Durante veinticinco años, Alessandra Sanguinetti fotografió y filmó a Guille y Beli mientras los juegos infantiles daban paso al trabajo, la maternidad y la vida adulta. La fotografía las convirtió en figuras casi míticas; el vídeo les devuelve la voz, el movimiento y el desorden cotidiano en una película íntima y bellísima sobre aquello que una cámara consigue conservar y todo lo que el tiempo termina llevándose. Más
Olga quería un inquilino que pagase y molestase poco. Acaba encontrándose con un niño que necesita compañía. Fernando Eimbcke observa cómo se acercan con humor seco, paciencia y una ternura que se abre paso entre el duelo y las dificultades para llegar a fin de mes. Más
Chile presume de democracia mientras una niña descubre que los adultos mienten y esperan que ella también lo haga. Manuela Martelli se asoma a lo que queda debajo de una transición modélica. Y, visto desde España, el paisaje resulta bastante familiar. Más
**Valentina Maurel** retoma en *Siempre soy tu animal materno* el universo familiar de *Tengo sueños eléctricos*, ampliando el foco hacia la maternidad, la relación entre hermanas y el desarraigo. Una película sensible y bien interpretada, pero más convencional y menos personal que su debut, que transita por caminos demasiado conocidos.
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Fernanda Tovar debuta en el largometraje con un retrato íntimo y auténtico de dos adolescentes cuya amistad se resquebraja después de una agresión sexual. Chicas tristes evita el morbo y desplaza el conflicto hacia un terreno mucho más complejo: cómo ayudar a una víctima sin volver a decidir por ella. Más