6.5

Reseña de La Gradiva, de Marine Atlan

La Gradiva ha ganado del Gran Premio de la Semana de la Crítica de Cannes y por un entusiasmo bastante comprensible, aunque quizá convenga rebajarlo un poco. El debut en el largometraje de ficción de Marine Atlan es una película ambiciosa, visualmente muy atractiva y con momentos de verdadera fuerza, aunque también con algunas decisiones que impiden que termine de ser tan redonda como podría.

No sorprende que lo mejor esté en la imagen. Atlan, con una trayectoria importante como directora de fotografía, sabe muy bien cómo filmar Pompeya. La película aprovecha el contraste entre la inmovilidad de las ruinas, ese mundo petrificado por el tiempo, y la energía desordenada de un grupo de adolescentes franceses en viaje escolar. Ahí hay algo realmente sugerente: cuerpos jóvenes, torpes, crueles y vivos moviéndose entre restos de una civilización detenida para siempre.

La película, además, tiene una atmósfera muy trabajada. Ese peso del pasado, la presencia casi fantasmagórica de Pompeya y la sensación de que los adolescentes están atravesando un espacio que les supera dan al relato una dimensión bastante estimulante. Es cierto que en algunos momentos la puesta en escena se deja llevar un poco por su propia belleza y subraya más de la cuenta esa voluntad mítica; pero la película funciona muy bien cuando confía en lo que ya tiene delante: el paisaje, los cuerpos, las miradas y esa tensión extraña entre lo antiguo y lo inmediato.

Uno de los aciertos de La Gradiva es como observa al grupo adolescente sin moralizarlo. Capta bien esa mezcla de aburrimiento, deseo, crueldad, torpeza y necesidad de pertenencia tan propia de cierta edad. Sin juzgarlos ni idealizarlos. También es cierto que algunas dinámicas no terminan de encajar del todo, especialmente ese amago de coqueteo entre la profesora y uno de los alumnos. Rompe un poco el tono y no aporta tanto como quizá pretendía.

En el tramo final la película decide empujarse hacia un clímax trágico que no temina de sentirse del todo orgánico. Hasta entonces, La Gradiva había funcionado muy bien por tensión la tensión latente y la observación. Cuando intenta cerrar esa tensión de una forma más dramática, pierde parte de la sutileza que tenía en sus mejores momentos.

Tampoco ayuda demasiado la voz en off final, bastante redundante. La película ya había dicho muchas cosas a través del paisaje, de los cuerpos, de las miradas y de ese contraste entre Pompeya y los chavales. No hacía falta explicarlo tanto para unir todos los puntos y dejar las cosas claras.

Con todo, La Gradiva es un interesante debut, con imágenes muy potentes, una atmósfera singular y una directora con un evidente dominio formal. Una película interesante, con personalidad y con ideas. Quizá le falte algo de contención en algunos momentos, pero tiene lo más importante en una ópera prima: una mirada propia.

La Gradiva

Media Flipesci:
7.6
Título original:
Director:
Marine Atlan
Actores:
Antonia Buresi, Julie Sokolowski