Mientras veía Club Kid, el primer largo de Jordan Firstman, podía disfrutar de algunas de sus virtudes. Esa imagen tan cool de la noche loca neoyorquina, el desfase, las drogas, la electrónica. Las gotitas de humor. Una historia aparentemente tierna con un protagonista simpático y un niño adorable. Asumí que las veces en las que torcí el gesto se debía al desagrado de un exceso de concesiones para conseguir el aplauso del público. La típica película indie-mainstream que se celebra mucho durante un tiempo y después va quedando en su lugar. No pasa nada. Un caramelito. Pero según pasaban las horas, me he ido dando cuenta de que estaba torciendo el gesto por algo más importante y que ese caramelito estaba envenenado.
El tema de Club Kid ya es casi un subgénero: la persona que lleva una vida inadecuada para criar a un niño pero se ve obligado a ello. Desde la obvia Tres solteros y un biberón -y su correspondiente original francesa- donde tres hombretones ochenteros se tienen que dedicar a cambiar pañales, hasta Baby, tú vales mucho, en la que la moderna ejecutiva Diane Keaton tiene que pausar su carrera en los rascacielos de la época para asumir el papel de madre. Otro ejemplo conocido es el irresponsable Adam Sandler que se hace cargo de un crío en Un papá genial. Cada una es un ejemplo poco disimulado de como en la vida cotidiana la aparición de un hijo impacta contra diferentes cuestiones: el heteropatriarcado, la conciliación de la mujer y la inmadurez. En el caso de Club Kid, nos habla de una generación que alarga cada vez más la vida nocturna, la diversión, el ocio; y cómo todo eso es un choque cuando llega la paternidad.
Club Kid, ya lo he comentado, busca desesperadamente complacer a todo el mundo. Como el personaje protagonista que tiene falta de autoestima y dedica su existencia a gustar. Esto ya es para ponerse en guardia, el problema es lo tóxico que es su comportamiento, una toxicidad que no está relacionada con la ketamina ni con el sexo. Se debe más a ese egoísmo ensimismado e inmaduro tan propio de cierto cine indie americano.
Al protagonista le entregan un niño de 10 años, su hijo biológico del que él no tenía noticia. Ese niño, como se explica entre bromas, viene de un hogar terriblemente desestructurado, con una madre drogadicta que ha entrado y salido de centros de rehabilitación hasta que finalmente ha decidido suicidarse. Por otro lado, un padrastro maltratador. Un niño que llega de esas circunstancias tiene que ser, indudablemente, carne de psicólogo. Va a necesitar muchísima paciencia y afecto, e incluso así probablemente tendrá dificultades para tener una buena vida. Pero claro, todo eso es una bajona, aquí hemos venido a divertirnos, no nos va a estropear la fiesta un niño jodido. El hedonismo del cine indie muchas veces recuerda a los personajes de La playa de Danny Boyle, que son muy modernos pero no quieren que les molesten cuando tienen una persona sufriendo en el grupo. ¿Solución? El niño es adorable, maduro, formal, inteligente, monísimo. Acepta inmediatamente al padre, nada de una natural desconfianza después de lo que ha vivido, eso molestaría. De vez en cuando el padre comenta a las visitas que nadie mencione a la madre, porque oye, es buen tío y se preocupa. Por lo demás, la única referencia a que ese niño puede estar roto es un fugaz arrebato de ira contra un niño que ni vemos, y que sirve principalmente para que el protagonista se pueda follar a su psicólogo que también es un sueño de hombre.
Un niño que es tan guay, al que le gustan Cocteau Twins y Massive Attack, porque su madre drogadicta en el fondo era muy enrollada. Ese crío es el equivalente al personaje de Summer en 500 días juntos, a quien le gustaban Hopper y Magritte y por eso hay que enamorarse de ella, por eso y porque era guapísima. Una idealización, en definitiva. Al menos, en aquella película esto se le echaba en cara al protagonista. Un sentimiento egoísta en el que la otra parte es lo más importante en tu vida pero al mismo tiempo, no te importa nada. Como la IA de Her. Como el amor del nice guy de Obsession, que será lo que él quiera que sea. Un objeto de su propiedad. Un objeto precioso, eso sí. El personaje de Club Kid es el nice guy de la paternidad. Menos mal que el chaval no le ha dicho que le gusta el fútbol porque lo mismo le manda de vuelta a Londres.
Se podría pensar que la película hay una crítica a todo eso pero me temo que su carga de profundidad está mucho más vacía. Todo va de lo que el padre debe aprender. Dejar de drogarse (qué poco cuesta en esta película, ¿eh?), volverse legal, estudiar como Adam Sandler al final de Un papá genial. Tener pareja estable. Sentar la cabeza. Porque no hay nada más conservador que los modernos del indie americano. En cuanto a tener empatía hacia su hijo y tratarlo como una persona y no como una prolongación de sus hobbies, de eso no se comenta nada. Lo más grave es el emotivo discursito final en el juicio, destinado a la lagrimita traicionera. Una exaltación del yo, un himno al egocentrismo. ¿A quién narices le importan tus problemas de autoestima y si el niño te hace bien o no? Lo único que se está dirimiendo ahí es el bienestar del menor. Me parece lo de menos si vende droga o no.
Que quede claro, yo no estoy pidiendo un dramón lacrimógeno. Se puede combinar un estilo desenfadado y algo incorrecto con una empatía sincera. El mejor ejemplo de esto es un director que sospecho que estaba en la cabeza de Firstman al rodar esta película: Sean Baker. Con talento se pueden contar historia de drogas y desenfreno, con gracia y desparpajo, sin ocultar el dolor y la cruda realidad que hay detrás. Con talento digo, claro, es que Sean Baker es muy bueno. Pienso también en la última película de Mike Leigh, Tender Loving Care, que hemos visto en la sección oficial este año. Siendo otro estilo, también tiene un tono positivo y alegre aunque esté contando miserias. Pero claro, Leigh tiene muchísimo talento y empatía.
Me pasó con Juno, otro atentado del cine indie, que en su momento me gustó, porque era otro caramelito, y con los años me he ido dando cuenta de lo tóxico que era su hedonismo. Ahora me ha costado menos, unas horas, entender lo que intuitivamente me estaba molestando. Es verdad que esta no tiene, como aquella, propaganda de algo tan detestable como el vientre de alquiler, pero la actitud egoísta camuflada de afecto moderno, es la misma. Eso sí, muy cool Brooklyn, buen montaje, sugerente fotografía, un reparto fresco y buena música. Pero mejor no pensar en ella.
Club Kid
- Título original:
- Director:
- Jordan Firstman
- Actores:
- Jordan Firstman, Cara Delevingne, Diego Calva, Reggie Absolom, Kirby Howell-Baptiste
- Fecha de estreno:
- 04/12/2026



