Reseña de El debut, de Jesse Eisenberg
No hace falta que una obra sea buena para que merezca la pena hacerla. Nosy Neighbors, el musical que ensayan en El debut, no parece destinado a cambiar la historia del teatro. Las canciones son cursis, el vestuario discutible y el argumento parece más que manido. Sin embargo, para quienes participan en él puede ser lo más importante que está ocurriendo en el mundo. Jesse Eisenberg se ríe de casi todo lo que rodea al teatro aficionado, pero nunca de la gente que necesita hacerlo.
Él fue uno de ellos. Cuando tenía siete años sufría acoso, no tenía amigos y encontraba pocos motivos para salir de casa. En el teatro comunitario de Nueva Jersey descubrió un lugar donde su nerviosismo, su pelo desordenado y esa forma un poco extraña de relacionarse con el mundo dejaban de ser defectos y pasaban a ser algo aplaudido y celebrado. Allí encontró una voz y una comunidad. También empezó a tomarse la interpretación con una intensidad bastante poco saludable. Por eso considera autobiográfica El debut, aunque haya sustituido al niño que fue por una mujer madura que siente que su última oportunidad para cambiar de vida está a punto de pasar de largo. La película es su tercer largometraje como director tras Cuando termines de salvar el mundo y A Real Pain, y escribió también las siete canciones del musical que representa la compañía. Algo a destacar, porque son lo suficientemente malas como para resultar una parodia, pero lo suficientemente pegadizas y efectivas como para parecer reales.
Mona Friedman (Julianne Moore) vive en una ordenada casa de Nueva Jersey con un marido y unos hijos que apenas parecen darse cuenta de que está allí. Cuando se presenta a una audición para Nosy Neighbors, habla tan bajo y canta tan mal que resulta difícil imaginar qué podría hacer con ella cualquier director razonable. Pierde el pequeño papel de Miss Danielle, la encargada del edificio, frente a una veterana interpretada por la ganadora de dos Tony Bernadette Peters. Por supuesto es a ella a quién cogen, pero cuando abandona el montaje porque le ha salido un proyecto mejor, Jerry (Paul Giamatti), el director de la obra, acaba recurriendo a Mona.

Jerry aplica uno de esos métodos interpretativos que consisten en destrozar emocionalmente a una persona para luego felicitarse cuando consigue recomponerla. Con Mona funciona quizá demasiado bien. La mujer que apenas se atrevía a hablar empieza a investigar a su personaje, a discutir cada frase y a buscar una verdad que seguramente no estaba en el libreto. Miss Danielle tiene una canción y poca importancia dentro de la trama, pero Mona la convierte en el centro de su vida. Al defender que esa mujer invisible es fundamental para que el edificio siga funcionando, también está defendiendo su propia importancia dentro de una familia que ha aprendido a vivir sin mirarla.
El debut podría haberse conformado con una historia sobre una mujer que encuentra su voz. Eisenberg complica un poco esa idea: encontrarla está muy bien hasta que uno decide utilizarla para conseguir que todos los demás se callen. Mona descubre algo que necesita, pero termina obsesionándose con imponer su visión al resto de la compañía. El teatro le permite salir de una casa en la que resulta invisible y entrar en otra familia. El problema es que también el teatro es un trabajo colectivo. Uno puede creer muchísimo en su personaje y seguir necesitando que los demás lleguen al final de la función.
Ese es uno de los puntos fuertes de la película. Eisenberg siente un cariño evidente por el hecho de hacer teatro. No tanto por el teatro entendido como un gran arte capaz de explicar el mundo, sino por los ensayos, los disfraces, las discusiones absurdas y las horas compartidas con un grupo de personas que probablemente nunca se habrían conocido de otra manera. Nosy Neighbors puede ser una obra bastante mala. Eso no impide que alguien encuentre allí a sus amigos, descubra que sabe cantar o tenga por primera vez la sensación de que los demás esperan que llegue. Eisenberg quería evitar una parodia cruel y tratar ese mundo con sinceridad, algo que encaja con el papel que el teatro comunitario tuvo en su propia infancia.

Julianne Moore está fantástica, aunque también hay que reconocer que el personaje es un caramelito. Empieza encogida, hablando entre dientes y procurando ocupar el menor espacio posible. Poco a poco puede gritar, cantar, hacer comedia física, ponerse ridícula y terminar apoderándose de cada plano. El papel le permite lucirse muchísimo, aunque no llegue a los niveles de profundidad y emoción que tiene la carrera de la que, seguramente, es una de las mejores actrices de su generación.
Paul Giamatti, como siempre, está estupendo. Jerry puede ser abrasivo, manipulador y bastante irresponsable, pero Giamatti consigue que creamos que también ama profundamente aquello que hace. No destroza a sus actores solo porque disfrute ejerciendo el poder; está convencido de que al otro lado del sufrimiento los espera una interpretación mejor. La relación entre director y actriz resulta especialmente divertida cuando Mona deja de ser la criatura asustada que él intentaba moldear y empieza a convertirse en un problema que ya no sabe controlar.
La forma de la película acompaña la transformación de Mona. Comienza como una comedia suburbana ordenada, casi tan contenida como su protagonista, y poco a poco se vuelve más artificial y nerviosa. Aparecen movimientos circulares, acercamientos bruscos, decorados que parecen construidos para una función y focos teatrales que invaden la vida cotidiana. La realidad se deforma al mismo tiempo que Mona empieza a vivir dentro de su personaje. Algunas decisiones del guion serían difíciles de creer en una película realista: que Jerry entregue el papel a una actriz tan desastrosa, por ejemplo, o que toda la compañía soporte con tanta paciencia determinadas cosas. Pero Eisenberg enseña pronto sus cartas y deja claro que no está buscando esa clase de realismo.

Sí habría agradecido que el marido, los hijos y algunos miembros del grupo tuvieran algo más de entidad. Casi todos existen para ignorar a Mona, admirarla o sufrir las consecuencias de su transformación. La segunda mitad también insiste algo más de la cuenta en una idea que ya había quedado bastante clara. Un pequeño recorte no le habría venido mal, aunque tampoco termina estropeando la función.
Nosy Neighbors probablemente no pasaría a la historia del teatro. Puede que ni siquiera sea una buena obra. El caso es que durante unas semanas ha dado a un grupo de personas un lugar al que ir y algo que hacer juntas. Eisenberg entiende que ahí también está el teatro, aunque las canciones sean malas, el vestuario discutible y la encargada del edificio quiera apoderarse de toda la función. Cuando cae el telón, cada uno vuelve a su casa. Pero ya no vuelve exactamente igual.
The Debut
- Título original:
- Director:
- Jesse Eisenberg
- Actores:
- Julianne Moore, Paul Giamatti, Halle Bailey, Havana Rose Liu, Jesse Eisenberg



