Reseña de GROWTH OF THE SOIL de Hans Petter Moland
Hay un momento en Growth of the Soil en el que un reloj entra en la casa de Isak e Inger. Un reloj que, paradójicamente, sirve más para constatar el paso del tiempo que para indicar la hora exacta, porque allí, en mitad de la naturaleza y sin ninguna otra referencia horaria, poco importa si son las tres, las cuatro o las cinco. Hasta entonces el tiempo se medía de otra manera. Por la sucesión del día y la noche, por la llegada y desaparición de la nieve, por los embarazos de Inger, por el crecimiento de los animales o por la forma en la que los niños dejan progresivamente de serlo. El sonido del reloj y de su carrillón introduce algo nuevo: el intento humano de ordenar, racionalizar y pautar aquello que hasta entonces pertenecía exclusivamente a la naturaleza. No resulta extraño que su sonido termine exasperando a Isak. Porque el verdadero núcleo dramático de Growth of the Soil es precisamente la progresiva irrupción de la civilización en lo salvaje y la tensión que esa transformación provoca entre sus protagonistas.
Presentada en la Sección Oficial del Zinemaldia después de su estreno mundial en Toronto y candidata noruega para el Oscar a la mejor película internacional, Growth of the Soil (Markens grøde) es la nueva película de Hans Petter Moland y una ambiciosa adaptación de La bendición de la tierra, la novela publicada por Knut Hamsun en 1917. La historia comienza en la Noruega rural de mediados del siglo XIX. Isak (Herbert Nordrum) llega solo a un territorio prácticamente virgen, más allá de los límites del bosque, y decide instalarse allí. Después aparece Inger (Asta Kamma August), una mujer con labio leporino que acaba quedándose junto a él. Primero una tienda, después una cabaña y finalmente una granja: juntos trabajan la tierra, tienen hijos y construyen poco a poco un mundo que parece poder existir al margen de cualquier sociedad.
Moland arranca así con un extraordinario relato de supervivencia en un entorno inhóspito en el que la nieve, el frío y el viento parecen aliarse contra unos seres humanos diminutos y casi impotentes, captados por la excelente fotografía de Oskar Dahlsbakken. Con muy pocas palabras y apoyándose también en el magnífico trabajo sonoro de Gisle Tveito y la música de Kaspar Kaae, muestra los cuerpos de sus protagonistas enfrentándose físicamente a las rocas, la vegetación, la nieve y el frío. Hay algo simultáneamente épico e íntimo en esa lucha: la conquista de un territorio y, al mismo tiempo, la construcción de una pareja y una familia.

Salvo una significativa excepción, Moland mantiene además la unidad espacial. Todo cuanto vemos sucede en el territorio elegido por Isak. El tiempo avanza, los personajes envejecen, los niños crecen y el mundo se transforma, pero el espacio permanece. Pero percibimos con claridad lo que ocurre fuera de ese espacio y cómo la civilización va penetrando poco a poco en él.
También cambia el significado de la propia tierra. Inicialmente es supervivencia: se cultiva para poder comer y se trabaja para poder vivir. Después se convierte en propiedad. El mundo exterior informa a Isak de que aquel terreno que trabaja no es simplemente suyo porque haya conseguido hacerlo productivo: alguien debe poseerlo, hay que comprarlo, pagar impuestos y someterse a unas normas. Finalmente la tierra se convierte en explotación económica, porque puede contener recursos cuyo valor ya no depende del trabajo realizado sobre ella sino de un sistema económico que existe mucho más allá de los límites de la granja.
Naturaleza y civilización, individuo y Estado, trabajo y capital empiezan entonces a enfrentarse. Pero Moland evita convertir la película en una simple oda nostálgica a una existencia primitiva. La llegada de la modernidad no significa lo mismo para todos. Para Isak supone fundamentalmente una intromisión en una relación elemental con la tierra. Para Inger abre, en cambio, posibilidades que el aislamiento le negaba. Su deformidad física condiciona profundamente la percepción que tiene de sí misma, su relación con los demás y su posición dentro de ese pequeño universo, de modo que aquello que amenaza el mundo de Isak puede representar para ella una posibilidad de transformación y emancipación.

Adaptar una novela-río que abarca tantos años obliga inevitablemente a condensar. Moland y su coguionista Gard B. Eidsvold optan por una estructura episódica en la que se acumulan nacimientos, muertes, encuentros, separaciones, conflictos económicos y transformaciones sociales. Sin embargo, la utilización muy precisa de las elipsis y, ocasionalmente, del fuera de campo consigue que sus más de dos horas y media avancen con sorprendente fluidez.
Pero lo que podría parecer esquematismo y simplificación, de la mano de Moland se convierte en sugerencia y proposición abierta al espectador. Los personajes y determinadas situaciones funcionan en ocasiones más eficazmente como símbolos que como realidades complejas y Moland acumula cuestiones —naturaleza frente a civilización, Estado frente a individuo, aprendizaje natural frente a cultura, deformidad y aceptación social, propiedad, capitalismo o explotación de los recursos— sin desarrollar completamente ninguna de ellas. Pero esa acumulación impide también reducir Growth of the Soil a una celebración de la vida salvaje o, por el contrario, a una condena elemental de la modernidad.
Quizá por eso aquel reloj resulta finalmente tan revelador. Isak puede construir una casa, cultivar la tierra y transformar el paisaje, pero la llegada del reloj anuncia que también su propia existencia empieza a quedar sometida a unas estructuras creadas fuera de aquel territorio. El tiempo ya no se limita a pasar: ahora se mide. Como la tierra, que primero alimentaba, después tiene dueño y finalmente adquiere un precio. En ese tránsito desde lo natural hacia lo regulado, desde la supervivencia hacia la propiedad y desde la propiedad hacia la explotación, Moland encuentra la verdadera dimensión épica de Growth of the Soil: no tanto la historia de un hombre que conquista la naturaleza como la de un pequeño mundo que, creyéndose apartado de todo, descubre que resulta imposible permanecer para siempre fuera de la Historia.
Growth of the Soil
- Título original:
- Markens grøde
- Director:
- Hans Petter Moland
- Actores:
- Herbert Nordrum, Asta Kamma August, Gard B. Eidsvold



