‘Los miserables’: tres horas a toda prisa

5.5

Reseña de Los Miserables, de Fred Cavayé

Jean Valjean roba una hogaza de pan y acaba pasando diecinueve años en prisión. Cuando sale, descubre que haber cumplido la condena no significa que la sociedad esté dispuesta a dejarle empezar de nuevo. Con semejante punto de partida, Victor Hugo no necesita que nadie actualice Los miserables para que siga hablando del presente. Fred Cavayé se aprovecha de eso aunque, imagina que para llegar al gran público- lo hace convirtiendo Los Miserables en una película llena de acción y con un reparto de esos que ocupan medio cartel.

La intención no sorprende demasiado. Cavayé viene de rodar thrillers como Cuenta atrás y Mea culpa y ya explicaba al presentar esta última que le interesaba combinar persecuciones con personajes capaces de emocionarnos. Ahora pone a correr a Valjean por la Francia del siglo XIX. Hay peleas, huidas, fusilamientos y barricadas; por momentos, esto parece un western moderno y, en otros, una de esas películas de Liam Neeson que ya forman un género por sí solas. A Vincent Lindon, desde luego, no le falta presencia física.

Y hay que reconocer que la película tiene ritmo. La historia avanza, los giros funcionan -llevan más de siglo y medio haciéndolo- y las casi tres horas pasan con más facilidad de la que uno podría esperar. El problema es que Los miserables dura 178 minutos y aun así parece ir con prisa. Cavayé comprime casi cuarenta años, un montón de personajes, cambios políticos y relaciones que deberían dejar alguna huella más profunda. Apenas terminamos de situarnos en un conflicto cuando ya estamos en el siguiente. La acción ayuda a que no decaiga el interés, pero también va ocupando el espacio que necesitaban esas vidas para desarrollarse.

Le ocurre especialmente a la relación entre Valjean y Javert. Uno representa la bondad, el sacrificio y la posibilidad de redimirse; el otro, la persecución y el castigo. En la novela de Hugo había contradicciones suficientes para que esa oposición resultase mucho más incómoda. Aquí queda demasiado cerca de un enfrentamiento entre el bueno y el malo. Tahar Rahim contó antes del estreno que había trabajado el pasado de Javert para hacerlo menos binario. Es una pena que ese trabajo apenas se perciba en la película: su inspector resulta más arquetípico que feroz, y está bastante por debajo de lo que sabemos que Rahim puede ofrecer.

Lindon sostiene a Valjean con solemnidad y dignidad, aunque tampoco puede hacer mucho para devolverle los matices que el guion le va quitando. Y alrededor hay intérpretes a los que apetecería ver bastante más. Noémie Merlant es Fantine; Camille Cottin y Benjamin Lavernhe interpretan a los Thénardier. Todos cumplen, pero sus personajes aparecen y desaparecen al servicio de una historia que tiene demasiadas cosas que contar. Es una de esas películas en las que uno reconoce a un gran actor y enseguida sospecha que no van a dejarle tiempo para hacer gran cosa.

Tampoco ayuda una puesta en escena con más oficio que personalidad. Todo está pulido, iluminado con una claridad que apenas deja rincones oscuros y fotografiado con una corrección muy caligrafiada. La música se encarga de recordarnos constantemente cuándo algo es importante, cuándo toca indignarse y cuándo emocionarse. Podría ser una miniserie de televisión o una gran producción de plataforma, de esas que tienen dinero para decorados y vestuario pero parecen temer que se nos escape alguna idea si no la subrayan. Se reconoce esa línea reciente del cine francés que ha vuelto a sus clásicos con películas como Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo. 

Porque la pobreza, el castigo y la injusticia siguen ahí, y no cuesta nada relacionarlos con lo que ocurre fuera del cine. Cavayé tampoco permite que se nos pase por alto. Algunos diálogos explican con demasiado énfasis lo que ya hemos visto, y ciertas consignas parecen escritas para que asintamos con la cabeza antes de volver a la siguiente persecución. Pero esta historia sobre la gente aplastada por las diferencias de clase termina concediendo más tiempo a las escenas de acción que a muchas de esas personas.

Hay, además, una decisión final que me resulta especialmente extraña. El musical suavizaba el desenlace de la novela y daba a algunos villanos un tono más cómico. Cavayé evita esto último, pero va todavía más lejos con lo primero. Después de una película bastante árida y seca, el cierre de Valjean busca una catarsis que no parece pertenecer al mismo relato.

Como decíamos, es fácil que la película entretenga a la mayor parte del público, Victor Hugo ya se encargó de llenar el camino de encuentros y giros difíciles de estropear. Pero de una película que compite por la Concha de Oro espero algo más que pasar casi tres horas corriendo detrás de Jean Valjean. 

Los miserables

Media Flipesci:
5.9
Título original:
Director:
Fred Cavayé
Actores:
Vincent Lindon, Tahar Rahim, Camille Cottin, Noémie Merlant, Benjamin Lavernhe
Fecha de estreno:
06/11/2026