Reseña de Coward, de Lukas Dhont
A Lukas Dhont siempre le han interesado las identidades en construcción, los cuerpos observados por los demás y las masculi...
Na Hong-jin vuelve diez años después de The Wailing con Hope, una anomalía dentro de la competición oficial de Cannes: una superproducción coreana de monstruos, alienígenas, acción desquiciada y humor negrísimo. Una película enorme, irregular y a ratos agotadora, pero también llena de energía, nervio y ganas de sacudir una alfombra festivalera demasiado acostumbrada al prestigio bien peinado.
Reseña de La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi
El ascenso de Los Javis
Durante años, Javier Calvo y Javier Ambrossi han construido una carrer...
Dominga Sotomayor adapta La perra, de Pilar Quintana, trasladando la historia al sur de Chile para construir una película áspera, seca y muy sensorial sobre una mujer atrapada en sus heridas y una perra que, por suerte, no viene a curarlas. Una obra desigual en su tramo final, pero muy poderosa cuando entiende que Yuri no es un símbolo domesticado, sino un animal libre.
Bruno Santamaría Razo debuta en la ficción con Seis meses en el edificio rosa con azul, una película íntima y luminosa sobre una familia enfrentada al diagnóstico de sida del padre en el México de los 90. Un relato de memoria, ficción y testimonio donde el miedo, el deseo, el estigma y la alegría conviven dentro de la misma casa.
Andréi Zviáguintsev vuelve a Cannes con Minotaur, una adaptación libre de La mujer infiel de Claude Chabrol convertida en un thriller seco, frío y político. Una película sobre un marido, un empresario y un país dispuestos a sacrificar a otros para que nada cambie demasiado.
Cristian Mungiu traslada su mirada de Rumanía a Noruega en Fjord, un drama familiar y burocrático sobre fe, Estado, xenofobia limpia y relatos interesados. Una película incómoda, seca y muy sólida, donde nadie parece tener toda la razón y hasta los milagros esconden truco.
*Sheep in the Box* lleva a **Hirokazu Kore-eda** al terreno de la ciencia ficción, pero solo en apariencia. La historia de unos padres que aceptan convivir con una réplica androide de su hijo muerto podría haber derivado en grandes dilemas sobre la inteligencia artificial, pero al director japonés le interesa otra cosa: el duelo, la culpa y la necesidad de seguir amando incluso aquello que sabemos incompleto. Una película bonita, delicada e irregular, más sólida cuando habla de la familia y la ausencia que cuando intenta abrir la puerta del género fantástico.
L’Inconnue, la nueva película de Arthur Harari, parte de una premisa brillante: convertir el intercambio de cuerpos en un thriller psicológico sobre la identidad, el deseo y la culpa. Pero lo que sobre el papel prometía ser una perturbadora reflexión sobre vivir atrapado fuera de uno mismo acaba perdiéndose en un laberinto de símbolos insistentes, música molesta y falsos finales. Una oportunidad desaprovechada, aunque sostenida por su reparto y por una subtrama filial mucho más poderosa que la película que la rodea.
En Garance, Jeanne Herry sigue durante ocho años a una actriz que convive con el alcoholismo funcional. Una película irregular, pero sostenida por una gran Adèle Exarchopoulos, que convierte el carisma, el cansancio y la fragilidad de su personaje en el verdadero centro del relato.