Una de las películas que se presentan esta 74 edición del Zinemaldia en la sección New Directors es la ópera prima de la directora alemana Naëmi Ada, que tras formarse en cine en la Academia de Cine de Berlín (dffb) y en danza contemporánea, ha dirigido varios cortometrajes (Nirgendwo, vielleicht auch hier, No Words, Only the Sea ), alguno seleccionado en Sundance (A Way Around Introspection ), y algunas obras experimentales como Memories of What Became a Desert o Damaged Lemons. Body of Glass es su primer largometraje.
La película acompaña a Tian, una joven bailarina de origen alemán asentada en Marsella, mientras transita por el sufrimiento, trauma, desconcierto y soledad que supone su relación sentimental tóxica, de dependendencia, sumisión y maltrato con su pareja sentimental, Felix, el bailarín «principal» de la compañía de danza contemporánea en la que ambos trabajan. Dueño de la casa en la que viven, fagocitador del círculo de amigos de ambos y agresor, psicológica y físicamente, de Tian en la privacidad de su casa.
Esa realidad se ve pronto retada a transformarse en la mirada del espectador como consecuencia de una pelea física -iniciada por Felix, claro-, en la que ambos salen dañados físicamente del forcejeo, pero ella aprovecha la ventaja de cierta dependencia física de Felix después de dicho episodio para afligir violencia sobre él.
Desde ese momento, lo que se mostraba como una situación típica – de «laboratorio»- de violencia machista va tiñéndose de grises, tremendamente interesantes y retadores para el espectador. La imagen típica de víctima impoluta se va transformando en una víctima compleja, imperfecta, a veces difícil de entender y de empatizar con ella. Es decir, la directora nos va dibujando una víctima tan imperfecta como real. Retando al espectador, a la opinión pública, en ese camino.
¿Que ella infrinja dolor a quien le haya causado dolor hace que anulemos su dolor original?
¿Ese hecho le deslegitima como víctima?
¿Pasa exclusiva y directamente a ser verdugo?
Como hace cosas que no entendemos, que están fuera de lo entendemos por normal, ¿eso sólo quiere decir que está loca?
¿»Está loca» y por lo tanto nada de lo que diga o sienta importa?
Tian – interpretada por una estupenda Soma Pysall- transita este camino sobre todo intentando sobrevivir. No sabe quién es. Su pareja tiene una posición predominante de jerarquía en su ámbito profesional que se contagia al ámbito personal en dicho círculo. Intenta pedir ayuda, pero esa ayuda no siempre sabe ayudar, no siempre es libre de hacerlo porque la otra parte también es su amigo y, sobre todo, una especie de «superior jerárquico».
Está perdida, no sabe quién es, a dónde pertenece, no tiene un círculo de seguridad, por lo que de manera fortuita empieza a fingir pertenecer a otro. Eso que se puede englobar en lo que llaman «impostores patológicos», pero también se puede definir como un intento, posiblemente no perfecto – ¿pero cuál lo es-, de intentar sobrevivir. De intentar tener un círculo de seguridad. De tener una amiga. Y lo cierto es que lo consigue.
Es, francamente, y a pesar de tener un origen impostado, la relación más sana, sincera y comprometida que tiene. Aquella que cuando todos se encuentran emitiendo juicios de valor contra ella, o directamente haciendo caso omiso «porque está loca» – como ocurre con su madre ausente -, le tiende la mano de verdad. Una mano difícil de tender, esa mano que sólo te tiende una persona que te quiere de verdad y a pesar de todo el ruido de fondo.
A pesar de que mucha parte de la opinión pública se haya quedado estancada en la impostura del origen del vínculo, es esa amistad real que se ha ido fraguando poco a poco en los últimos tiempos la que le salva del abismo.
Y es que Body of glass hace daño, es incómoda en muchos aspectos – incluso cuando pone en la disyuntiva de decidir si cae o no en lo ridículo-, pero sobre todo es un canto de esperanza y luz.

Todo ello acompañado de una muy interesante propuesta por la corporalidad para contar las diferentes fases por las que transita la protagonista, utilizando la premisa de su condición de bailarina de danza contemporánea. La confianza en el grupo y en tus compañeros en la coreografía acrobática. El estar presente y fluir en los movimientos. No tener las herramientas para hacerlo por falta de confianza, por dejar de ser ese espacio de seguridad que necesita el movimiento acrobático en una coreografía colectiva. Una corporalidad que cambia de coordinada, respetuosa y fluida en los ensayos públicos, a los movimientos coreográficos violentos en la cama del domicilio privado.
Body of glass no es redonda, quizá se pierde por momentos. Como la protagonista. Pero hace algo tan difícil como interesante: La película hace que el espectador camine por el recorrido de una víctima tras haber sufrido un hecho traumático. Cómo se enfrenta a su propia confusión y desorientación, pero sobre todo cómo se enfrenta a las expectativas que la sociedad crea para ella. No es la víctima perfecta, es una víctima real.



