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Reseña de A Girl Unknown, de Zou Jing

A Girl Unknown, ópera prima de Zou Jing y ganadora del premio Premio de la Fundación Gan a la Distribución de la Semana de la crítica, parte de una historia familiar. La directora se inspira en la vida de su abuela, una niña abandonada que tuvo que crecer lejos de sus padres biológicos, dentro de una estructura familiar marcada por la ausencia, el dolor y unas normas sociales que pesaban especialmente sobre las mujeres. Dicho así, con una niña obligada a vivir con unos padres que no son los suyos, y unos adultos que tienen que lidiar con la pérdida, la herida y la convivencia, Hirokazu Kore-eda podría haber hecho una película. Están ahí algunas de sus grandes preguntas: ¿qué es realmente una familia? ¿Importa más la sangre o los vínculos que se crean entre quienes conviven, se cuidan y comparten afectos? Pero Zou Jing no hace una película que recuerde al director japonés, más allá del punto de partida. Construye su relato con una voz propia, más sensorial, más ligada a la memoria y a una forma muy concreta de entender el trauma.

Uno de los movimientos más interesantes de la película está en el tiempo elegido para contar la historia. En lugar de situarla en la China de los años treinta, donde transcurrió la experiencia real de su abuela, Zou Jing la traslada a los años noventa, un territorio más cercano a sus propios recuerdos de infancia. Esa decisión permite que A Girl Unknown no funcione solo como reconstrucción histórica, sino también como memoria íntima. Los veranos en el campo del sur, el sonido de los insectos, el agua, los juegos, las cometas o la luz de los días largos construyen un universo de una belleza casi soñada, que contrasta con la dureza de lo que se cuenta.

La película podría haber caído con facilidad en el melodrama más evidente. La historia da pie a ello: abandono, desarraigo, violencia estructural, heridas que pasan de una generación a otra. Sin embargo, Zou Jing evita convertir el dolor en subrayado. Prefiere observar a sus personajes, dejar que las emociones aparezcan poco a poco y sostener la película desde los gestos, los silencios y la forma en que esos cuerpos parecen cargar con algo que viene de muy lejos.

También ayuda mucho la manera en que la directora trabaja con sus actrices. A la niña no le entregó el guion completo, sino que la fue dirigiendo escena a escena, evitando que anticipara el drama o intelectualizara el personaje. El resultado es una interpretación muy viva, muy presente, muy natural y poco impostada. En la parte adulta, en cambio, la directora parte de testimonios de mujeres que sufrieron abandonos similares, y eso se nota en la mirada, en la inseguridad y en esa sensación de no haber sido suficiente para nadie.

Lo mejor de A Girl Unknown es que entiende a su protagonista como algo más que una víctima. Hay dolor, claro, pero también hay resistencia, rabia y una manera muy concreta de seguir adelante. La película habla de la condición femenina en una sociedad que ha cambiado mucho, pero donde los ecos de ciertas violencias siguen presentes. Y lo hace sin necesidad de convertir a todos los personajes en monstruos. Zou Jing no retrata a las familias adoptivas ni a quienes abandonaron a aquellas niñas como villanos de manual, sino como personas atrapadas en un sistema rígido, cruel y profundamente injusto. Eso no las absuelve, pero sí hace que la película sea más compleja.

A Girl Unknown

Media Flipesci:
6.8
Título original:
Director:
Zou Jing
Actores:
Li Gengxi, Zu Feng, Shen Jiani, Cao Ruofan