Cine vivo: Un artefacto es la primera performance que se programa en el Zinemaldia en toda la historia del festival. Y qué mejor protagonista de dicho lugar inaugural que la directora argentina Albertina Carri , que ha dirigido películas como Los rubios, o Géminis, La rabia y Las hijas del fuego que estuvieron en el festival en Horizontes Latinos, Zabaltegi y en la Quincena de Cineastas de Cannes. Esta vez viene a la sección Zabaltegi con un híbrido entre cortometraje, performance y libro. Concierto y lectura compartida. Un artefacto.
La propuesta creativa está compuesta por tres niveles. Incluso podríamos hablar de cuatro. El primero de ellos es una imagen en movimiento proyectada a cámara rápida con primeros planos orgánicos. Hojas, musgo, hongos. Naturaleza.
En segundo lugar está la pista musical, mezclada en directo con sonidos emitidos por reproductores de video ya en desuso. Esta vez de la mano de la compositora malagueña Paloma Peñarrubia.
El tercer elemento es la lectura de fragmentos del libro Cine vivo (ed. Banda propia) de la propia autora, de manera espaciada, a lo largo de la performance.

Y en cuarto lugar diría que está el público, como elemento innato de la performance. A veces diálogo, otras lectura compartida, otras una canción de nana. Otras canción de despedida.
Vida y muerte. Purismo y transgresión. Reivindicación de lo natural frente a lo artificial. Lo orgánico frente al plástico. El cine como mentira, como manipulación, como pureza impostada. El montaje cinematográfico como limitante. El contraplano como fascismo. La impureza como fin, reivindicación y razón de ser. Hongos, máquinas en desuso que emiten sonidos armónicos, fragmentos de texto que se evaporan entre el público. Cine que se hace en directo, que traspasa la pantalla. Que se representa en directo. Cine vivo. Cine impuro.

La propuesta de Albertina Carri busca cómplices en la expansión de fronteras creativas. Yo ya soy una de ellas.



