6.5

Reseña de Glaxo, de Benjamín Naishtat

En 1984, dos antiguos amigos se sientan en un cine a ver Terminator. Hablan de viajes en el tiempo, de volver atrás y cambiar lo que ocurrió. Benjamín Naishtat puede hacer lo primero con Glaxo: regresar a 1957 para mostrarnos lo que aquellos hombres llevan décadas intentando dejar atrás. Cambiarlo es otra cosa.

Naishtat adapta la novela breve que Hernán Ronsino publicó en 2009, construida a partir de cuatro voces que van recomponiendo una traición. La película conserva los saltos entre épocas, aunque prefiere que sigamos de cerca a los personajes antes que convertir el relato en un rompecabezas. Tras estrenarse en Toronto, ha llegado a la Sección Oficial del Zinemaldia, donde Naishtat presenta este año también, junto a María Alché, el documental Pedro en el país.

En Chivilcoy, cuatro amigos adolescentes pasan buena parte del tiempo juntos hasta que llegan Ramón Folcada, un antiguo comisario, y su mujer, Miranda. Los muchachos se sienten atraídos por ella; Folcada, en cambio, sabe que puede hacerse obedecer sin necesidad de dar demasiadas explicaciones. En un pueblo donde una fábrica llamada Glaxo condiciona las posibilidades de encontrar trabajo, un favor puede pesar casi tanto como una amenaza. El deseo, el miedo y la lealtad empiezan a mezclarse, y lo que sucede entonces sigue afectando a los cuatro muchos años después.

La película funciona muy bien cuando observa cómo cambia esa amistad. Hay algo de relato de iniciación en los jóvenes que creen conocerse y todavía no saben lo que serán capaces de hacer cuando tengan que elegir entre proteger a un amigo y protegerse a sí mismos. Naishtat dosifica la información con bastante habilidad: sabemos que en 1984 hay cuentas pendientes, pero deja que descubramos de dónde vienen sin perder el interés por lo que les ocurría cuando aún estaban juntos. El aire de cine negro le sienta bien a una historia en la que todos acaban guardando algo.

También hay mucho cuidado en la forma de contarla. El prólogo de 1956 tiene una textura más áspera; la juventud de los protagonistas se acerca al melodrama, y los encuentros de 1984 tienen el aspecto sombrío de una película negra. La fotografía de Pedro Sotero ayuda a distinguir los tiempos sin que los cambios parezcan un mero código para orientarnos. Naishtat sabe detenerse en una mirada o en la distancia entre dos personajes antes de que una conversación confirme lo que ya empezábamos a sospechar. La película está muy bien rodada y mantiene el ritmo incluso cuando se toma tiempo para disfrutar de sus imágenes.

El reparto sostiene buena parte de ese interés. Después de verlo como el profesor inseguro de Puan, impresiona encontrarse a Marcelo Subiotto convertido en Folcada. Apenas necesita levantar la voz para que notemos el peligro. Esteban Bigliardi deja ver en el Vardemann adulto el peso de los años que la película nos va a contar. Lali Espósito, por su parte, consigue que Miranda tenga presencia cada vez que aparece, aunque aquí está la primera de las limitaciones del guion: sabemos mucho de lo que los hombres desean de ella y bastante menos de lo que quiere ella misma. La tradición de la mujer fatal le da un lugar en la historia, pero también la deja encerrada en él.

Mi mayor reserva está en la relación entre esa historia íntima y la política. Naishtat ha explicado que la novela le permitió volver a Operación Masacre, la investigación de Rodolfo Walsh sobre los fusilamientos de José León Suárez de 1956, y mirar una violencia anterior a la dictadura de los setenta. El pasado de Folcada establece esa conexión, pero no termino de sentir que transforme el relato tanto como debería. Si solo supiéramos que fue un policía capaz de intimidar y repartir favores, buena parte de lo que ocurre entre los amigos seguiría funcionando igual. Su participación en la represión añade gravedad al personaje, aunque por momentos parece un dato colocado detrás de él en vez de algo que impregne la vida del pueblo.

En Rojo, la corrupción y la violencia política estaban en las conversaciones, en los silencios y en la tranquilidad con que una comunidad aprendía a mirar hacia otro lado. Aquí aparecen con fuerza en el prólogo, pero luego el melodrama juvenil y la tragedia romántica siguen a menudo su propio camino. Son tramos que me interesan y que Naishtat dirige con oficio; lo que no siempre me convence es el paso de uno a otro. La película quiere que la traición entre amigos nos hable también de la historia argentina, pero esa relación resulta más clara como intención que como experiencia mientras la vemos.

Glaxo

Media Flipesci:
6.3
Título original:
Director:
Benjamín Naishtat
Actores:
Lali Espósito, Marcelo Subiotto, Esteban Lamothe, Joaquín Bonadeo, Manu Fanego