Reseña de Moscas, de Fernando Eimbcke
Fernando Eimbcke es un viejo conocido del Zinemaldia. En 2013 se llevó la Concha de Plata a la mejor dirección por Club Sándwich y el año pasado regresó con Olmo a Horizontes Latinos, mientras Moscas pasaba por WIP Latam, todavía sin terminar. Ahora vuelve a Horizontes Latinos con ella. Una relación que, por nuestra parte, puede seguir durando muchos años.
El origen de Moscas está en un cartel. Hace más de veinte años, cuando Alejandro González Iñárritu le propuso participar en una serie de televisión, Eimbcke vio un anuncio de habitaciones para familiares de pacientes de un hospital de Ciudad de México. Detrás de aquel pequeño negocio había alguien enfermo, alguien preocupado por ese enfermo y alguien dispuesto a compartir su casa. Ahí había una historia. Escribió una primera versión en un par de días, pero la serie no llegó a hacerse y el guion se quedó guardado en un ordenador. Mucho después lo recuperó y lo trabajó junto a Vanesa Garnica, con quien también escribió Olmo.

Olga vive sola en un enorme bloque de pisos y tiene sus costumbres bastante claras. También tiene bastante claro que no quiere que nadie venga a cambiárselas. Sin embargo, necesita dinero para operarse el dedo gordo del pie y decide alquilar una habitación a Tulio, cuya mujer está ingresada en el hospital de enfrente. El hombre trae a escondidas a Cristian, su hijo de nueve años, y cuando tiene que ausentarse unos días el niño se queda allí. Olga quería un inquilino que pagase y molestase lo menos posible. Lo que acaba teniendo es un niño que necesita compañía y que no entiende demasiado bien por qué esa señora se empeña en mantenerlo a distancia.
Teresita Sánchez está extraordinaria como esa mujer que ha organizado su vida para reducir al mínimo el contacto con los demás. Su brusquedad resulta a veces divertida, otras incómoda, y poco a poco vamos encontrando lo que hay detrás. Me gusta mucho cómo permite ver esos cambios sin deshacer de golpe al personaje, sin que Olga deje de ser Olga en cuanto empieza a acercarse al niño. Hay una resistencia, una torpeza para relacionarse, una costumbre de estar sola que no desaparece porque alguien llame a la puerta. Bastián Escobar, por su parte, tiene la naturalidad y la insistencia necesarias para poner a prueba todas esas defensas. Entre los dos construyen una relación preciosa, hecha de pequeños avances, molestias compartidas y una familiaridad que llega casi sin que se den cuenta.
Hay algo que recuerda a Aki Kaurismäki en la película. El humor seco, las dificultades económicas, esa gente que parece poco dispuesta a ponerse sentimental y que, sin embargo, acaba haciendo cosas por los demás. También por la dignidad con la que se les mira. La falta de dinero condiciona lo que pueden hacer, pero no agota lo que son. Pueden ser generosos, egoístas, cabezotas, graciosos o bastante desagradables dependiendo del momento. Eimbcke, igual que el finlandés, sabe encontrar ternura en personas que probablemente se pondrían muy rigidez e incómodas si alguien les dijera que resultan tiernas.
Y sabe muy bien dónde poner la cámara para encontrarlas. Sus encuadres fijos tienen una precisión que permite que el humor aparezca dentro del plano, en una espera, en la distancia entre dos personajes o en una reacción que tarda un poco más de lo habitual. La comedia necesita su tiempo, y aquí Eimbcke deja que una situación se desarrolle hasta encontrar el pequeño absurdo que contiene. No tiene ninguna prisa por señalárnoslo y sí cierto gusto por los tiempos (aparentemente) muertos. Debajo de ese humor hay una situación bastante dura: el dinero determina quién puede cuidar de quién y cómo se afronta una enfermedad. Eimbcke deja que eso pese sin darnos golpes bajos. Reírse no hace que el dolor sea menos real; a veces es lo que permite aguantarlo.
Entiendo que esa forma de narrar pueda echar para atrás a algunos espectadores. El blanco y negro, los silencios, el ritmo pausado y la información que se va dando con cuentagotas pueden parecer una barrera para entrar en la película. A mí no me lo parecen. Me gusta que Eimbcke deje huecos, que permita observar a sus personajes antes de explicarlos y que confíe en que sabremos relacionar lo que hemos visto con lo que iremos descubriendo después. Quienes no necesiten un relato telegrafiado y tengan paciencia para acompañarlos encontrarán cada vez más cosas. Un gesto que al principio parecía simplemente antipático empieza a tener otro sentido; una rutina deja de ser una manía sin importancia. La película va desvelando sus capas poco a poco, y parte del placer está precisamente en descubrirlas.

Las moscas del título encajan muy bien en ese pequeño mundo que Olga intenta mantener bajo control. Son una molestia, una presencia que se cuela sin permiso y que vuelve por mucho que uno se empeñe en espantarla. Se pueden relacionar con los recuerdos, con el duelo, con aquello que sigue dando vueltas en la cabeza cuando preferiríamos que nos dejara en paz. También con la propia vida, que tiene la mala costumbre de no respetar nuestros planes. Cristian es otra de esas presencias que Olga no había invitado y que la obligan a levantarse, a reaccionar, a hacer algo distinto.
Por cierto, que los personajes hablen poco no significa que vivan en silencio. El trabajo sonoro de Javier Umpierrez llena su entorno de alarmas, sirenas, vecinos y ruidos que atraviesan las paredes. Olga puede cerrar la puerta, pero la ciudad sigue ahí, dando la lata. Esa mezcla de aislamiento y ruido resulta muy expresiva: hay un montón de gente alrededor y, aun así, se puede estar tremendamente solo. La música de Camilo Lara se presenta de forma diegética, trabajando con sonidos de videojuegos, y enlaza con el universo cotidiano y el refugio que Cristian encuentra en el juego. Una elección que acompaña su manera de afrontar lo que ocurre sin recurrir a los habituales subrayados sentimentales.
El universo de Eimbcke sigue creciendo de una manera interesante. En Temporada de patos ya había un apartamento donde la convivencia iba llevando a los personajes por caminos que no esperaban. En Club Sándwich, un hotel servía para observar cómo cambiaba la relación entre una madre y su hijo. Lake Tahoe se acercaba a la pérdida dando rodeos, a través de encuentros que parecían llevarnos a otra parte, y Olmo volvió a poner a un adolescente frente a la enfermedad y los cuidados. Con los años, Eimbcke sigue encontrando nuevas historias en esas edades en las que uno empieza a descubrir lo complicados que son los adultos. Ahora ha sentado a una mujer al otro lado para recordarnos que tampoco ellos lo tienen todo aprendido. Esperamos con ganas su próxima visita a San Sebastián. Que no tarde demasiado.
Moscas
- Título original:
- Director:
- Fernando Eimbcke
- Actores:
- Bastián Escobar, Teresa Sánchez, Hugo Ramírez, Enrique Arreola
- Fecha de estreno:
- 06/11/2026



