfilos y fans de la faceta más lúdica del cine de Dumont y aficionados al cine son niños y aventuras veraniegas.
Possible Love, de Lee Chang-dong
Ocho años después de Burning, el coreano Lee Chang-dong regresa al cine con Possible Love, protagonizada por Jeon Do-yeon, Sul Kyung-gu, Cho Yeo-jeong y Zo In-sung. Mi-ok lleva una vida modesta junto a su marido Ho-seok, que acaba de ser despedido de la empresa en la que trabajaba desde hacía años. Sus vidas se cruzan con las de Ye-ji, una documentalista que prepara una película sobre esos despidos, y su marido Sang-woo, un atractivo inversor perteneciente a una familia adinerada. La relación cada vez más estrecha entre ambos matrimonios despierta en Mi-ok una inesperada atracción por Sang-woo y la enfrenta a la posibilidad de otra vida. Pero Lee Chang-dong deja deliberadamente abierta una cuestión esencial: hasta qué punto desea realmente a ese hombre y hasta qué punto desea el mundo de bienestar, seguridad y posibilidades que él representa.
Possible Love combina así el drama sentimental con una poderosa reflexión sobre las diferencias de clase, el deseo y las decisiones que determinan nuestras vidas. El documental que rueda Ye-ji sobre Ho-seok y sus antiguos compañeros añade además otro conflicto: la distancia entre quienes han sufrido las consecuencias de los despidos y quienes pueden observarlas desde una posición privilegiada y convertirlas en una película. Fiel a la sutileza de su cine, Lee evita juzgar a sus personajes y construye a través de gestos, silencios y miradas una historia sobre el amor, la desigualdad y las vidas que quizá habríamos podido vivir si nuestras circunstancias hubieran sido diferentes. [Carlos Elorza]
- Recomendada para los que quieran descubrir o seguir admirando a uno de los grandes creadores del cine contemporáneo en un drama romántico con un fuerte trasfondo social
Weichen / Dust / La Deriva, de Tsai Ming-liang
Un monje budista con su túnica roja pasea por Donostia. Y por Hernani, por Irún, por Tolosa. Por el Peine del Viento, por la calles de la Parte Vieja, por Chillida Leku, por el Edificio Orona, por Sagüés y por la Concha. Por un caserío y por un concierto de rock-punk. The Walker toda una institución del cine de autor y para los fans del cine del director malasio-taiwanés Tsai Ming-liang ha llegado a Gipuzkoa, tras recorrer medio mundo desde su primera aparición en 2012 por las calles de Taiwán y la instalación de ese país en la Bienal de Arquitectura de Venecia. Desde entonces, y en diez entregas, el monje budista encarnado Kang-sheng Lee ha recorrido medio mundo a ese ritmo de veinticinco segundos por paso. Y ya hay dos más garantizadas.
En La Deriva no hay trama. Ni argumento. Ni acción. Ni psicología de los personajes. No es ficción. Tampoco es un documental. Es una propuesta radical que invita a dejarse llevar a ese espacio y ese tiempo. En este caso desde que asoma detrás de la estatua de Clara Campoamor. O cuando aparece con su paso lento entre los asistentes de un concierto de rock, en un caserío, se multiplica en las paredes del Edificio Orona o se planta en medio de la Parte Vieja llena de turistas. Pero La Deriva huye de la Donosti de postal. La deja en contraplano. Adivinamos un atardecer de Instagram, las colas del Ganbara o La Cuchara de San Telmo y hasta vemos las pantxinetas de Otaegi. [Carlos Elorza]
- Recomendada para espectadores pacientes que busquen una propuesta radical que no suele llegar a las salas comerciales animados al conocer los lugares en los que está rodada.

Proyección Premio Donostia
Bucking Fastard, de Werner Herzog
Werner Herzog se inspira libremente en las gemelas británicas Freda y Greta Chaplin para contar en Bucking Fastard la historia de Jean y Joan Holbrooke (Kate y Rooney Mara), dos hermanas inseparables que parecen compartir una única identidad. Se mueven y hablan al unísono, escriben juntas, comparten sus sueños e incluso se enamoran del mismo hombre. La película comienza cuando un vecino, interpretado por Orlando Bloom, las lleva a juicio acusándolas de acoso. La repercusión del caso las obliga a abandonar su hogar, pero sus sucesivos intentos de empezar de nuevo chocan con una sociedad cuyas convenciones no comprenden y a las que tampoco parecen dispuestas a someterse.
Entre la comedia oscura, el drama y la fantasía, Herzog construye una historia sobre dos mujeres que viven de acuerdo con sus propias reglas y buscan un lugar en el que puedan ser ellas mismas. Kate y Rooney Mara destacan por un extraordinario ejercicio de sincronización que convierte a las hermanas casi en un único personaje. Sin embargo, pese a una premisa que invita a explorar cuestiones como la identidad compartida, la diferencia o la relación entre las protagonistas y el mundo exterior, Herzog se queda demasiadas veces en la superficie de su excentricidad. La película se interesa más por sus comportamientos insólitos y por las reacciones que provocan que por descubrir quiénes son realmente Jean y Joan o cómo perciben ellas un mundo en el que nunca han terminado de encajar. [Carlos Elorza]
- Recomendada para completistas de la obra de Werner Herzog y los que quieran admirar el soberbio trabajo de Kate y Rooney Mara en el papel protagonista
CULINARY ZINEMA

BURGUNDY, de Michael Dweck y Gregory Kershaw
Los directores de Cazadores de trufas (Culinary Zinema, 2020) vuelven a la sección con este documental lleno de ironía, pero también un componente de denuncia social sobre una de la regiones vinícolas más importantes del mundo, la Borgoña. En él se cruzan una aristocrática familia propietaria de un viñedo con su espectacular casa de campo llena de lámparas de araña, animales disecados y cornamentas desperdigadas por las estancias, un crítico de vinos con problemas de salud de tanto levantar copas de vino, un joven con más ganas que medios de hacer carrera en el mundo del vino, una aprendiz de sommelier y el maître de un restaurante de alta cocina cansado ya de su trabajo.
A pesar de la imagen de lujo y exclusividad que transmite el universo representado en el documental, hay también en él una mirada irónica a un mundo en decadencia en el que los que quieren tomar el relevo no pueden por falta de medios y los que sí los tienen prefieren otras opciones con una imagen más moderna. [Carlos Elorza]
- Recomendado para aficionados al mundo del vino y darle gusto al cuerpo a través de los placeres gastronómicos.

[ARTÍCULO EN ACTUALIZACIÓN, TODAVÍA FALTAN PELÍCULAS POR AÑADIR]



