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Reseña de El día de la revelación, de Steven Spielberg

Hay algo casi tranquilizador en ver a Steven Spielberg rodar una persecución. No me refiero, claro, a que uno se sienta seguro viendo coches a punto de ser convertidos en un amasijo de hierros. Lo tranquilizador es que se entiende lo que está pasando. Desde hace años, en gran parte del cine de acción, la acción se confunde con ruido, montaje histérico y CGI. Exagerando, a veces queda la sensación de que la cámara ha sido lanzada al aire para ver dónde cae. Escenas de tiroteos y persecuciones en las que no sabes bien quién dispara a quién o hacia dónde se escapan. En El día de la revelación hay una escena en la que los protagonistas quedan atrapados en un coche entre dos trenes mientras otro vehículo intenta matarlos. Con estos mimbres, otros habrían hecho una más entre tantas secuencias aparatosas. Spielberg no. Él sabe dónde está cada personaje, dónde está cada amenaza, qué espacio ocupa cada elemento y qué información necesita el espectador en cada momento. Parece más sencillo de lo que es.

De hecho, buena parte de la película podría verse sin diálogos y se entendería perfectamente qué está pasando. Eso quizá sea lo que mejor define a Spielberg como narrador. La cámara no ilustra el guion: cuenta. Los movimientos no son adornos, sino información. La acción no consiste en acumular estímulos, sino en construir suspense. Esta, desde luego, no es la revelación de la película; no estoy descubriendo nada nuevo. A estas alturas no vamos a explicar que Spielberg sabe dirigir (aunque eso ya lo hicimos antes). Sería como anunciar que John Williams sabe componer música para el cine. La cuestión es que conviene recordarlo cuando tanto blockbuster contemporáneo parece haber olvidado que el espectáculo también necesita gramática.

Una estructura de guion clásica y efectiva

El día de la revelación sigue dos líneas que, naturalmente, acabarán encontrándose. Por un lado está el personaje de Josh O’Connor, un hacker contratado por una empresa vinculada al gobierno de Estados Unidos que roba una información extremadamente delicada con la intención de sacarla a la luz. Por otro, el de Emily Blunt, una presentadora del tiempo de una pequeña cadena local que empieza a sufrir episodios extraños: visiones, idiomas que no conoce, pensamientos ajenos que se cuelan en su cabeza. Los dos sienten una llamada, una necesidad de desplazarse hacia un lugar concreto. Estamos en territorio extraterrestre, por supuesto, y la sombra de Encuentros en la tercera fase aparece desde muy pronto, aunque la película no va exactamente por ahí.

La estructura del guion de David Koepp funciona como un mecanismo bastante clásico, pero bien engrasado: dos tramas que avanzan en paralelo, dos personajes que parecen pertenecer a películas distintas y un punto de encuentro que obliga a recolocar lo que hemos visto hasta entonces. Durante buena parte del metraje, El día de la revelación parece moverse entre el thriller de conspiración, la película de fuga y el misterio casi espiritual. Luego, sin romper del todo con esa tensión, la acción va dejando paso a otra cosa. Lo importante ya no es solo quién persigue a quién o qué se esconde en esos archivos, sino qué se hace con esa información cuando deja de ser un secreto. El misterio deja de ser una pregunta argumental -qué está pasando, quién oculta qué, hacia dónde van los personajes- para convertirse en una pregunta moral: quién tiene derecho a guardar una verdad así y qué responsabilidad implica revelarla. No es una estructura especialmente revolucionaria, pero sí muy eficaz. Y está muy bien conducida.

Viejas obsesiones, nuevas visiones

En realidad, El día de la revelación funciona casi como una secuela espiritual de Encuentros en la tercera fase. No porque continúe aquella historia, sino porque parece preguntarse qué queda hoy de aquella fe en el asombro. En 1977, Spielberg filmaba a unos personajes que miraban hacia arriba, con esperanza. Ahora, medio siglo después, los personajes miran al frente, a lo que les rodea, con miedo. El mundo ha cambiado mucho en estas cinco décadas.

Realmente, El día de la revelación no es una película sobre una invasión, ni siquiera sobre el contacto con una civilización superior. Es una película sobre qué hacemos con la verdad. Sobre quién decide lo que la humanidad está preparada para saber y quién se arroga el derecho a protegernos de nosotros mismos. Ahí aparece el Spielberg más reciente, el que ya no utiliza el cine de aventuras solo como maquinaria de entretenimiento, sino como una forma de pensar el presente. Hay algo de Los papeles del Pentágono, por esa fe casi inquebrantable en la prensa, la información y la verdad como herramientas democráticas. Hay algo de El puente de los espías, porque durante buena parte del metraje esto es, básicamente, una película de espías, con huidas, secretos, intermediarios y gente que sabe más de lo que dice. Y todo eso está pasado por el tono de acción, paranoia tecnológica y discurso moral de Minority Report. Spielberg no está repitiéndose, pero sí parece ordenar varias de sus obsesiones recientes en una película de ciencia ficción que mira tanto al cielo como a las cloacas del poder.

El Spielberg de sus comienzos miraba al gobierno y a las instituciones con desconfianza: eran torpes, ocultaban información o llegaban tarde. Con los años, su cine ha ido incorporando una carga política más clara, más verbalizada y más consciente. A veces para desconfiar del poder, otras para pensar cómo las instituciones pueden corregir injusticias, y casi siempre para preguntarse qué valores merece la pena defender cuando todo se tambalea.

Una película humanista

Aquí esos valores están muy claros: la información debe pertenecer a la gente y la empatía es una forma de supervivencia. Puede sonar ingenuo. Incluso naïf, si queremos ponernos finos. La película cree que la humanidad puede estar a la altura de una revelación imposible, que los seres humanos no estamos condenados a responder siempre con miedo, odio o violencia. En un mundo tan satisfecho de su propio cinismo, esa mirada se agradece. Quizá para construir un mundo mejor hay que empezar a pensar que somos capaces de construir un mundo mejor. Quizá me ha quedado una frase para taza, lo reconozco, pero de verdad que agradezco que una película de este tamaño se atreva a defender algo parecido sin pedir perdón por ello.

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En ese sentido, El día de la revelación encaja con películas como Proyecto Salvación o la última entrega de Superman. Películas que, siendo muy distintas entre sí, parecen decir que hay ciertos valores que no deberían estar en discusión: ayudar al otro, escuchar, compartir conocimiento, no rendirse al sálvese quien pueda. Puede que no sea lo más sofisticado del mundo, pero tampoco está mal que alguien lo diga de vez en cuando. Sobre todo cuando el discurso dominante, dentro y fuera del cine, parece empeñado en convencernos de que la única postura adulta es asumir que todo está perdido y que cualquier gesto de bondad es una cursilada.

Un Spielberg menor, pero muy disfrutable

Eso no significa que la película funcione siempre con la misma precisión. El guion de David Koepp es ágil, sabe mover la acción y deja respirar a los personajes, pero también tiende a subrayar demasiado algunas ideas. La parte más discursiva pesa por momentos y algunos personajes secundarios quedan más cerca de la función narrativa que de la verdadera complejidad. Colin Firth, por ejemplo, tiene presencia y dota de entidad al antagonista, pero el personaje aparece demasiado marcado desde el principio. No es un villano de dibujos animados, pero a veces la película lo empuja hacia una zona demasiado evidente. También hay algunas resoluciones de situaciones que se acercan peligrosamente al Deus Ex Machina

También hay problemas visuales. Janusz Kaminski es parte fundamental del cine de Spielberg desde hace décadas, y aquí vuelve a ofrecer imágenes poderosas, movimientos fluidos y esa cualidad casi líquida que tienen muchas de sus composiciones. Pero también abusa de los lens flares –J. J. Abrams no estará de acuerdo conmigo- y de una iluminación mesiánica que tiñe de cursilería demasiados momentos. Está bien que algunas revelaciones tengan un tono casi religioso; la propia película lo pide. Otra cosa es que cada rayo de luz parezca venir acompañado de un coro celestial. Algo parecido ocurre con algunos efectos digitales, que tienen un aire demasiado bonito, más de cuento infantil que realista. Pueden tener sentido dentro de la lógica de la película -sin entrar en spoilers, son literalmente imágenes para tranquilizar a niños-, pero la verdad es que no funcionan demasiado bien.

La música de John Williams, como era de esperar, sostiene muy bien el tono. Acompaña, sabe cuándo contenerse y cuándo dejar que la emoción crezca. No es uno de esos trabajos incontestables e inmediatos del grandísimo compositor, pero cumple con una eficacia admirable. Que Williams siga aportando esa calidez a las imágenes de Spielberg tiene algo de continuidad emocional, de viejo pacto entre dos artistas que conocen perfectamente los resortes del cine popular.

El día de la revelación es una película muy disfrutable. Es cierto que está muy lejos de las grandes películas de Spielberg. También es cierto que eso le pasa a casi todas las películas que se estrenan. Pero tiene muchas cosas a las que agarrarse. Tiene grandes secuencias de acción, dos protagonistas que funcionan, momentos de asombro genuino y una idea humanista que atraviesa toda la película sin cinismo. A veces se pasa de solemne, a veces se pone demasiado bonita, a veces explica más de lo necesario. Pero también tiene confianza en el cine como espectáculo narrativo y confianza en el ser humano como algo más que una especie empeñada en destruirse. Puede que sea ingenuo, pero me gusta creer que es lo que necesitamos escuchar.

P.D. Qué les costaría a Koepp y Spielberg enterarse de qué es el Espacio Schengen y evitar que se dijeran en la película cosas como “Europa ha activado el código Schengen” en lugar de “ha anulado el Espacio Schengen”.

El día de la revelación

Media Flipesci:
6.7
Título original:
Disclosure Day
Director:
Steven Spielberg
Actores:
Emily Blunt, Josh O'Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo
Fecha de estreno:
12/06/2026