En Cercanía, un relato de ciencia ficción de Greg Egan, una pareja se somete a un tratamiento experimental que le permite vivir compartiendo la mente un tiempo. La memoria, la estructura de los pensamientos, todo. La idea es que quieren saber exactamente lo que significa ver el mundo a través de los ojos del otro, motivado por la soledad que siente él al no ser capaz de tener ese vínculo con ella. Con el otro. El resultado es que llegan a experimentar tan en primera persona lo que es ser el otro que ya no sienten que sean diferentes personas, no queda nada del otro por conocer y por tanto, esta vez a ambos de manera colectiva, les invade la soledad. Ya no se sienten acompañados porque no son dos, son uno.
Salvando las distancias de la ciencia ficción, y con una narrativa mucho más instintiva, Werner Herzog nos cuenta algo muy parecido. Dos hermanas que hablan a la vez o se completan las frases. Ellas llegan a verbalizarlo más de una vez: “no estamos solas pero nuestros corazones sí”. Se refieren al desamor pero también es significativo que esta soledad que les oprime no se soluciona con el hecho de estar siempre juntas, porque ninguna de ellas es el otro para la otra. Hay una sola identidad, un individuo lógico en un colectivo físico. Sus conversaciones suponen siempre un monólogo. No entienden la otredad, como tampoco se la aceptan a sus amados, no entienden el concepto de correspondencia del amor, solo hay un amor unidireccional. Al no comprender la otredad, su relación con la sociedad se vuelve problemática, imposible.
Herzog plantea esta historia -que como comenta mi compañero Carlos, nace de una unas gemelas que conoció el director allá por los años 80. Una fantasía ingenua que le sirve para hablar de conceptos más que de personajes. Por eso no tiene interés en justificar de dónde viene esta particularidad que tienen las hermanas, aunque ya digo, tenga una cierta inspiración en un caso más o menos real. No sabemos qué les ha llevado a ser así pero sí vemos claramente cómo van a luchar por mantener esa identidad colectiva que les caracteriza. Ante el trabajador social que quiere redefinir sus personalidades a partir de su funcionalidad operativa (abrir una caja de sardinas, poder hacer cosas). Ellas se resisten a ser productivas. O cuando el obrero interesado en ellas le corta la coleta a una para distinguirla, definiéndolas así por su aspecto físico, por su interés puramente sexual. Aquí ellas toman la decisión de igualarse, como lo hacía los magos gemelos de El truco final, dejando claro que su uniformidad forma parte de un plan, no solo de alguna extrañeza biológica o síndrome adquirido. Son ellas quienes deciden vestirse igual y llevar el mismo peinado. Y como en la película de Nolan, nos hace plantearnos cuánto de la identidad individual viene definida por los actos, hasta qué punto están forjando una o dos personalidades.
En una deriva algo dispersa que comprendo que sea rechazada por algunos espectadores, Herzog habla también de algunas de sus obsesiones. Como cuando dedican todos sus esfuerzos a horadar la roca para llegar a un imposible. “¿No sería más fácil ir en barco?” dice una de ellas, y es inevitable recordar el barco de Fitzcarraldo subiendo la montaña. Aquí la montaña se trabaja como un túnel. En ambos casos, para Herzog, lo importante es la necesidad del ser humano de esforzarse, de ir más allá, valorando el proceso y despreciando las acciones resultadistas (como abrir la lata de anchoas). Eso ha sido su cine, eso ha sido su vida, y de eso nos vuelve a hablar. También es un túnel por el que escapar de los corsés sociales de un sistema que no entienden y que no las entiende. Escapar de ese esquema capitalista y patriarcal que solo les da un lugar cómo objetos, de deseo o funcionales. Una sociedad de cazadores -por supuesto, hombres- que aniquilan la belleza por objetivos prácticos.
Una escapada que llega a un lugar de pura belleza. Como en La cueva de los sueños olvidados, Herzog nos regala la magia de la naturaleza recóndita, con imágenes evocadoras como las de sus documentales. Un lugar físico a modo de lugar de la mente. Algo maravilloso que de nuevo, la sociedad es capaz de clasificar, regularizar y monetizar.
Bucking Fastard
- Título original:
- Director:
- Werner Herzog
- Actores:
- Kate Mara, Rooney Mara, Hugh O'Conor, Simon Delaney, Terry McMahon



