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Ocho años después de Las herederas (2018), Marcelo Martinessi regresa con su segundo largometraje de ficción, Narciso, un proyecto que participó en el Foro de Coproducción Europa-América Latina del Zinemaldia en 2020, se estrenó en la sección Panorama de la Berlinale 2026, donde obtuvo el Premio FIPRESCI, y clausura ahora Horizontes Latinos. Un regreso que supone un considerable cambio de registro: del intimismo y la contención de su debut pasa a un film noir político, musical y queer, aunque mantiene intacto su interés por la forma en que la represión social condiciona la vida privada.

La película parte del caso real de Bernardo Aranda, locutor de radio de 27 años encontrado muerto en 1959, y de la novela Narciso, de Guido Rodríguez Alcalá. Martinessi transforma a Aranda en Narciso (Diro Romero), un joven que regresa de Buenos Aires al Paraguay de Alfredo Stroessner llevando consigo el rock and roll, una sexualidad libre y una forma de comportarse difícilmente compatible con una sociedad dominada por la vigilancia, el control y el miedo. Una noche, después de su espectáculo, aparece asesinado. La pregunta parece inevitable: ¿quién mató a Narciso?

La película retrocede entonces un año para reconstruir los acontecimientos que condujeron hasta su muerte y, a través de ellos, realizar una radiografía del Paraguay de finales de los cincuenta, cuando Stroessner acababa de consolidarse en el poder. A Martinessi le interesa mucho menos resolver el crimen que mostrar cómo era la sociedad paraguaya en la que vivió y fue asesinado Narciso y cómo utilizó el régimen su asesinato para tomar unas medidas represoras en absoluto alineadas con las ideas del asesinado.

La radio y, especialmente, la música se convierten en espacios de disputa política. El rock and roll que Narciso trae de Buenos Aires no es una simple banda sonora generacional. Frente al folclore paraguayo utilizado como expresión de una identidad nacional estable, reconocible y controlable, las canciones de Chuck Berry, Little Richard, Elvis Presley o Bill Haley & His Comets introducen cuerpos que se mueven de otra manera, nuevas formas de deseo y una juventud que empieza a imaginar posibilidades de vida diferentes. Antes incluso que sus letras, son su ritmo, el baile y su componente sexual los que adquieren una dimensión política.

El rock representa así la amenaza de lo exterior contra un régimen obsesionado con preservar un supuesto orden interior. Toda una paradoja: esa música procede de los Estados Unidos, potencia estrechamente vinculada al Paraguay anticomunista de Stroessner, pero culturalmente transporta formas de libertad capaces de perturbar el conservadurismo social que sostiene al régimen. Esa contradicción queda personificada en Mr. Wesson, empleado homosexual de la Embajada estadounidense y aficionado al rock interpretado por Nahuel Pérez Biscayart, en una decisión de casting bastante cuestionable.

Martinessi vincula así música, sexualidad y política. Bailar, desear y escuchar determinada música pueden convertirse en actos potencialmente subversivos. Narciso resulta peligroso no porque formule un discurso político articulado, sino porque su propia existencia demuestra públicamente que es posible comportarse de otra manera.

Nocturna y con evidentes aires de cine negro, Narciso recorre estudios radiofónicos – en los que se representa oportunamente una producción de Drácula -, clubes, bares, moteles y callejones donde tienen lugar encuentros sexuales clandestinos. Martinessi evita recrearse en la sordidez porque su objetivo no es convertir esos espacios en escenarios de degradación, sino mostrar una sociedad que obliga a desplazar el deseo hacia los márgenes.

El asesinato permite finalmente que aquello que permanecía oculto salga a la superficie. El crimen se convierte en la excusa para desencadenar una operación represiva contra homosexuales, artistas, escritores y personas consideradas políticamente peligrosas. Un acontecimiento individual sirve para fabricar un enemigo interior, extender el miedo y contribuir a consolidar el régimen.

Como ocurría en Las herederas la represión vuelve a ser uno de los temas principales del film. Lo que en aquella era una represión interiorizada, cotidiana y silenciosa adquiere aquí una dimensión institucional y abiertamente violenta. Por eso la pregunta sobre quién mató a Narciso acaba siendo secundaria. Martinessi plantea otra bastante más perturbadora: qué clase de sociedad podía considerar amenazas políticas a un joven, un deseo, un cuerpo bailando o una canción. Porque en un régimen empeñado en decidir cómo deben comportarse sus ciudadanos, hasta elegir la música con la que uno quiere bailar puede convertirse en una forma de desobediencia.

Narciso

Media Flipesci:
7
Título original:
Director:
Marcelo Martinessi
Actores:
Diro Romero, Manuel Cuenca, Margarita Irún, Arturo Fleitas, Nahuel Pérez Biscayart
Fecha de estreno:
02/10/2026